29 de junio de 2013

Cierre

Debo aclarar que este relato lo escribí el 10 de junio.

Hoy llegué a casa. Colgué la campera, guardé la cartera y las alpargatas y abrí todas las cortinas. Me hice un café, prendí el primer cigarrillo del día y me senté. Mi hijo no estaba y como viene pasando desde hace tiempo, sentí que el techo me pesaba. Se llenó de pensamientos la cocina, y yo de sensaciones encontradas.
Levanté la vista, hasta ese momento incrustada, y vi que un vacío muerto, mantenido hasta el último suspiro y arrastrado sin sentido por mi cuerpo, se dibujó en el aire, trazo a trazo hasta hacerse prístino.
Seguí mirando y sintiendo, latiendo cada rincón, y lo mismo se me mostró.
Logré al fin entender el ahogo, las lágrimas, la desesperación, el maldito frío, el gris eterno, la melodía desentonada, la incomodidad de no poder respirar, el desgano de mis tacos, el agua revuelta y el dolor constante, inmisericorde y amargo, de la paciencia.
Sé que rumiar es un desgaste, pero cerrar me lleva tiempo. Son mis tripas las que deciden que es momento de patear el tablero, son ellas las que me dan la fuerza y me dicen con certeza que es momento de barrer con todo y hacerle jaque a la reina.

Hoy, a casi veinte días de haber escrito esto, agrego que lo que sigue es desconocido y distinto, y que lo que vislumbré esa mañana, sentada en la cocina de mi casa, no fue ni remotamente un delirio mío

fue oxígeno


18 de junio de 2013

Punto cero

Hoy no estoy inspirada pero la página en blanco me llama. Mis dedos quietos están haciendo un esfuerzo de mala gana y adentro mi alma está sentada, suspirando y desenterrando volutas inconclusas mientras la orquesta no suena, porque no han llegado a un acuerdo las corcheas.
El segundo cigarrillo, acodado en el cenicero, fuma pitadas de “te espero” y el café viene caminando lento, como dándome rodeos.
La orden sigue sin llegar de mi centro, pero debe ser por el desorden que tengo adentro, quiero creer que es por eso que a mis dedos les huelga el movimiento.
Ahora no hay ruidos, todo es puro silencio, tal parece que mi mente estacionó en la banquina y se bajaron todos los pensamientos…
Creo que voy a destiempo, abducida por la inercia del “yendo”, patinando en el hielo, charlando con nadie, caminando suelo yermo.

16 de junio de 2013

Ilación desunida

Sentada, piernas cruzadas, café, cigarrillo, sol, frío, ojos pintados, sin anillos, pelo recogido, varios relatos leídos y ninguno concluido.
Trato de unirlos pero están como yo, desparramados, desenganchados, separados y flotando en un vicioso hastío mareado.
Cada vez que los leo, los veo como un rompecabezas sin principio ni final, todas las ideas están mezcladas y cuando quiero armarlas y veo que es un trabajo tan grande, meto todo de vuelta en la caja y la vuelvo a guardar, con la obvia y absurda excusa de que tal vez mañana o algún día quizás…
De todo lo que tengo sin terminar y con todas las historias de mi vida que no logro cerrar se me ocurre que podría hacer un alocado libro, pondría las páginas en cualquier lugar, con la última haría la tapa y a todas las dejaría sin numerar. Le pediría a la imprenta que dejara las hojas atadas pero sueltas para que se pudieran leer también del revés, y les diría que usaran tinta deslizable, resultaría divertido ver patinar a los adjetivos en una oración de puros verbos y tratando de conjugar una familia “poligámica” de sustantivos.
Podría suceder también que al sacudirlo, los párrafos que yo no puedo unir encontraran a su par y mis ilaciones desunidas tendrían así algo de sentido.
En fin, imprimiría todo lo que he escrito y que ustedes todavía no han leído y terminaría las historias que no he cerrado y que navegan sin rumbo en mi humilde barquito, metería todo en una botella y se la daría de postre a mi río para que con su vaivén acomode las letras y me haga visible el destino.

14 de junio de 2013

Gris diablo

Baja los cinco escalones gastados y camina la arena blanda, alguien va a su lado, andando a su mismo paso, dejando marcadas otro par de huellas y sosteniéndola con firmeza para que no caiga.
Es honesta consigo misma, ahora lo necesita, como lo necesitó aquella vez cuando decidió subirse para manejar su propio tren, y como lo necesitó tantas otras veces, después.
Ella no lo llama, él aparece así, de la nada, y tirando con fuerza la rescata. No precisa convencerla ni mentirle, se conocen desde hace años y, cuando no hay blancos ni negros y todo se nubla y el entorno es un monótono color ceniciento, ella se permite esto para que se libere el acceso, para volver a ver los extremos, para rozar el equilibrio y sacudirse los grises intermedios.

Hoy, dos pares de huellas cruzan el puente,
son Ella y el Diablo,
y van de la mano.

13 de junio de 2013

Inercia

Voy, estoy yendo, ya casi llego. No voy porque quiero, estoy yendo por inercia. ¿Llego? Y… no sé, por eso puse “ya casi”, porque no sé si la inercia alcance.
¿Susto? Un poco sí, esto de que la vida maneje mi carro para mí es raro, por eso voy sentada así como dura y calculando, pero sólo por si tengo que bajarme de un salto.
Ya no tengo mandíbulas ni espalda de humana, de acero son ambas, de ese metal plateado y brilloso en el que a veces, también, se convierten mis ojos.
¿Cansancio? Tal vez algo, pero es más como haber bajado los brazos ¡bah! Es una mezcla, un cóctel sin nombre de “varios”.
Una locura sana me persigue, una locura desvariada y considerada, una locura que hace que tenga que anotar todo y no me acuerde de nada, una locura que me avisa que estoy en el tope tocando fondo, una locura que me mantiene a flote, una locura razonable que le pone nafta a mi inercia y hace que yo siga sentadita en el borde del asiento y con todos los músculos tensos por si tengo que pegar el salto para que el “casi” quede resuelto.


3 de junio de 2013

Espejos y calesitas

Leí recién un comentario de uno de mis relatos que decía: “El después no llega si el antes no se va”. Otra vez mi querida Adri me pusiste contra la pared, otra vez levantaste el espejo para que me viera. ¿Y si lo rompés?
Te veo sonreír, no lo vas a romper y me vas a seguir poniendo contra la pared porque sólo leyéndome sabés que ando metida en una encrucijada, parada en el medio de la nada, con todo por resolver o como se dice en la jerga “con el pescado sin vender”.
También me dijiste por ahí que todo es relativo. Sí, es verdad, sentirme una estúpida es relativo, buscar el equilibrio entre el instintivo lobo y mi Yo civilizado o entre la asceta y la esteta que viven en mí también son relativos.
¿Y si me ayudás a parar la calesita un ratito? Es que la rueda gira tan rápido que no alcanzo a ver quién es que tiene la sortija ¿no serás vos no? Porque entre que le pido al viento que se lleve mis delirios, la desentierro a Ella para no quedar yo tan despedazada, tengo conversaciones fusiladas, una orquesta confundida, camas desarmadas, escombros para regalar, más fantasmas y miedos que pecas, cosas que explicar, destinos que alcanzar, “despuéses” y antes por la mitad, y libros que no sé en dónde guardar, estoy, te juro, que me voy de acá.

Salvedades

Sale de la casa envuelta en su chal, pero no es que haga frío sino que el frío la acompaña desde hace rato y no sabe muy bien cómo hacer para sacárselo. Se queda parada apoyada en la baranda con los brazos cruzados y los pies descalzos, uno sobre otro, en descanso.
No hay mucho que ver, es de noche y está oscuro, pero igual su mirada se dirige hacia “allá” y “allá” es muy vago pero siente que es el lugar exacto.
Piensa, se desliza, flota, trata de respirar. Está incómoda, incómoda adentro y con la sensación de no pertenecer a su cuerpo.
Busca, pero sigue sin encontrar el lugar físico en donde anclar, donde quiera que esté no encuentra el espacio en donde ella y sus libros puedan caber. Se le erizan los pelos de la nuca, siente el peligro de haber llegado a un punto crítico, en el que inmune, todo le da lo mismo.
Son un cúmulo de eventos que acarrea y no termina de soltar. Son los cambios que tiene que masticar, son todas esas cosas que no pueden darse por sentadas y necesitan de su constante “acomodar”. Son demasiadas, tal vez no tantas, pero en su hartazgo y cansancio le llenan la canasta.
Parpadea y entra. Se sienta y deja caer la cabeza. Ahí se queda, ni fuerza para levantarse de vuelta.

30 de mayo de 2013

Rendición y suspensivos

(Estoy que pateo el tablero y me pongo a coser la bandera blanca de la rendición, 
pero voy a dejarlo ahí, por lo menos por ahora…)

¿Les cuento una infidencia? Hablé conmigo misma esta mañana, linda charla, instructiva, cordial, me reservo “lo agradable”…
Me sentí una estúpida, disculpen la palabra, pero otras "irreproducibles" pasaron por mi cabeza mientras prendía el segundo cigarrillo y me tragaba el café, que de haber sido agua ni cuenta me daba.
Bueno, les sigo contando la infidencia. Hace días que vengo revisando algunas cosas y por ahí resulta que creo que se me mezclaron todas y las veo borrosas (las letras y las cosas) pero debe ser porque me resisto a usar lentes, o porque por ahí no tienen que ver con “ver” exactamente...
La cuestión es que en esos “hojeos revisteriles” y con toda la objetividad de la que soy capaz, he decidido contra mi voluntad, pero sólo porque mi historia así lo indica, ser cortés que dicen lo valiente no quita.
No sé bien si me entienden, pero no se preocupen porque hay momentos en donde hasta yo me pierdo y no me entiendo y sutilmente patino un desgano bizarro porque tengo lisas las suelas de los zapatos...
¿Hora de parar rotativas? Sí, hora de descanso y no tanto, hora de hacer fila de pensamientos y “encolumnarlos” para compararlos.
Gracias, ya me siento un poco mejor, hablar conmigo es sedativo, sentirme una estúpida es relativo…


(La rendición la dejo para más tarde y en cuanto al tablero…
y la verdad es que estoy que lo pateo…)

29 de mayo de 2013

Orquesta

Hoy el árbol no me deja ver el bosque y el bosque no me deja ver el árbol, pero es simple, no veo a ninguno de los dos porque no quiero verlos, porque tengo los ojos cerrados, porque no quiero abrirlos, porque no, no y no.
¿Enojo, desilusión, pasmo, aturdimiento, azoro? Todo, es todo eso y más que en el diccionario de sinónimos no logro encontrar.
¿Qué siento? Que son míos esos sentimientos, que no me gustan, que me incomodan, que por ahí me asustan o me sorprenden y me agarran desprevenida porque no puedo ocultar lo que gritan mis tripas y porque me delatan la voz, la mirada o algún gesto que al fin revelan sin filtro lo que siento.
¿Qué sé? Que la orquesta es una sola, que hoy suena confundida y que no sé cómo seguir la melodía.

26 de mayo de 2013

En donde

Se levanta el vestido y descalza sale. Se sienta en el medio de uno de los escalones y se mira los pies, busca de alguna manera las respuestas a las preguntas que la han estado rondando todo el día como un abejorro ronda un frasco de miel. No las ve, y menos mirándose los pies.
Apoya los codos en las rodillas y levanta la vista, el agua barrosa de su río la seduce, callada y ociosa, y la invita a meter las manos, pero ella no es tonta y haciéndose la distraída esconde rápido los dedos ante solapado atrevimiento.
No quiere saber hace cuánto tiempo tiró todas las fichas sobre la mesa para hacerle jaque a la reina, pero se le está haciendo largo y en cada jugada se le va el alma y hace agua y el achique duele y en el aire queda suspendido el  gesto de barrer todo con el brazo porque sabe que el desastre está al acecho, como una víbora, esperándola, enroscado en su cuello.
No quiere saber, no, ya no quiere ni pensar. Este “a todo o nada” está lejos de terminar y hasta que, solo, se aclare el lodazal, el show debe continuar.
Se levanta, ya es de noche y tiene frío. Deja las preguntas al rescoldo del infinito y descalza entra a su cobijo con las manos en los bolsillos.

El destino intacto la mira desde la mesa de la cocina. ¡Vaya acertijo!

16 de mayo de 2013

Aclaro, así no oscurece


Este escrito es un expreso pedido de mis padres, pero sirve también como aclaración para el resto del mundo.
Se me ha dicho que mis relatos son tristes, que escriba de alegrías y que le ponga humor a mi vida.
En honor a la verdad debo decir que soy una mujer alegre y positiva, pero también soy realista y aunque no parezca tengo “ambos dos” pies en la tierra. Yo no escribo ficción, escribo lo que siento, lo que me pasa, lo que me pesa, lo que me duele, lo que aprendo y lo que veo. Lo mío no es un cuento.
En “Desatando la locura” escribo en primera persona y en “Relatos” lo hago a través de “Ella”. En cualquiera de los dos estoy solita mi alma, a veces me desnudo mucho, a veces me tapo, a veces dejo que fluya en un tiro por elevación y en otras ocasiones vomito sin asco letras a diestra y a siniestra.
Escribir evita que pague un psicólogo, yo hago catarsis con los dedos, podría decir que el teclado es mi diván, las piernas cruzadas son el florero de la mesita, el cenicero lleno de colillas bien podría ser el sillón y la taza de café pongámosle que es el especialista.
Si me ven llorando o arrastrándome o cayendo o lo que sea que haya escrito, no quiere decir que todo mi día haya transcurrido así. Son momentos, es así de simple y si no escribo me ahogo. Pero ¡ojo! Un relato no es un retrato de mi vida cada segundo del día, sino sólo “un rato” de mi vida.
Y para concluir sólo quiero decir que cada párrafo es una hora de diván que yo me ahorro y que otros tienen que pagar. 

Para mi padre Pascual y para mi madre Norma. Los amo. 

15 de mayo de 2013

Un par de amigos...


Dicen por ahí que el miedo y los fantasmas, de cerca, son más chicos de lo que parecen, pero también es cierto que son feos hasta el espanto y es por eso que desde hace horas y del susto, mi corazón anda galopando desbocado y no puedo hacer nada para pararlo.
Están tan cerca que anoche me acosté vestida de pies a cabeza, con todo y medias, pero rondaron entre mis sábanas y sin misericordia escarcharon para siempre mi alma.
Alguna vez escribí acerca de estos dos personajes, ahora sé que no cabalmente, porque hoy son mi aire y podría definirlos hasta el más nimio detalle.
Estos muchachos no son buenos consejeros, más bien un par de diableros, vándalos y ventajeros, que a mi tren se subieron y no sé cómo se convirtieron en mis únicos pasajeros.
La verdad es que peco por andar sin destino, hoy siento que salté al abismo y estoy desafiando en el camino al mismísimo vacío. 

13 de mayo de 2013

Revisando


Estuve revisando en estos días mis “bagayos”, aquellos que moran mi alma, los que he escrito y también los pensados, y me sorprende (y no tanto) la precisión con que se repitieron las cosas este último año ¡Pero ni que las hubiera calculado!
Inocente de mí, una estúpida fui ¡Qué manera de sufrir, y todo para llegar al mismo lugar desde el que salí!
¿Cómo no lo vi, para dónde estaba mirando?
Estoy enojada, enojada conmigo, enojada con mi inocencia porque me está pasando de nuevo y porque al final eso de que todos los caminos conducen a Roma es absurdo sí, pero ¡tan cierto!
Voy vestida de una furia confundida después de tanta penuria, vestida de un enojo que tiñe de rojo todo lo que toco, como si de golpe me hubieran puesto frente a los ojos un dibujo pintado por mí y que recién reconozco.
Soy un metro ochenta con tacos de ira galvanizada, setenta kilos de mufa materializada y dos puños que golpearía contra mi cara si no fuera lo único que casi sin huella me queda, después de tanta pelea.
No hay consuelo ni excusa que valga la pena ¿Qué podría decir que no sepa de mí, cuando ya es tarde para no reincidir? Nada, nada en absoluto que por mis huesos no haya pasado en todos estos meses en los que estuve yendo para ningún lado.
Hoy siento que mi cordura, mi paciencia, mi locura y mi desesperación se mezclan en el aire y sin misericordia se clavan como dardos en mi carne.
¿Vienen a mostrarme? Sí, vienen a mostrarme lo tonta que fui y lo obvio que no vi.

11 de mayo de 2013

Ambas


Está feo el día y es temprano, pero parecen las siete de la tarde. El viento sopla fuerte a mi pedido, quiero que se lleve mis delirios y me deje sola y en silencio con mis notas y mis libros. Nada más que eso pido.
Por eso hoy voy a su encuentro y me abre la puerta Ella, mi otra parte, mi “quisiera” y sonríe mientras la cierra, para que no se cuele nadie y para que yo pueda despatarrarme y llenarle de miradas que sólo ella entiende, las paredes.
No es posible ni queriendo que interrumpan el misterio. La dirección es vaga pero cierta y su cara se desliza entre tantas como una más, imposible de identificar.
Hoy vengo a llenarle el espacio de disparates, porque quiero deshacerme un rato de ellos y que ella los cargue y para eso no hacen falta palabras, el alma no tiene letras, es una partitura bella, llena de música pero sin corcheas.
Mi espalda está pegada a la pared y la de ella lleva todo lo que le endilgué. Su calma se suma a mi asombro porque sus hombros llevan mi peso y ella lo carga sin pensar en que puede ser un estorbo.
La miro, ahora sé qué hacer con mis escombros.

10 de mayo de 2013

Mi respuesta


Cuando te pregunté qué habías sentido al leer mi relato, tu ¿y yo? fue instantáneo. Igual te expliqué, pero me faltó algo y me quedé masticando tu sentir, porque no te voy a mentir, fue el mismo que el mío cuando habiéndolo terminado de escribir, lo releí.
En él hablo de un círculo que se está cerrando, de una etapa de mi vida que por momentos se hace demasiado larga y que en ese instante en que todo se detuvo y el silencio cayó pesado sobre mi mesa, vos desapareciste porque en entre esas nostalgias no estabas.
No hay más que eso, fue un segundo de sentir cómo caía sobre mi cabeza un balde lleno de historia, fue verme decidiendo siempre sola y arrancándome de la cama cada mañana porque la vida seguía girando y porque ni siquiera me tenía que importar lo que fuera que hubiera pasado ocho horas atrás.
Eso nada más. Un antes y un después. Un antes que tarda en irse y un después que tardó en llegar pero que ya está acá y que en ese relato no me permití mezclar. 

4 de mayo de 2013

Recién


A veces el silencio pesa, el café no alcanza, las cosas que debería hacer sobran, el sol no entibia, los cigarrillos se acumulan en el cenicero, las listas se alargan, la música molesta, el siguiente paso duda, los estantes se vacían, los libros se llenan de tierra, el día no dura y la noche se esfuma.
Recién se detuvo un instante mi vida, mi historia, mi respiración y no hay palabras para describir lo que siento. Sólo estoy sentada, con las piernas cruzadas y en la cocina que tanto amé pero que ya no siento como mía. Sobre la mesa está el bendito block que me ayuda a no olvidar lo cotidiano, la birome, la billetera, el control, la taza vacía, la canasta llena de fruta, el estuche con los cigarrillos y el zippo, el cenicero lleno de colillas y sobre las piernas tengo una cartuchera de jean que me hizo mi madre cuando iba a la secundaria.
La casa está vacía, mis hijos lejos, yo más vieja, más lenta, más real, más fría y dolorosamente sensible.
Me están matando el silencio, las ausencias, los espacios vacíos, las cosas guardadas, las camas desarmadas en el altillo, la cocina ordenada, las voces que no escucho y los abrazos que no siento. Me faltan los besos de mi hijo mayor en el cuello, el perfume de la piel de mi hija, el ruido de la patineta del chiquilín y las miradas de mis negros hermosos, Luna y Athos, que ya se fueron y que descansan en el jardín trasero de casa.
Un segundo, un sólo segundo se detuvo mi mundo, y pasaron como una ráfaga cuarenta y seis años de nostalgias y un mar de lágrimas.

2 de mayo de 2013

Al viento


Sale del encierro en el que estuvo enterrada todo este tiempo. Abre la puerta y descalza y sin abrigo se asoma al invierno.
El frío la deja sin aire, se le eriza la piel de los brazos y un alboroto de viento le desacomoda el pelo a los manotazos.
Los primeros pasos le cuestan, los escalones están mojados igual que la hierba y los charcos reflejan, en la estepa de arena, una luna blanca llena de pecas y pena.
Encuentra un lugar en donde sentarse, necesita mirarse de cerca, busca un espejo que la muestre y aguza el oído esperando esa voz que la despierte y la aleje de la muerte.
Invisible pasa el tiempo a través de su cuerpo y Ella le pide que arrastre lejos la zozobra de sentirse inerte, más él le cuenta que ya ha hecho el intento y como agua se le escapó de las manos lo vano de estos últimos veranos, lo cierto de tantos de desconciertos, los gritos mudos del silencio, la caída libre desde lo más alto del cielo, las lágrimas de su llanto eterno, el ahogo del desconsuelo y la sensación de estar nadando en los fuegos del mismísimo infierno.
Desencajada lo mira, acaba de escuchar una conversación fusilada, un diálogo con el dios-diablo, un cruce de palabras de una confusión bien entendida, una sorpresa sabida de una patinada que terminó en caída.
Se levanta, no hace frío pero tiene el alma helada. Entra a la casa con los pies mojados, la cabeza gacha y el pelo pegado en la cara. Está oscuro adentro, adrede no descorrió las cortinas para no verse y adrede también, se sienta en el rincón más lejano de la habitación para esconderse de tanta desolación.

20 de abril de 2013

"Ella"


Hace un tiempo me despedí, me fui y la dejé sentada en sus escalones blancos con la brisa acariciando su pelo largo y la cara apoyada en sus hermosas manos. Partí pensando en no volverla a ver y anuncié que iba a intentar desnudarme yo sola, pero para no desnudarnos a ambas.
Con las manos en los bolsillos me alejé sin voltear para mirarla y Ella se quedó ahí, sin inmutarse y sin siquiera una palabra.
Creí que con el tiempo iba a olvidarla hasta que me di cuenta que, cada tanto, un susurro me traía su intención en algún relato. Escribía en tercera persona, la nombraba sin darme cuenta y hasta se me escapó ese “estar sentada y con las piernas cruzadas” que en algún párrafo debe estar dando vueltas porque me resistí a borrarlo.
La extraño, extraño los anteojos negros, el ruido de los tacos en las esquinas solitarias, el silencio de las noches de lluvia, la taza vacía, la brisa salada, los almohadones color naranja y ese risueño andar descalza en la arena, cansino y suelto, que tanto quiero.
La verdad es que hay días en los que la necesito para no quedar tan despedazada, para sentir que no siento sola y para que me ayude a juntar todo lo que se desparrama sin tener que explicarle nada.

(Creo que en un punto Ella es lo que yo quisiera.
Es ponerme los vestidos blancos que no uso
es caminar la arena que no piso
es el silencio que no tengo
y es también rozar la locura de este invento
que sabemos las dos es algo cierto.)

Vuelvo sí, estoy volviendo y Ella me está esperando.
No hay un día para el encuentro ni un momento fijado, sólo Ella y yo, cinco escalones gastados y cuatro pies descalzos.  

17 de abril de 2013

En partes


Un comentario inspira hoy este relato. Un comentario que me enfrenta con la verdad (esa verdad que no quiero ver) contemplada desde otro espejo y tan real que me golpea con una fuerza que me resisto a reconocer.
Estoy desdoblada y anquilosada, ociosamente cansada y, valga la redundancia, circulando en círculos alrededor de nada.
¡Cómo me leíste entrelíneas mujer! Ni yo vi con claridad lo que ante tus ojos apareció como una instantánea de mí. Recién me di cuenta de la encerrona en la que me metí y de la que no puedo salir, recién, hace dos minutos, cuando pusiste entre mis cejas esas palabras que, como una bala certera, por un instante helaron la sangre en mis venas.
Me diste en qué meditar, abriste así, como quien no quiere la cosa, una puerta por la que no quiero pasar, porque en un punto creo que dejé de caminar, porque todo es demasiado largo, porque el pozo es tan hondo que siento que no tiene fondo, porque la oscuridad me ahoga y me ciega, porque las ganas de desaparecer son, como bien me describiste, las ganas que tiene Harry de suicidarse a cada instante.

Para Adriana Fernandez

12 de abril de 2013

Inconclusiones


Agenda abierta, listas, papeles dando vueltas, días tachados en el calendario y la mente en blanco.
Se me escapa el centro, desenfoco, gira la calesita y no saco la sortija.
Las letras están desparramadas, las ideas “yiran” y los párrafos a doble espacio me miran, desconcertados, pidiéndome que haga algo.
Vuelve “Ella” y yo me voy o nos quedamos las dos viendo cómo pasan apurados los segundos en el maldito reloj.
La idea de nada, la acción de estar parada, la mandíbula apretada, el nudo en la garganta y en el estómago un puño de sangre que se hace agua.
Estoy desencajada, helada y arrinconada. Soy un tigre furibundo en una jaula.

No quiero entender ni entenderme.
Detesto explicar lo inexplicable, no puedo,
(porque) “lo siento”

10 de abril de 2013

Perfume a incertidumbre


Ayer cuando me abrazaste te dije al oído: “hoy no me puse perfume, pero tengo olor a cigarrillo e incertidumbre”. Te reíste y después te fuiste, y en el aire quedó flotando una invitación que recién esta mañana se hizo palabras y que ayer creí no hacían falta.
Pero me voy a la charla suave que nos debíamos, a la que nos llevó por caminos que en silencio y cada uno por su lado, veníamos recorriendo a tientas con “casi” la intención de encontrarnos y en los que hoy, y sin querer, coincidimos en darnos la mano sembrando luces allí en donde un diablillo había cultivado con esmero algunos acertijos.
Reconozcamos que somos un par de porfiados y que nos seguiremos midiendo y que cada tanto deberemos espantar los miedos que vayan surgiendo para seguir creciendo, porque como te dije hace un rato: nuestras miradas hablan, pero a algunas vamos a tener que subrayarlas con palabras.

2 de abril de 2013

Mil silencios


Desde hace un tiempo y como si fueran fantasmas, rondan mil silencios los rincones de mi casa. Me miro las manos, algo las inquieta. Paso por delante del espejo y no me gusta lo que veo.
Algo hace ruido en la quieta estatua de mi alma.
Siento que un alboroto callado recorre veloz los laberintos de mis venas y una nebulosa eterna descansa incómoda sobre mi cabeza.
Esta calma no es mía, el río no lleva en su cauce mi agua, las orillas están más lejos, los árboles no visten el verde ropaje de siempre, algo entorpece mi ahogo, alguien se llevó mis remos y arrancó de mis ojos la última lágrima de aliento.
Estoy segura de adónde voy pero no sé si elegí el sendero correcto. Caminé a tientas toda mi vida pero hoy estoy asustada porque jamás sentí esto. Quiero retirarme a lugar seguro pero no puedo, algo oscuro está parado en la entrada de mi centro y no me permite el acceso.

28 de marzo de 2013

Abanico


Imaginate una situación a resolver y escribila en tu muñeca.
Abrí la mano. Separá los dedos.
Mirá lo que escribiste y empezá a subir.
¿Se ramifican las opciones no?
¿Faltan más? Agregalas.
¿Se complica? Ni te cuento si se te ocurre preguntarle a la gente que tenés cerca, te alarmaría saber que ni un millón de dedos serían suficientes.
Pero hagamos algo, considerá sólo algunas.
¿Por cuál te decidirías?
¿Esa te parece la mejor? Pensalo bien, por ahí la tercera sea la correcta o la que te dijo éste o aquél, pero ¿y si resulta que es la cuarta, o la quinta?
¿Decime si no es un juego perverso y diabólico?

Ahora te propongo que cierres la mano, te olvides de todos y del millón de opciones y viajes a tu centro, justo en donde está el “quiero” y lejos del maldito “debo”, pero teniendo en claro que, sea lo que sea que decidas hacer, la responsabilidad y las consecuencias van a ser sólo tuyas y no sólo eso sino que vas a tener que pagar por ello un precio alto e incierto, el cual puede acercarte demasiado al abismo o alejarte en la misma medida de él.
También tenés que saber que nunca vas a poder ver todas las opciones, perderías un tiempo precioso en un trabajo estéril, porque las circunstancias cambian, porque uno cambia, porque la vida es un constante fluir y ningún día es igual a otro. Nada de lo que pase hoy es pasible de la misma solución que le diste a alguna situación del pasado. Por eso no pienses, no escuches a nadie y no uses la lógica, date cuenta de que no sirve para resolver la vida, y otra cosa, tampoco mires para afuera y no cometas el fatídico error de abrir el abanico.
Mirar para adentro, decidir y ser responsable de uno mismo asusta, es por eso que el “quiero” suena tan egoísta y se evita, pero sé egoísta y no pasees por prado ajeno, porque va a crecer la hierba en el tuyo y después tu única opción va a ser responsabilizar de “tus yuyos” al resto del mundo.
Es más fácil, sí, no lo niego, pero también es más que estúpido.

24 de febrero de 2013

Otoño ilógico


Todavía estamos en febrero, pero llueve y hace frío. No es mi hora de escribir pero estuve leyendo algunas de mis letras y mis dedos se pusieron en alerta. En la mesa descansan el cenicero lleno de colillas y la taza de café, y mi hijo me dijo antes de salir que había demasiado silencio. Nunca es demasiado le contesté, como nunca es demasiado el café.
Se me ocurrió después de leer y no sé porqué, que tenía que explicar un montón de cosas, pero sonó justo el timbre y al levantarme pensé ¿explicar qué? aquel que me conoce, sabe, y el que no, por más que le explique no va a saber.
También tuve el impulso de borrar algunos de los relatos, pero ellos forman parte de mis “bagallos” y cuando los toqué retrocedí al momento en el que los escribí, a las piernas cruzadas, a la bata o a las manos frías, a si estaba maquillada o a cara lavada, tranquila o alterada y a todas y cada una de las noches abrigadas en que fueron concebidos y paridos como hijos de mi alma.
Debo reconocer que sonreí ante mi reflejo y que, gracias al cultivo esmerado del precioso don de la paciencia, carezco del defecto de la reacción por arrebato, porque de otra manera hoy sería cenizas y no estaría escribiendo esto.
Creo que es por eso que a simple vista parezco lerda, detenida, haciendo nada, como si estuviera posada en alguna nube de un cielo sin alas, pero aprendí a no cuestionármelo y dejé de intentar explicarlo porque aunque para mí sea claro, para el resto es raro y no entenderían que se trata de un simple desencuentro de universos.
Y entre todos estos desvaríos y la música de la lluvia en el tejado se me ocurrió dejar de lado algunas cosas irresueltas y me he invitado a mirarlas y a esperar a que se caigan de la mesa.
Tal vez ahora salga de casa despeinada y con la ropa manchada y me olvide el cigarrillo prendido o el auto abierto. Quizás ordene los papeles acumulados en ese cajón que se hizo demasiado chico o corte para siempre los hilos que me unen todavía a personajes sin tino.
Por ahí decido correrme de lugar y hasta me arriesgo a entregar una de las riendas y no contesto el teléfono y me voy a caminar mi locura con las medias puestas y desprendida de todo, para olvidar la historia y cerrarle los ojos al destino.

Me regalo este momento, me pongo un moño en el pelo, me pinto las uñas de negro, me lleno de anillos los dedos, descruzo las piernas, tomo el último sorbo de café, cierro las cortinas, prendo el séptimo cigarrillo del relato, entra mi hijo, me da un beso, un “te amo” rompe el silencio, es sábado, son las cuatro y cuarto de la tarde, apago la máquina un rato, dejo la “lógica” irresuelta sobre la mesa y me olvido la puerta abierta.

(tal vez a la noche cuando llegue la encuentre desierta)

20 de febrero de 2013

Enjaulada y perdida


Hace unos días partió mi hija. La despedida fue corta, inusual, distinta y con sólo alguna lágrima perdida. Sin embargo, cuando estuve a solas, lloré sin querer la sal de mi vida y la bronca de no entender las vueltas de las horas.
Jose estaba tomando mate al sol cuando llegué. Nos abrazamos y volví a llorar, otra vez, con esa facilidad con la que últimamente lloro y que ya no me cuestiono.
Entramos, café y cigarrillo para mí, él siguió con el mate. Nos sentamos e hicimos una mesa redonda de dos. Hablé. Él me escuchó y “me escuché” yo también.
Casi no nos mirábamos, en realidad era un monólogo dialogado en donde salieron, alborotados y despeinados, treinta años de historia enredados entre el humo de varios cigarrillos y las miradas de soslayo que, entre mate y mate, Jose me hacía para ver si podía hacer algo.
En algún momento levantamos la vista y vimos que sobre la mesa y entre todo el revoltijo estaba mi “yo”, mi temido, altivo, odiado y amado, pero desgastado, cansado y harto “yo”, erguido y sentado en el medio del banco del carro y con las dos riendas en las manos.
Con mi hijo tratamos de desmenuzarlo e intentamos cambiarlo por algunos verbos y sustantivos: orgullo, ego, necesidad, responsabilidad, delegar, miedo, decisiones, tiempos, ruta, jaula, refugio y hasta la picada de una montaña. También quisimos atenuarlo con adjetivos, pero fue en vano, no pudimos, el señor estaba ahí y no hubo forma de ocultarlo.

Cambió todo en estos últimos años, cambió todo tanto que cualquier cosa es demasiado. No me di cuenta de que al tomar ciertas decisiones iba a sentirme indefensa y vulnerable, perdida y a la vez presa y con la sensación de no tener un lugar físico adonde llegar para descansar.
Vacié mi vida y mi casa, me despojé hasta de mi cama para no cargarla, vendí, regalé, quemé y rompí todo lo que sentí que pesaba y me quedé desnuda, entre la niñez y la vejez, con un montón de cosas hechas y otro tanto por hacer.
Ya no dependo de mis tiempos y sé que tengo que ceder una de las riendas, pero no sé cómo se hace porque siempre me eché el morral al hombro, apreté los dientes y caminé delante de todos.
Tendría que sentarme un rato y dejarle paso a los que vienen atrás, mi cuerpo me lo pide a gritos pero siento que si paro no me levanto más.

Mis hijos ya están grandes y aunque jamás les negué la palabra, ésta vez sentí que muchas me fueron dichas sin reparo y que aprendieron a defender su metro cuadrado.
Me cuesta verlos, debo ser sincera, y es que siento que los pierdo y me da miedo. La verdad es que todo es distinto cada día aunque yo quiera detener un rato la calesita.
Hoy me planteo un montón de cosas. Sigo al mando pero ya algunos se han bajado, se supone que el carro va liviano pero no consideré que al haberse vaciado, el traqueteo y los saltos iban a ser tan notorios que me iba a doler el alma en cada promontorio. Estoy en el medio de la nada y una espada sobre mi cabeza pende de un hilo mientras en la única mesa que queda en la casa hay mil cosas por resolver. Sé que no faltarán momentos en donde quiera barrer todo con el brazo y desaparecer de la faz de la tierra de un plumazo, pero hay una voz, certera y conocida, un susurro que nace del fondo de mis tripas que hace que detenga la manija antes de tener que lamentarlo el resto de mi vida.

Mi hijo me dijo que nacemos y morimos solos, pero que en el medio necesitamos estar acompañados. Creo que por costumbre me estoy  resistiendo al cambio, porque mi espalda da para todo y para todos pero yo detesto ser una carga. La línea es muy delgada y siento que si cedo, me pierdo.
Mi gran desafío es el nosotros, es animarme y correr el riesgo, es entender que puedo ser la rezagada de la manada y que eso no significa nada.
Mi tesoro son 46 años de duro caminar cuesta arriba y estar viva, aunque ya no me quede resuello y esté arrastrándome con los codos por el suelo.
Lo que me pasa es simple e inocultable, la sensibilidad ya duele y no me acostumbro al nudo en la garganta permanente.
Sé que va a llegar el momento  en donde pueda sentarme a ver crecer el pasto, pero se hace largo y voy descalza, mis zapatos volaron hace rato y aunque mi cuerpo siga andando, mi alma se está cansando y las riendas se me están escapando de las manos.
Por primera vez en mi vida soy consciente de que no sé lo que me espera ni hacia donde voy. No tengo planes ni estructuras, las paredes de mi casa fueron traspasadas y caminadas por decenas de personas. Todos saben qué perfume uso, de qué color es la cortina de mi baño y que colecciono latas.
Me siento desprotegida, demasiado abierta y cada susurro que escucho me ataca aunque sólo sean palabras.

Ésta es la transición más difícil de mi vida, el momento en donde, veintitantos años después, vuelvo al punto de partida.
Nada puedo suponer, cada día sé menos que cuando me acosté, no hay nada escrito y no tengo forma de ver si adelante hay un valle o una escalada.
Así y todo, me levanto cada mañana y trato de dibujarle una sonrisa a mi cara.

8 de enero de 2013

Ausencia presente


Y en estas horas de ausencia, cargadas de pausados y desgastados minutos que veo caminar hasta perderse en lo vasto de la historia, siento que no falta nada. 
Porque hay un tiempo eterno en este remanso, y es aquel de las miradas que guardo, es el que lleno de palabras y significados callados me llenan de silencios que pintarían un cuadro.
Está acá, conmigo, cerca… tan cerca que puedo palparlo, aunque su esencia se encuentre en otro universo y aunque mis manos no toquen la piel de sus labios.
Fue un abrazo la causa de la consecuencia más asombrosa, fue el destino el que con sus trazos cruzó nuestros caminos, fue una pausa en el cansancio, fue la llamada instintiva de un perfume jamás imitado, fue el olvido de lo dicho en el apuro de algo no calculado, fue la llegada de lo esperado cuando hasta la desesperación ya se había ido a otro lado.
Hoy es todo aquello que no decimos, es lo que ya vivimos y no repetimos, es quedarnos para no irnos, es no saber aún siendo testigos.

29 de diciembre de 2012

Nada


Estoy sentada viendo lo que acontece. Palabras de Cortázar, Gurdjieff y Hesse se escurren entre mis dedos pálidos y fríos, mientras los días languidecen, como languidece el ocaso de mi sombra con el paso de las horas.
Mi mente busca en donde no hay nada que encontrar y siento que me ensucio las manos de tanto hurgar. No hay tierra a la vista, no hay lugar en donde anclar, debe ser por eso que hoy tengo que pensar qué teclas apretar.
Aburrimiento, hambre, hastío, desgaste. Un coma cierto de cuatro años, un lastre de puro y calcificado arrastre.
Tarda, todo en mi vida tarda en llegar. Tardo en digerir, demoro el cerrar, guardo antes de tirar, estudio antes de soltar y siempre me tienen que esperar, pero nunca tanto como en mi vida tardaron las cosas en llegar.
Lo que no está pasando por momentos nubla lo que camina a mi lado. Tal vez esté pisando la soga de alguna historia y es por eso que no puedo avanzar, quizás tenga que olvidarme de mí para encontrarme o perderme y dejar de buscar.
Mis dedos recorren el relieve de las letras y hallan a tientas lo que tengo para decir. No es mucho, sólo sé que es un proceso lento y que mis semillas, aún bajo suelo yermo, siguen latiendo.

(Sigo caminando con el alma cansada de dolores,
pero olisqueo el aire
 y huele a flores)

21 de diciembre de 2012

Libro


No voy a escribir un libro acerca del que no sé nada. No voy a ponerme a dibujar letras sin sustancia, ni voy a escribir acerca de los demás, porque de ellos no sé nada. No me voy a poner a teclear y a llenar hojas y hojas de inconsistencias. Es más, no podría ni hablar de mí porque de mí tampoco sé nada.
Ni siquiera puedo responder a simples preguntas como: ¿quién voy a ser mañana? ¿qué voy a hacer? ¿qué me va a pasar? ¿de qué me voy a enterar? ¿qué me voy a poner? ¿qué perfume voy a usar? ¿qué voy a comer? ¿con quién me voy a encontrar? o ¿me voy a despertar?
Si escribo algo de mí debería escribir sólo acerca de hoy, porque de mañana no tengo idea de nada. Mañana tal vez me entere de cosas que rasgarán mi alma o de otras que servirán para sanarla, por ahí ni me ponga perfume y tire a la basura mis amadas alpargatas blancas, tal vez deje de fumar o de comer naranjas y bananas, y a las tres de la tarde se me escapen todas las lágrimas que tengo atoradas en la garganta.
Y es que no puedo ni tan sólo responder si voy a volver a leer estas “insustancias”, o los libros de Gabito o los de Jorge Luis o las locuras de tantos libros que descansan en las bibliotecas de mi casa.
El tema es que si escribo un libro acerca del que no sé nada se me plantea este dilema: ¿lo dejaría vacío o le pondría un signo de interrogación en la primera y otro en la última página?
En fin, lo único que hoy sé es que más que esta introducción a semejante idea descabellada, el libro que no pienso escribir estaría lleno de silencios y se lo dedicaría a aquellos que de todos hablan pero que de sí no saben nada. 

17 de diciembre de 2012

Superficie


Quisiera creer que estoy calma, es más, parezco calma, pero no es así. No hay nada en este mar que navego que se asemeje siquiera a la más remota calma.
Por momentos saco la cabeza del agua y logro ver el reflejo de lo que quiero, pero allá abajo soy un manojo de nervios que me llevan, inexorables, a apretar los dientes mientras duermo.
Soy una mujer de digestión y proceso lento y descubrí que no es cansancio lo que tengo, por eso hace unos días tiré la toalla, justo cuando la pelea se estaba tornando sangrienta y corría riesgo severo de muerte por insistencia.
Cuando sonó la campana acepté lo que pasaba, di la cosa por terminada y, sin miedo a la última estocada, bajé los brazos agotada, convencida de que no es momento de decidir y de que todavía tengo en el morral la suficiente porfía para resistir.
Todo tiene un costo y justo éste no es de los menos onerosos. La verdad es que estoy pagando, con la moneda más cara, un hermoso nudo en la garganta y la intranquilidad más destilada. Sólo me empuja el saber que aunque crea que todo está detenido, hay una razón para ello que ahora se me escapa y que veré más adelante, cuando recupere los remos y pueda hacerle a esto una hermosa martingala.

Sonrío mientras escribo, no voy a perder la sonrisa sólo porque las cosas se dibujen así de torcidas. Reconocer que seguir luchando originaría más marejada y horadaría mi vida tal cual hace con las piedras el agua, me da cierta ventaja.

Al dejar de pelear cerré una puerta, el saberme intranquila abrió otra. Colgué los guantes y estoy viendo lo que hay, ya casi sin sangre en los ojos y recuperando el aliento de a poco.

26 de octubre de 2012

Cansancio

Estoy cansada, les juro que lo que tengo es puro agotamiento. No pienso, no puedo pensar y por más empeño que le ponga no logro ensartar nada en el collar.
Tengo un reguero de pólvora en los pies y un fósforo en la mano que no atino a prender. Destilado cansancio es lo que tengo, pero no es cansancio de sueño. Es el alma harta y el cuerpo en marcha automática. Quiero encontrarle una explicación a esto de no poder unir nada, porque la verdad es que estoy haciendo agua, mi vida está siendo baleada a mansalva y está llena de agujeros mi barca.
Estoy sola y encima a deshora y si me abstraigo, no puedo sino verme perdida, haciendo malabares en una esquina vacía, con el viento en contra y un millón de bolas danzantes y pícaras en el aire suspendidas.
Es todo tanto que me sorprendo arrastrando los pies, prendiendo dos cigarrillos a la vez y anotando cosas hasta el hastío en post-it rosaditos. Lo peor es que no los leo y los dejo ahí, pegados en lugares visibles y raros para después pasar de largo como si fueran parte del mobiliario.
Y es que hasta perdí la locura en el camino y para colmo de males no sé en qué parte del destino quedé desnuda y a los gritos.
No me dan las letras ni la cabeza pero de algo estoy segura: creo que le estoy buscando la vuelta a una porfiada y puta recta.

17 de octubre de 2012

En un tornado

Hace tiempo que camino por la vida tratando de acordarme de lo que olvido, buscando a tientas la concentración que he perdido, dibujando minutos lentos y días que pasan como un suspiro. Todavía conservo el humor eso sí, y también una hermosa cintura para esquivar los tiros.
Escribo para acomodar un poco las cosas y hago infinidad de listas, las tacho y después las rompo pero vuelven a aparecer, como por arte de magia, obstinadas e impecables, entre las hojas de algún libro.
No sé qué es lo que pasa, se me ocurre que si posara para un cuadro, me pintarían con el pelo revuelto pero peinado, con la cara apenas esbozada y las manos sobre las piernas cruzadas.
Y es que los 46 están llegando de costado y, atolondrados, descienden la pendiente trastabillando, y allá abajo el valle simula ser un espejismo lejano, y esta ruta por el abismo una real caída en picada desde lo alto.
Tengo cansada el alma y secas las lágrimas, creo que guardé las uñas negras pero no se me va el nudo en la garganta, es evidente que en alguna parte perdí el garbo y para no morir en el intento puse la mente en blanco.

Tengo una mezcla rara adentro
y el paso lento,
a las botas les huelga el taconeo
y a mí…
a mí me parece que esto es sólo el comienzo

6 de octubre de 2012

Chaparrón de humor

Hoy cayó sobre mi cabeza un aguacero de esos que duran quince minutos y te empapan hasta la ropa que no tenés puesta. En ese instante de sorpresa quedé tildada y como si fuera un robot, firmé lo que había que firmar, conté lo que había que contar y después del falso saludo de cortesía, partí.
En tres cuadras absorbí el cigarrillo y con la última pitada se me cayó una carcajada, una de esas risas amplias y francas resultado de la incredulidad más borracha. Una risa que alguien sin cultura acompañaría con el clásico ¿lo qué?
Pasaron seis horas y estoy en casa, esto me golpea y me tuerce pero ya no me voltea. No soy una mujer de venganza pero reconozco que por un segundo apareció ante mis ojos y me tentó, fría y solapada, pero no, sé que aunque tarde años y sea amarga, la paciencia pura y destilada es mi única aliada.
Aún sigo sin encontrar la respuesta a la estocada despiadada, lo que sí tengo de sobra son adjetivos para catalogar a esta persona non grata, pero llenaría sin sentido varias hojas de palabras cuando huelga decir que sólo un tonto anda sin tino y sin miedo por la vida.

Sé que me están caminando, lo que no saben es que mientras los dejo pastorear en mi prado, yo compro tiempo y negocio más barato.

3 de octubre de 2012

Se y sé

Es difícil escribir sin recurrir al personaje, porque sigo pensando en tercera persona y todavía no sé si es “Ella” o la sombra reticente de sus escalones los que todavía no me abandonan.
Siento que salir al ruedo desde mí es abrir una puerta sin saber lo que hay del otro lado, y al hacerlo no existe posibilidad alguna de impedirles el paso, soy consciente de ello y como no puedo evitarlo, decidí enfrentarlo.
Es por eso que estos días mis dedos han estado rondando el teclado sin animarse a tocarlo, pero necesito la catarsis y cada hora que pasa inquieta mi alma.
Ahora tengo las piernas cruzadas y el sol entra por la ventana, voy por el quinto cigarrillo y el café espera y, como nobleza obliga, les confieso que quedar desnuda me deja un dulzor misterioso en la boca que un poquito me impresiona.
La verdad es que ya no hay vuelta atrás y estoy sola en el escenario, con todas las luces apuntándome a la cara, haciendo un striptease de palabras, transformando los gestos en signos de puntuación, sugiriendo ánimos con los de exclamación y dando lugar a tantas interpretaciones como ángeles caben en la cabeza de un alfiler.
No sé cuánto más habrá, y mucho menos quién está, pero abro la puerta porque sé que esto no me va a matar.
A esta altura del partido estoy para pocos y poco también es lo que cargo en los hombros, son cosas mías, consecuencias de causas elegidas. El precio es más que alto, aprendí que la paciencia me ayuda a cargarlo y que la risa aligera la mochila.
Veo a lo lejos un mar de nubes cargadas de cambios y llenas de lo espeso, en este momento de mi vida  las espero con los brazos abiertos porque sé que vienen para inundar mi desierto y llenar mi oasis con lo nuevo.

Palpo el descanso que se acerca, pero antes, tiene que pasar la tormenta.



21 de septiembre de 2012

Mezcla de mí

Mar y costa
Cielo y estrella
Un árbol, la tierra
Las alas y el ancla
Una sombra dibujada
Una brasa apagada
Un fuego sin llamas
Sustancia y nada
Partitura y corcheas
Una canción sin letra
Actriz sin careta
Esencia etérea

Un trazo líquido
Un paso sin ruido
Universo descalzo
Núcleo y cosmos
Payaso despintado
Lindas manos

Soy, pero no
¿Quién? No sé
¿Acá? Sí, pero allá
¿Cuándo? No mañana ni ayer

¿Qué?
Que no estoy
Que me fui
Que tengo el alma rendida en los brazos
Suspirando el placer encontrado
Viviendo el segundo de los humanos
Naufragando un océano inundado
Y pateando lunas sin descaro

19 de septiembre de 2012

Las cosas no son hoy lo que solían ser

Hace ocho años, en una noche de septiembre y en la oscura y silenciosa intimidad de mi cocina caí en la cuenta de que había estado sentada en una piedra, detenida, no escuchándome a mi misma y mirando la película de mi vida pero sin saber que era yo la protagonista.
En aquel momento no sabía lo que hoy sé, que lo que empezaba no iba a terminarlo nunca y que el dar ese primer paso implicaba cerrar una puerta que no podría volver a abrir jamás.
“Darme cuenta” me dejó sin aire, fue un escopetazo de lleno en el pecho, un desgarro del alma, un arrancarme la piel hasta quedar en carne viva, un andar a los codazos entre las espinas arrastrándome cuando las piernas cedían y gritándole en la cara a la vida mientras abrazaba a la muerte cuando las lágrimas me enceguecían.
Confieso que quise volver a ser la que era más de una vez, pero había quemado los puentes hasta reducirlos a cenizas y fue imposible retroceder.
En todo este trecho me deshice hasta de la basura más nimia, sin importarme nada más que yo misma, y quedaron en el barro chapoteando desesperados las virtudes y los defectos más acérrimos, mientras en los recodos del camino iba enterrando caras, nombres, recuerdos, olvidos y hasta un par de sortijas.
Con los dedos casi congelados rompí tradiciones y tiré mandatos y a punto de quedar sin resuello, pero con toda la fuerza de la que fui capaz, derribé estructuras, pisé palabras y con un lápiz taché uno a uno todos los planes.
Ahora son mis manos las que están sobre el teclado y soy yo la que está en bata con las piernas cruzadas y recién bañada, la misma que está fumando el quinto cigarrillo del relato mientras la taza de té vacía descansa en silencio junto al cenicero lleno de colillas.
Hoy Athos no está dormido, es raro pero ladra como si supiera que la que escribe desnudando el alma, mostrando el lado vulnerable, en una casa casi vacía y cerrando la mitad de mi vida, soy yo.

“Ella” se despide, se queda en el camino, como se quedó para morir aquella noche una parte de mí mientras yo me levantaba para torcer la historia de mis días.

Sé que escucharé sus tacos en alguna esquina vacía
y la veré pasar con las manos en los bolsillos y las mejillas frías,
lloraré sus lágrimas
y reiré sus risas,
pisaré su arena
y, tocando su brisa,
me sentaré en sus escalones
recordándola como una parte mía

31 de agosto de 2012

En la arena

Tiene ganas de mil cosas y también tiene ganas de no tener ganas. Quiere dejarse llevar, ir, irse. Necesita abrir el espacio para sentarse en silencio a lamerse las heridas y exorcizarlas entre los dedos.
Hay tiempo, Ella sabe que lo hay, pero en la boca del estómago un puño de sangre vocifera cansancio y las lágrimas rompen el dique haciéndose río e inundando su cauce de ahogo.
Frena por instinto el inevitable destino, espanta pensamientos a los gritos y con las manos se tapa los oídos. Siente que no alcanza, se afloja… trata.

Un nudo en la garganta la ciega, se da vuelta y lo increpa.
Parece que está sola en la arena, pero no,
están Ella y su historia, desnudas y frente a frente,
en una lucha de iguales,
encarnizada y vehemente.

29 de agosto de 2012

Esfumación

Se derrite, se apaga, se desvanece, se volatiliza. Etérea, fugaz, invisible, húmeda, noche, oscuridad.
Callos en el alma, jirones de piel en las espinas, sangre en la tierra, pies en carne viva, manos frías, mente a la deriva.
Salvaje, rebelde, contenida, desbocada, indomable, flexible, compasiva, reflexiva.
Ausente, silenciosa, misteriosa, vacía, insondable, impredecible, tormenta, deriva, calma, relámpago, golpe, esquiva.
Distraída, observadora, sensible, tímida, blanca, transparente, sostenible, paciente, multifacética, desdoblada.
Una flecha al blanco, un arco en descanso, Los Girasoles de Van Gogh, La Tentación de Dalí, las curvas de un Rubens, la nota de un Stradivarius, la cuerda de un bajo, la forma de un saxo, un solo de piano.
Camaleónica, clásica, armónica, sensata, lógica, dialéctica, arriesgada, resuelta, libre, evanescente, extraña, risueña, asequible, demudada, perseverante, noble, ágil, precipitada.
Bosque, desierto, selva, río, montaña, valle, hielo, playa, fuego, aire, tierra, agua, raíces y alas.
Adjetiva esfumada, sustantiva desmarcada. El filo de una navaja, mitad animal, mitad humana, una mezcla equilibrada, un centro de pasada, el vaivén de una hamaca, la risa en la mirada, el sosiego en el alma y la paz en la pisada.

24 de agosto de 2012

Es posible

Está en bata, con la toalla enroscada en la cabeza y sin anillos salvo el del pulgar derecho, cero maquillaje, teclado y cigarrillo, té negro, uñas blancas y piernas cruzadas.

(Este es un relato inusitado, entregado en cuerpo y alma, contado a través de Ella pero mío. Raro, pero en este momento me trasladé a su espacio y estamos a metros de los escalones blancos)

Los días que durante tanto tiempo se le hicieron eternos se convirtieron en segundos condensados que pasan apurados y que Ella quisiera detener entre las manos. Aprieta los labios, no puede evitarlo pero se escapan de sus ojos bosque claro, lágrimas de una larga espera, la sensación de haber llegado, el dolor de arrancarse el luto sin reparos y el darse cuenta de que el árbol que creyó seco, ahora está brotando.
No está sola, llegó a su remanso, a ese lugar del río que le susurra tranquilo al oído, después de tantos años, que es posible enamorarse amando.

21 de agosto de 2012

Ojos

Es temprano, Ella no acostumbra a escribir a esta hora, por eso en lugar de té hay café pero no faltan ni los pies desnudos, ni el cigarrillo, ni el pelo recogido.
También hay demasiada luz y algunos ruidos pero logra que sus dedos tranquilos escuchen lo que su alma siente y con paciencia hagan la alquimia de ponerle letras a algo que carece por completo de ellas.
Se recuesta en la silla, se le hace difícil, se detiene el teclado, sus ojos están fijos en algo, su mente pasea por otro lado y adentro un mar calmo se niega a la magia del diálogo.

Están quietas
Ella
y sus manos
mira lo que escribió
sonríe
salvo esto
en lo que no dice
está el resto

9 de agosto de 2012

Camina

Si camina el camino de su vida, si es cierto que cada final es un comienzo, si llegara a ser verdad, y si después de todo este tiempo de andar volviera a empezar, entonces, y sólo entonces, va a creer que es posible amar.
Alguna vez hubo un principio y también un final y llevó mucho tiempo llegar hasta acá. Ella no cree en nada y cree en todo, en el vacío encuentra lo que necesita, ahí está lo más importante, y si lo que tiene hoy en las manos no es nada y si lo importante está en ese vacío, entonces tiene todo.
No es momento de cuestionar ni de pensar, justo ahora es momento de caminar, de caminar sin miedo, en silencio, tranquila, sin suspenso, sin medir los pasos, confiada y sin temor al desafío de caminar lo desconocido.

Ahora es el tiempo.

Se deshace de la corteza después de tanta espera
y le dice que lo ama y que no le importa la respuesta…



5 de agosto de 2012

Distancia cercana

Están juntos
se evapora el tiempo
desaparece el sueño
entrelazan los dedos
se buscan en un beso.
Él sonríe
ojos achinados
pelo entrecano
bigote blanco
labios amados.
Se miran
sacan la cuenta
parece mentira
pasó media vida.

…son obstinados,
 ninguno pone en palabras lo que les pasa,
se aman hacen treinta y cinco años
y se lo siguen diciendo sólo con la mirada…



Refugio

La casa no está vacía, se levanta, sin palabras, café, sola y el primer cigarrillo de horas.
Un puño cerrado en la boca del estómago la cuestiona. Se va para afuera, sin campera, no hace frío y apaga el cigarrillo entre las ramas de la hortensia sin hojas.
Es un solo signo de interrogación, raro, tan raro que se embota. Siente la mente en blanco, las preguntas están en otro lado, pasan como por el costado, no pertenecen a este mundo pero a Ella le sobran y teme que se le metan en el sueño y exploten la burbuja en la que hace treinta y cinco años flota.
Está pasando, lejos, cerca, adentro, en algún lado indefinido y alado. No lo entiende o lo entiende demasiado y no se equivoca.

3 de agosto de 2012

Inspiración

Un descanso, un destiempo, un espacio, una ausencia, un ondular a merced de cualquier viento, una tolerancia maleable, una oportuna pertenencia, un sereno desenfado, un arrobarse en la nada, un dejar las cosas en las manos “esas” que no se ven, en las mismas que acarician sin tocar, en las que Ella se deja llevar.
Un evadirse sin excusa, un deshacerse sin pretexto, una espera en franca decadencia y un saber que las palabras se repiten aunque no se repitan los labios que las besan.
Está acodada en el primer escalón de madera blanca y suave, con la cabeza de lado, el sol en la mejilla, los dedos cruzados y “haciendo” que escucha por primera vez un disco más que gastado, rayado de bizarro y trillado como pasto muy pisado.

…y así, suspendida en el limbo de la espera,
una risa abierta, franca y sincera
le sale del fondo del alma
y sacude sin remedio la panza de la tierra…

7 de julio de 2012

Estar sin estar estando

Hoy la abraza una frase que se le hace carne con los días, una frase que la lleva por un camino virgen y lleno de anchura y que la sumerge en la más clara y absoluta negrura.
Está pasando por un raro mareo anunciado que la trae de lado, en donde los enredos son moneda corriente y las palabras un chismerío barato. Ella acomoda el barco y sigue remando, aunque esté cansada de planteos, de dar rodeos, de buscar entre los reos, de separar con los dedos y de tener que irse al centro para no perderse en los recovecos.
A esta altura de su vida y con casi todo ya resuelto tiene entre sus manos un dilema que la atormenta y que al mismo tiempo le da la tregua que necesita para entonar su canto en solitario y seguir cosiendo los vestidos de este luto despiadado.
Ya nada la detiene ni le impide ser quien es. Lleva la verdad en un puño y en el otro la paciencia de no conocer el apuro. El miedo es un ridículo que se arrastra a sus pies, la risa un estallido espontáneo que pone todo del revés y las lágrimas un claro indicio de la fragilidad de ser.

Sabe que en el universo no quedan huellas de sus pasos,
como sabe que no quedan huellas en el cielo
del vuelo de ningún pájaro…

22 de junio de 2012

2.37 am

Recién se terminó de bañar, y pudo palpar cómo, con cada gota de agua, se iban yendo los humores del día y los mil olores que la perseguían.
La casa zozobra en un mar de silencio, la brasa del tercer cigarrillo se apaga y Ella descalza, con el pelo suelto y en bata, desata el día que la mira y tira lo que no le sirve como si fuera otra colilla.
Sigue acá, no se quiere ir a dormir, como si terminar el día fuera un sinsentido, cuando lo empezó confusa, corriendo y aterida de frío.
Se queda en ese remanso, en algún recodo del río, en lo místico de lo que no existe y en la frágil magia de lo que escribe.
Las letras son su paraíso, la fuerza que la mantiene en vilo, y un largo y viejo vicio, igual que el café y el cigarrillo.
Su refugio son sus manos y la calma que le da el teclado, sola, con el perro dormido, sin un solo ruido y perdida en el humo de otro cigarrillo.

El día clama por partir
pero Ella, obstinada,
no quiere dejarlo ir

Una ráfaga

Estaba tranquila, sola, despreocupada, ociosa y con mil libros para leer tirados en la alfombra. Afuera, una calina amodorrada reposaba en la arena blanca como un velo inmaculado de novia recién casada.
La sensación de que todo estaba acomodado la estaba abrazando, al fin, después de tanto esperarla. Pero de pronto un viento atolondrado y malcriado sacudió puertas y ventanas, haciendo volar vidrios, mezclando las hojas de los libros y arrancándole de un tirón el broche que sujetaba su pelo despeinándola por completo.
Una semana duró el ventarrón, una semana de dejarse llevar por una brisa que se convertía, por momentos, en el tornado más violento. ¡Una semana!
Hoy ha vuelto la calma. Repuso puertas y ventanas, juntó páginas, encontró el broche y se ató el pelo revuelto, barrió letras y reproches sin tino, quemó caras y olvidó nombres, y cuando se sentó, respiró lástima…
Ya no le afectan estos cambios repentinos, ya los ve venir y los sigue, sabiendo que son puro deleite para el bochorno divino. Está acostumbrada a estas humoradas, ya restauró tantas puertas y ventanas que tiene pulido el oficio.
Si supiera la vida, que de tantos desatinos ya nada la sorprende, dejaría de ponerle en el camino a toda esta gente sin garbo ni destino y la acomodaría entre algodones para que tranquila, siga leyendo sus libros…

21 de junio de 2012

Una fecha

Un silencio apagado y cálido se cierne sobre ella en esta noche oscura y helada, mientras por su mejilla una lágrima resbala callada y clara.
Hoy está marcado desde hace un mes en el calendario. Hoy hace un mes se animó y saltó.
Mientras esperaba hizo un mapa y lo llenó de indicaciones. Meses pasó sentada en el banco de la estación despidiendo vagones mientras con un lápiz rojo marcaba la ruta y recorría con los dedos la fina línea por donde quería ir.
Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta de que un tren quieto pero en marcha la aguardaba, hasta que sintió que el ronroneo del motor la llamaba. Fue un impulso agarrar el bolso y saltar dejando el andén, en ese momento no hubo explicación y hoy, desde hace un mes, sigue sin haber un porqué.
Anda a tientas, no tiene idea de lo que le espera y en esta ceguera va tocando despacio para no asustarse, preguntándose qué es y respondiéndose no sé.
Hoy está marcado en el almanaque, con el miedo de los grandes y con el “no le pongas nombre” de los que en la inocencia saben.

(Sólo las vías son testigos de lo que encierra el camino)

20 de junio de 2012

Veces...

Un día gris de esos en donde los minutos hacen eco y tardan el doble en pasar y perderse en el eterno. Un día sofisticado, lleno de cosas pero vacío de significados. Un encontrarse de vuelta subida a la calesita y sin la sortija.
Recorre la casa vacía sintiendo que el tiempo se ha detenido en algún momento, y mientras se mira en un millón de espejos, pasa las manos por cada superficie de arena convertida en reflejo acariciando mil mejillas frías con los dedos.
Descalza trata de sentir el suelo, pero es como si volara, hoy no siente nada. Tiene un hielo en el pecho y un rictus cósmico en los labios, no hay mucho para hacer, no está para correr, no se quiere perder ni seguir sombras que sabe se van a desvanecer.
Hoy en su teclado carece todo de entonación y la melodía monótona de sus pasos en sordina le cuenta un secreto prudente y discreto que Ella quisiera estrellar en el suelo…

10 de junio de 2012

Oscureciendo y aclarando

Tardísimo, la verdad es que es más tarde que nunca pero porque hoy se levantó tempranísimo. Eso sí, no faltan ni el té ni el cigarrillo, ni las piernas cruzadas ni el silencio ni el perro dormido, y es raro, pero tampoco hace frío.
Ayer la película pasó y se perdió, Ella cree que fue a parar al recuerdo del olvido, pero todavía no está segura y va a dejar que el tiempo le cuente mientras pasea el camino.
Hoy la cosa fue distinta y con el morral casi vacío siente que en las manos tiene tanto y ¡tan poco tiene sentido!
Nunca hay palabras para describir una mirada y menos para contar la verdad que gritan bajo las sábanas los dedos que en la oscuridad se buscan y que al encontrarse quedan unidos.
El miedo mantiene a recaudo los sentimientos, las palabras que dicen que se lleva el viento en realidad quedan suspendidas en el limbo, las defensas fortifican las paredes de la docilidad y el sueño materializa el deseo. El ardor es tan fuerte que no es posible la distancia y por más que se empeñen las palabras, los gestos son la hazaña que construyen el día a día y hacen que las miradas se hundan cada segundo en el fondo del mar del afecto y en la estrella más alta del firmamento.

No hay nada seguro, eso es lo cierto. Lo único que Ella sabe es que el oasis sólo va encontrarlo en el desierto…

4 de junio de 2012

No, por favor, hoy no

Está sentada con las piernas cruzadas, entre el humo de un cigarrillo, la taza
y las cosas que, como de costumbre, se le dibujan calladas.
Sobra lo que no tiene ganas, pero igual escribe lo que le va dictando el alma
aunque se le escapen las letras
aunque sienta el asco de seguir vomitando esperas.

¿Será que al sentarse sin ganas no hay nada?

Y llora, y las lágrimas no aflojan
Y duele, y el dolor la dobla
Y se hace largo, y no hay descanso
Y el desgano ganó
Y ya todo la hartó

Por eso por favor no, hoy no.

Una simple manzana

Apoya lentamente los dedos en el teclado y los mira. Tiene las uñas blancas y las venas contraídas. Hace frío y llueve y hoy nada le calienta las manos.
Echa un vistazo a su alrededor y descubre que a sus pies descansan todo tipo de cadáveres de distintas calañas, son las frutas maduras que le están cayendo en la cabeza desde hace añares.
Observa que a algunas ya se las tragó la tierra y pasaron a formar parte de otra agenda, otras yacen ahí, semidesnudas, huesudas e impúdicas pero famélicas y definitivamente indeseables.
Hay más, recién caídas, algo estropeadas por el impacto pero todavía conservan el garbo y por fuera “parecen” intactas.
Ella está sentada como Buda pero no debajo de una higuera, sino debajo de un árbol atribulado, genéticamente manipulado y lleno de frutas de diferentes texturas y ¡ninguna le gusta! ni las que ya han caído ni las que todavía no maduran.
Hace lugar en la tierra que la rodea, limpia con las manos todo rastro de choque y trata de no respirar el olor nauseabundo del arrastre más absoluto.
Ya está, ahora puede ver que bajo su cuerpo no hay nada que ensucie el verde pasto que se alimentó de las primeras que aterrizaron y que ya casi olvidó.

Sonríe con picardía…
¡Y pensar que una simple y sencilla manzana bastaría!

25 de mayo de 2012

Abúlica

Son casi las cinco de la tarde, una hora rara para escribir, rara en Ella que escribe cuando ya todo el mundo se fue a dormir.
Tiene algo entre los dedos pero se siente apática y abúlica y a pesar de que está al borde, acariciando la primera ficha del dominó, su desgano es tan grande que roza el inconsciente.
Todavía está en pie pero no sabe cómo, frenada pero andando discurre en lo estanco y nada en lo seco.
Con una incoherencia absoluta se esconde en el luto ajena al mundo, vecina de nadie, descalza y oscura.
El centro, diluido y discordante, no escucha, no ve y no siente.
Anestesia y coma profundo.
¿Interrogantes? Ninguno

24 de mayo de 2012

Planteos

Son las cuatro de la mañana y recién termina de ordenar las risas y todo lo que quedó regado en la cocina. Hoy hubo en su casa una reunión de amigos y entre copas de vino, charla y cigarrillos se abrió un debate más que interesante. Ya son todos grandes, más de cuarenta, más de una pareja, más de un desconsuelo, más de un desencuentro y más de una historia contada entre la seriedad y la carcajada más sana.
Todos tienen su punto de vista y no hubo juicios, no tienen sentido. Nada es correcto o incorrecto y todo es más que sencillo.
Pero cuando la casa quedó vacía, Ella se hizo un té y prendió un cigarrillo y entre sorbo y sorbo estudió con detenimiento la maraña de cavilaciones y planteos que en la charla se sucedieron.
Se queda con las carcajadas sinceras, con las miradas de sorpresa, con los ¿quién es? ¡no me digas! ¿en serio? y con todo un manojo de bosquejos a los que hace rato les está haciendo un sondeo.

(Se apoya en el silencio de la taza de té vacía mirando la puerta de la cocina
…todavía puede escuchar las risas…)

En los intervalos

Si hay algo que Ella maneja con soltura son las letras, en su mundo hay tanto lugar para ellas que no duda en vocalizar cuanto pueda. El tema son los silencios que no la mencionan, esos espacios que hay entre respiros, esos resquicios que quedan vacíos, esos diminutos y fugaces instantes que la muestran desnuda cuando se hacen palpables. Ahí es en donde está su esencia, es en ese lugar en el que hay que enfocar para conocerla.
No es posible poner en palabras esos intervalos. Hay quienes lo intentaron y se marearon, saliéndose tan rápido como entraron, pero están los otros, esos que se perdieron porque se quedaron pensando.
No hay peor centro que apuntar a lo que dice, porque Ella va cambiando, enroscando, atando y desenredando y encontrarla en esa madeja no es para cualquiera.

Por eso no la busquen en las letras,
sino en los silencios que hay entre ellas…

Piedritas en el zapato

En este último tiempo camina raro, ya no va tan resuelta por la calle ni se escucha el taconeo de sus pasos. Parece que algo se le ha metido en los zapatos.
Dispuesta a acabar con la molestia se sienta en el sillón y con parsimonia se descalza, vaciando el contenido de las botas sobre la mesa ratona. Lo mira, parece la playa de un mar que estuvo enojado y depositó lejos de su agua todo lo que encontró enterrado.
Ensimismada con la tarea que tiene por delante empieza a separar el desparramo haciendo pilas por tamaño, son muchas, más de lo que había imaginado, entonces no le queda otra que cruzarse de brazos y estudiar esos médanos, tratando de descifrarlos.
Los más grandes son los más molestos y los deja para el final. Empieza a desgranar los más pequeños tomándose su tiempo, y uno a uno los va deshaciendo hasta que no queda ni rastro entre sus dedos. Pero le quedan los otros, esos que le hacen difícil el andar, esos que apagan su taconeo y la hacen caminar raro en estos tiempos.
Se tira para atrás, se apoya en los almohadones y vuelve a cruzar los brazos sobre el pecho.

¡Hasta que en la mesa no quede sino la madera no se piensa volver a calzar!

15 de mayo de 2012

Reticente corazón

Un sol tímido de otoño se cuela entre las ramas y le ilumina la cara en esta mañana sosegada de café y una almohada demasiado alta.
Tiene el alma desorbitada, los latidos desordenados, las manos tímidas, las palabras calladas y una voz que le susurra al oído pero que no alcanza para calmarla.
Se sienta con la espalda pegada a la pared, entrecruza los dedos y apoya los codos en las rodillas. No puede cerrar los ojos y todo lo que ve está colgado en el aire con hilos de oro que bailan entre las luces la danza del ¡vaya uno a saber!
No quiere preguntarse nada, su cabeza es una maraña de autopistas llenas de enloquecidos pensamientos y a Ella le queda a trasmano un coherente seguimiento.
Desiste del intento, no quiere saber nada, y obligada a ver ese desastre y sin más remedio que danzar en el aire, decide quedarse aunque no haya escoba capaz de barrer el enchastre.
Se levanta a duras penas y patinando en el barro esquiva como puede los hilos tratando de no enroscarse. Difícil tarea le ha dado la vida poniéndola a la cabeza de tamaña empresa, pero nada es imposible y como todavía le queda alguna que otra reserva de fuerza, llega a la puerta y la abre.
La luna que hay esta noche ilumina los escalones y camina confiada lejos de la maraña y más cerca de su alma.
El silencio, el té y el cuarto cigarrillo del relato acaban con este día, y con casi nada que cargar en la mochila, se dirige a algún lugar, cerca y lejos de donde está, con el vestido blanco ondulando en la brisa, los pies en la cornisa y la locura dibujada en la sonrisa.

Escrito el 13 de Mayo de 2012

9 de mayo de 2012

Repetición

Dice Heráclito que uno no se puede bañar dos veces en el mismo río, pero esta vez parece que no es así porque Ella se encuentra en la misma situación que hace meses atrás, en exactamente la misma fotografía.
Le da vueltas, la estudia, escucha las palabras como si el tiempo se hubiera detenido en algún instante del pasado y estuviera patinando. No entiende y se pregunta qué es lo que pasó en el medio, entre aquel pasado y hoy, cómo es que la vida la pone casi con los mismos personajes, en el mismo escenario, repitiendo las mismas sensaciones, sintiendo los mismos sinsabores y teniendo que esperar los mismos tiempos. No se lo explica y siente que es una pelota en los pies de la vida.
No se ríe, no llora, no le duele, no le arde, no grita, no habla, no nada. Sólo está perpleja, paralizada, quieta, encerrada y sin palabras.
¿Tiene que torcer o tiene que esperar?
Para torcer tiene que reaccionar y si se pone a pensar en cómo hacer, el tren se le va y no son cuentas las que tiene que hacer.
Si se sienta y espera con esta tranquilidad muerta que hoy siente, la acción surgirá, aún sabiendo que se va a acumular polvo en el espejo y después lo va a tener que limpiar…
La verdad es que la única diferencia es su apatía, su incredulidad y este cansancio que se le hace eterno y se pone rancio a cada momento.

Una estatua que respira
Un rictus mudo y sordo
Un letargo confundido y solo
Un hartazgo de asco en los poros
Un querer tirar la piel y los ojos
Una simpatía confundida
Una confianza desconfiada
Una moneda con dos caras
Una rueda que no gira
Y una mentira hecha sortija

Escrito el 9 de Mayo de 2012

Otra vez

Está nerviosa, no durmió bien, no se acuerda si comió y menos que menos lo que tiene que hacer.
¡Cosas y más cosas! toda Ella es un cúmulo sin fin de cosas, es como si estuviera parada debajo de un árbol de frutas maduras y le cayeran en la cabeza una a una sin terminarse nunca.
Trata de poner algo de orden, pero su mente es un torbellino, imposible concentrarse, hacer números, apretar el freno, no pisar al resto del mundo y sobre todo mantener el rumbo ¡imposible hacer todo eso junto!
La vida no se enteró de que no da más, ni se dio por aludida, por eso todos los bichos giran a su alrededor como si fuera una lamparita encendida.
¡Qué ganas de desaparecer que tiene! Mira cuánto marca la aguja del tanque de nafta y después cuenta la plata que tiene en la billetera, le alcanza, pero no para esfumarse.
Intenta parar un segundo y respirar hondo, pero el aire le entra de a trozos y suspira, como último recurso, aunque sienta que es poco.
Quiere estacionar y para variar no encuentra lugar. Autos, caras, cuentas, propuestas, locura absoluta en el centro a las once de la mañana.
Necesita irse a casa para inmolarse en una taza de café y perderse en el humo de un cigarrillo.
Llega, se sienta y mientras la taza de café y el cigarrillo la centran, espera que la “tranquilidad” haga acto de presencia.

(Ya hacen dos horas de esto y nadie ha tocado a su puerta…)

Escrito el 4 de Mayo de 2012

¿Y ahora?

Está en una encrucijada y el camino se divide así como un cuchillo divide una manzana, Ella está en el medio y con los pies bien juntitos… un peligro, cualquiera viene y con un soplido la voltea como si fuera un palito.
Ya se ríe, no le queda otra. Es tanto y está todo tan dado vuelta que la carcajada más chica se escucha en la otra punta del planeta.
No sabe adonde meterse ni cómo esconderse, se imagina desaparecer de una forma coherente, tal vez un arma capaz de hacerla átomo en el éter pero en la casa hay tal lío de perlas que sería otro fastidio.
Es un desastre después de la tormenta, tiene hasta el sueño hastiado, toda ella es un manojo de capullos mal atados, un payaso mal pintado, una puta después de una noche de trabajo.
Todo está apretado y revuelto en un cajón, quiere abrirlo pero una risa histérica le impide la operación. Intenta espiar lo que hay adentro, pero es tanto que se escapan las cosas por los costados. Ve pedazos de papeles y chocolate en un grano de café, la punta de un taco clavado en un as de corazones, la cáscara de una naranja apoyada en un escalón, la aguja de algún reloj enredada en la cuerda de un bajo, la tecla de un saxo hablándole a un fleco gastado…

Corre despacio las manos
Es otra caja de pandora
¡Y está llena de diablos!

Escrito el 2 de Mayo de 2012

2 de mayo de 2012

Que no ando

No ando inspirada, más bien “cabizmunda” y “meditabaja”, por eso no me hablen que no quiero escucharlos ni escucharme decir nada.
Si rima lo que escribo es porque se me escapa el hilo y como tengo la vida cansada y ampollada el alma y respiro abajo del agua, flotan mis suspiros.
Hay un arma en mis manos, cajones llenos de balas, una mira que me mira, mi dedo en el gatillo y la punta del revólver en mi espalda…
¿Les dije que no quiero escuchar nada? Pensé no me habían oído. Sepan que tengo un dedo en la espalda y la punta del revólver en el gatillo.
¿Loca? ¿Quién lo dijo? ¡No! Yo de lo loca no tengo ni el rabillo, aunque rabo tampoco tengo, ese lo tiene mi perro, este que tan tranquilo está durmiendo al lado mío.
¿Sueño o desvarío? Sueño que desvarío, no se olviden que tengo el dedo en la espalda o ¿era en el gatillo? ¡Vaya! Ya ni sé lo que digo.
Bueno, sí sé lo que digo pero no tengo idea de lo que escribo, sepan que habiendo un arma involucrada mediría las palabras o el dedo que tengo en la espalda abriría un hueco en el gatillo y el perro se despertaría y sobrarían las balas y no estaría más “cabizmunda” y “meditabaja” y ustedes... ustedes podrían decirme lo que quisieran que yo... ¡que yo no escucharía nada!

No es

Hace un tiempo decidió que no negocia ciertas cosas, son sólo un puñado, casi menos que los dedos de una mano.
¿Por qué no negocia? Porque entendió que hacer una transacción cuando de esas pocas cosas no se cumple ninguna es tan riesgoso como poner billetes en una licuadora, pura pérdida, pura lucha, algo así como tratar de encajar un círculo en un cuadrado, por más fuerza y buena voluntad que le ponga cuando hay cosas que no van, no van.
Puede darle vueltas al asunto y tratar pero ¿a qué costo? Y sobre todo ¿está dispuesta a pagar?
La respuesta como siempre surge clara de su centro y aunque por ahí en algún momento tambaleé, el NO es tan grande que igual hace pie.
No quiere pagar el precio, no quiere luchar, no quiere negociar, no está dispuesta a perder tiempo, no quiere ceder espacio, no tiene ganas de andar de acá para allá, no quiere entender porqué ni va a deambular esperando que el cubo encaje en el redondel. ¡No señor! O las piezas encastran de entrada o tira el rompecabezas junto con la caja.
Y sí, estamos hablando de limpieza y Ella es una maestra, es que ya tiró y quemó tanto que prender un fuego, subir cosas al auto o meter todo en un pozo no le cuesta ni una gota de cansancio y encima cada vez es menos complicado.


 

1 de mayo de 2012

Día a día

Se pasa los dedos por el pelo suelto, está en el suelo, cruzada de piernas, con los ojos cerrados porque no hay nada que mirar, los hombros relajados porque no hay carga que llevar y meciéndose abstraída, como una india, en la más negra oscuridad.
Extiende los brazos y toca la existencia de dos bandos, siente que el odio y el amor son uno, que atrás del sol se esconde la luna, que la oscuridad es el único modo de ver la luz, que la muerte le susurra a la vida en el oído, que la tristeza hace clara la felicidad, que el blanco deviene en negro, que la montaña se hace valle y que el sí es un no rotundo en un segundo.
Abre los ojos, sigue a oscuras en la habitación, siente que la alerta que aprendió en estos años la hace consciente del estado en el que está y cuando se ve llegando a uno de los lados, al instante tuerce y se va para el otro. Le cuesta trabajo, no es tan simple como parece, porque a veces, en el caos, es el golpe el que le avisa que llegó y queda atontada y algo desbarajustada y en la boca el gusto a miel y hiel le señala, sin asco, el fatídico resultado…

Extremos, orillas, contrapesos, siempre son dos y siempre es torcer al llegar, pero para volver a partir.

¿Y el equilibrio para vivir?
El equilibrio es ir y venir.
¿Y el precio para no morir?
El precio es no quedarse y seguir…

Es raro de contar

Llegó hace un rato y todavía no se sacó la ropa, eso sí, las botas de taco alto volaron ni bien entró.
Se sienta frente a la máquina, pero de pasada ve que en la mesada quedaron sin lavar dos tazas del café de la tarde, y en el cenicero de margaritas, colillas de dos marcas distintas.
A esta hora ya las hebras de té tiñeron el agua de su taza, como tiñeron hace unos días las cosas de oscuro algunas palabras mal interpretadas, es por eso que hoy sintió que tenía que decírselo, y no le dio vueltas, ni lo pensó, no le importó, empezó y terminó, entró y salió, y acá está, con algo que es raro de contar.

Se hizo tarde y todavía está vestida de negro, pero junto a la taza de té vacía y lleno de colillas de dos marcas distintas sigue el cenicero de margaritas…

Escrito en Enero de 2012

En algún lugar

Tiene las manos casi quietas sobre el teclado y la verdad es que no sabe bien en donde está. Los ruidos de la periferia suenan lejanos, incongruentes, irreales y bizarros, y las pocas palabras que logra ensartar, quedan mal.
Tardó una nada en bucear hacia su centro y siente que entre los dedos se le desarmaron los collares y hay perlas regadas por toda la casa.
¿Qué pasa?
Se mira. Está parada sobre la alfombra descolorida y gastada, tiene el pelo suelto, los brazos abiertos y los pies separados a un ancho de hombros como si estuviera capeando un temporal, pero está adentro y adentro no sopla el viento…
No entiende, su cara es la de una impávida estatua, no se le mueve un solo músculo, no siente nada.
Adormecida y cansada sigue ahí, parada, justo en el centro de la sala, con los hilos de los collares entre los dedos y todas, pero todas las perlas desparramadas por la casa.

Escrito el 30 de Abril de 2012

Vueltas

Hoy es el último día de algunas cosas, decidió que lo mejor era abrir la puerta, subirse al auto y seguir. Ya está, no hay vuelta atrás, porque no quiere convertirse, como la mujer de Lot, en estatua de sal. Es consciente de que hoy vuelve a casa, y sabe que vuelve para volver a empezar.
Aprendió en estos meses a callar y a leer las miradas y el corazón de su amiga del alma. Ahora está tranquila, sus tripas ya no gritan, el viento dejó de silbar y el polvo que había en el horizonte se terminó de asentar.
El sol entra de a ratos por la ventana y a tropiezos le calienta la espalda, a esta hora hay café junto al cenicero y tres cigarrillos que se acaba de fumar, está descalza, y como cada vez que se sienta frente a la máquina con las piernas cruzadas, el silencio le habla.
Sabe que la vida es un juego cerrado que se muestra al tranco por eso Ella confía y como puede le sigue el paso. Tiene en claro que el pasado no se puede cambiar, que el futuro no se puede adivinar y que el presente es para caminar, nada más.

Escrito el 28 de Abril de 2012