21 de enero de 2015

Gracia

Hay demasiado que callar, mucho escrito sin terminar y mucha cosa dando vueltas que no logro cerrar.
Marzo se acerca mientras mi año, por fin, se aleja. Digo por fin porque me está dejando deshecha, porque todavía quedan algunas madejas sin desenredar en mi cabeza, porque la tormenta sigue y yo, cansada de andar con la ropa empapada de tanto afuera, tengo que seguir con ella.
Sé que éstos serán tiempos de pura paciencia y espera, de tecleo lento y máxima alerta aunque el agobio sea el que me lleve a cuestas, aunque no halle las respuestas y lo obvio me obligue a reír sin que me vean.

8 de enero de 2015

Placebos

Hoy se me ocurrió que para los dolores del cuerpo hay mil soluciones pero para los del alma no hay remedio alguno en las farmacias.
También he dicho que ni más millones de los que pueda contar surtirían el efecto mágico de evaporar lo que siento o de hacer desaparecer lo que veo. Hasta podría decir que los miraría con el mismo desconcierto que mira un libro un analfabeto.
Y es que la vida duele cuando se hace carne en el alma, cuando de la ignorancia uno pasa a “darse cuenta” de que ella es toda miradas risueñas, recodos y una infinita sorpresa de imperceptibles modos.
Alguna vez la comparé con el agua del río y siento que no me equivoqué. Fluir con ella ha sido y es maravilloso, aunque debo reconocerle la fuerza cuando las veces que le hice frente como una roca obstinada y para hacerla caber en mis planes quise desviarla, ella me fue desgastando hasta convertirme en un espeso y frustrado fango en donde sin remedio se hundieron las ruedas de mi carro.
Por eso sé que no hay nada más duro que el viaje hacia adentro, no existe dolor en el cuerpo capaz de superar el desgarro interno y para calmarlo no hay remedio ni placebo en todo el universo, sólo la conciencia de saberse lágrima y diluirse en su océano.

18 de diciembre de 2014

Balanceando

Este no fue un año de tacos ni de ojos pintados. Tampoco Ella se paseó mucho por mis letras, más bien permaneció callada, casi olvidada, como si a propósito y para que no me doliera todo tanto, me hubiera hecho a un lado.
Mis pasos, “titubeosos” a sabidas, fueron de sacudida en sacudida y mis manos, otrora briosas anduvieron con miedo por el consabido riesgo de ligar en cualquier momento y sin asco un hachazo en los dedos.
No faltaron los cambios ni las rutinas. Tampoco fui ajena a las renuncias, a las pruebas, a la búsqueda y a la basura, ajena y mía.
También se hicieron presentes muchas de “esas sorpresas” que siempre digo que no me gustan y tuve que hacer acopio de ánimo para tragarlas aun sabiendo que fueron derechito a alojarse en mi alma, como para no olvidarlas.
Balanceo mi estado de cuentas y veo ganancias y pérdidas, sumas que suman y sumas que aunque no lo crean, restan.
Por la ventana amanecieron más soles escondidos que días con destino, y se sentaron a mi mesa noticias desacompasadas, silencios en cascada, argucias blancas, verdades veladas y mudas palabras.
Sólo una vez he perdido los estribos, las demás cóleras pude manejarlas en forma calmada mordiéndome la lengua con paciencia acertada.
Durante este tiempo también se materializó la desesperación y la impotencia que implica ver más allá y saber que no debo hablar.
Todavía sigo caminando al lado de situaciones que no puedo revertir, fantasmas que no quieren partir, dudas sin digerir, relatos que debo parir, seriedades que no puedo obviar, muertos que pueden resucitar, escombros que aprenden a volar, nombres que no quiero escuchar, látigos que me niego a blandir, percepciones que tengo que probar, hechos que no puedo negar, tumbas sobre las que no voy a comulgar, torpezas que no quiero barrer, cosas que a la larga se van a manifestar, esperas en las que confiar, acicates que no voy a excusar, estigmas que no puedo borrar, especulaciones que rescindo hacer, armaduras que no voy a vestir, torpezas que no pienso admitir, resentimientos que espero humillar, crueldades que no voy a tolerar y cansancios que no voy a ocultar dibujando en mis labios sonrisas tristes para los demás.

Y al fin con el hilo de estas líneas logré coser el sayo de este año y aunque entre puntada y puntada hayan volado mis tacos todavía conservo el garbo y sigo caminando, con cuidado eso sí, para que no se me rompan dos sueños que después de tanto se perpetúan entre mis manos.

27 de noviembre de 2014

Silencio locuaz

Me gustaría inventar una palabra que le diera nombre a esos espacios que suenan sordos en los oídos pero que para mí dicen más de lo que a veces estoy dispuesta a masticar.
Muchos dirán que lo mío es brujería, invento o imaginación pero voy a contarles algo: la vida me mostró y me sigue mostrando tanto en esos milímetros vacíos que para no verlos hasta se me ha ocurrido escribir todo de corrido.
Es que voy a ser sincera, secretos y muertos todos tenemos, lo que no todos tienen es el maldito don de verlos. Y digo bien, para mí es una maldición porque no sólo debo masticarlos sino que con la mejor cara de estúpida tengo que hacer de cuenta que no los veo, cuando las explicaciones o palabras a esta altura de mi vida carecen por completo de sustancia porque los hechos ni siquiera me hablan sino que me gritan con toda el alma.
En fin, espero sepan comprender la altanería con la que hoy me desnudé, cosa que no suelo hacer, pero me revuelve la estupidez y más cuando piensan que yo me la voy a creer.

Documento en blanco

Dicen por ahí que hay que dejarse sorprender pero no estoy muy de acuerdo con eso. La verdad es que no me gustan las sorpresas y me encantaría esquivarlas, pero sé que no es posible por más empeño que le ponga, por más fintas o volteretas que haga.
El tema es que uno nunca termina de conocerse y ni hablar de conocer a los demás, tarea imposible si las hay. Por eso hoy el relato se llama documento en blanco, por eso hoy disiento con lo que “dicen”, por eso hoy escribo esto y por eso hoy mis dedos discurren por mi querido teclado, como aclarando.
Suelo ser breve y dejar mucho a voluntad del lector, y esta no va a ser la excepción. La cuestión acá es simple, llegué a un punto de mi vida en donde sólo creo en lo que ven mis ojos y en lo que cantan mis tripas, porque, como sí es bien cierto que a las palabras se las lleva el viento, he perdido a conciencia la audición.

7 de noviembre de 2014

Simpleza

Necesitó ver los desvíos de las miradas para atrapar en el aire el perfume dulce de lo oculto.
Necesitó hacerle caso a los gritos desesperados de su centro para no caer en la tentación de dar el paso que la haría caer en el barro.
Necesitó de todo este tiempo de silenciosa angustia y espera para entender porqué está molesta.
Hoy dos palabras le pintaron un paisaje que explica lo inexplicable de cualquier explicación.
Hoy sólo dos palabras se llevaron un millón.
Hoy Ella se niega a escuchar y a ver, hoy Ella quiere no sentir la decepción y poner sobre la mesa la honestidad y la sinceridad como única opción.

1 de noviembre de 2014

Desacostumbrada

Se me ha perdido el alma, no sé ya en dónde buscarla y aunque desisto después de cada fracaso mis pies me siguen llevando mientras siento que de mis manos los harapos de lo que queda van cayéndose tristes sobre la arena.
Mi corazón se acelera equilibrando el gasto inmenso que significa caminar por el desierto, buscándome a mí misma en cada esquina y sintiendo que no hay desazón más grande ni enrevesada, al no encontrarme, que ésta.
No hay nada, ni siquiera cansancio. Es el puro azoro el que me tiene desencajada caminando un espacio que me pertenece pero que no es mío y llegando a cada momento al mismo lugar desconocido y vacío y tan abierto que me da miedo y me llena de frío.

No hay sinsentido ni locura más grande
que este dolor punzante de buscarme
y ver que sigo conmigo
pero todavía sin hallarme


25 de octubre de 2014

Intrigadamente

Un maravilloso sol la lleva de la mano y la hace bajar los cinco escalones gastados. Descalza pisa la arena blanca mientras una ráfaga, oportuna como nunca, la despeina escondiéndole la cara.
Siente que su mente corre desbocada y no halla forma de pararla y que algo hace ruido en el fondo de su alma perturbando a su orquesta y haciéndola sonar desacompasada.
Entre todo el batifondo reconoce la voz de su diablo y ve a su dios sentado, con las manos en las quijadas y esperando demasiado callado.
Estudia la situación, no hay muchas formas de parar este desquicio desafinado y tampoco de hacer enmudecer a su diablo. Pero sabe que si esto está pasando es por algo, como sabe que en algún momento se va a crear el espacio y de entre bambalinas va a aparecer el silencio, que manso, va a hacer callar hasta la palidez a todo el escenario.

6 de octubre de 2014

Siente

Ella sale, hace rato que no viene y es que el sol esquivo la tenía en su puño, sumida en un mar turbulento de cavilaciones y algunos malos ratos incontrolables y oscuros.
Sale descalza, despeinada y cansada y elige el primer escalón para sentarse con las piernas cruzadas.
Mira al frente. Arena, la primavera que no llega y el resto de los escalones que quedan.
Siente que su centro está descolocado, mal ubicado, revuelto, ajado, distorsionado y lleno de gente que no le pertenece.
Enojada lo increpa por indecente. No entiende cómo es que dejó la puerta de su esencia tan abierta, tan disponible y tan vulnerable  al punto de sentir que ella no es ella y que fue usurpada con la más temible violencia.
Se odia, se detesta. ¿Cómo es que no se dio cuenta? ¿Cómo es que entró tanta gente a su universo y lo ocupó hasta dejarla así de indefensa?
Sin respuestas agacha la cabeza y aniquilada se aferra con las uñas a la madera mientras en sus ojos se desata la más feroz de las tormentas que la dobla en dos y la parte, como si fuera una triste muñeca.

1 de octubre de 2014

De costado

Vengo ladeada, como si tuviera un pinche adentro de la alpargata. Silenciosa y con la sonrisa atomizada parezco una de esas diosas egipcias de mandíbulas talladas.
Así como estoy hace rato que voy pero tengo entre los dedos la intriga del yendo.
Pasa que pasa de todo y a la vez es como si nada pasara. Pasa que soy yo y también alrededor. Pasa que la historia pesa pero nada peor que saber que lo que hoy pasa no regresa.
Y ahí ando como de prestado, alquitranada, desmaquillada y atornillada, escribiendo no sólo por gusto sino también para no atomizarme yo y así poder verme en la pantalla, leerme entrelíneas y desmenuzarme como si fuera otra para comerme mejor.
Adjetivos no por favor. Yo ya me “adjetivé” bastante y sacarme todo ese lastre no saben lo que me costó.
En fin, amén de todo quisiera algo de humor y si de pedir se trata también me vendría bien un poco de sol. Y mientras espero el yendo decidí ir silbando bajito, casi distraída, casi haciendo como que no estoy. 

17 de septiembre de 2014

Lo importante

Hoy se me plantea un silencio y un espacio a una hora desacostumbrada porque el sol está al este, no veo la luna por la ventana, no llegué recién y el auto y mis botas están estacionados desde ayer.
Y entre cigarrillos y café pasan frente a mis ojos la crónica de una muerte anunciada, lágrimas, “recomienzos” y la concreta y sabida imposibilidad de ser objetiva conmigo misma, al tiempo que se me dibujan, como si hubiera tirado una piedra al agua, círculos concéntricos sin comienzo ni fin, sin puntos débiles, infinitos y eternos.  
Es como que nada se termina y sin embargo nace un nuevo círculo cada día que me desorienta y logra ponerme seria y me silencia y me endurece, quitándole a lo importante la prioridad y dándosela de comer sin remedio a los chanchos.
Siempre he dicho que la vida está hecha de detalles pero que ella en sí misma no lo es, porque sería como pensar en un árbol lleno de hojas y flores pero sin el tronco como sostén. Y acá es en donde me detuve hoy y de la galera de la reflexión surgieron estas dos preguntas a continuación:
¿Cuánto tiempo pueden sostenerse los detalles en el aire? Y ¿Cuánto puede esperar dentro la cáscara, sin secarse, el germen de lo importante?

28 de agosto de 2014

Hoja

Y como hoja al viento acelero y freno, hablo y hago silencio, camino y me siento.
Voy, sé que voy yendo y también sé el lugar concreto, pero los artilugios que está usando el destino por momentos me enloquecen hasta el desconcierto.
Me cuesta fluir con mi río, me cuesta mantenerme a flote cuando el agua es un menudo jaleo y cuando siento que en el esfuerzo se me va el aliento y el corazón me patea el pecho.
No resulta tan fácil soltar, en eso no me puedo mentir. Lo único que sé es que tuve la lucidez de darme un tiempo y hacerme un espacio para volver a caber dentro de mí.
Por eso creo que sólo me repito en la paciencia, en la espera y en la consecuencia de las cosas nuevas y, aun sabiendo que siempre van a estar, lucho por absolverme de las viejas.
Nada es igual, nunca nada es igual.
La vida no es predecible ni lógica y menos que menos, lineal.


26 de agosto de 2014

Deuda

El sol la hace salir de su espacio y descalza como siempre se apoya de costado en la baranda. A unos pasos se encuentra parada su vida que sin acercarse de lejos la atisba.
Hoy Ella salió para enfrentarla y seria como nunca le dice que ya está harta de comprenderla y buscarle la vuelta. Quiere que le diga que lo siente, que se equivocó y que no merecía tanto aunque pudiera manejarlo.
La vida mira el piso. Ella tiene razón, algunas cosas se le escaparon de las manos y la lastimó. Sabe que está cansada de entender las consecuencias y justificar con explicaciones tanto artero latigazo que aguantó y los altos peajes que pagó. Por eso se mantiene a distancia, distancia que Ella al bajar los escalones logra acortar mientras cual dos puñales sin compasión sus ojos verdes le exigen más que una disculpa, más que perdón.

18 de agosto de 2014

Hoy

Es tarde y el día no quiere acostarse. Por eso estas letras, mi única manera de tirar al vacío tantas lágrimas, tantos dolores y más miedos de los que puedo contarte.
Va a ser éste un día difícil de olvidar, un día que rondará y rondará hasta que alguna palabra, algún gesto, algo, lo que sea, se lo lleve y no me lo traiga más. Y aunque siempre digo que la soledad y el silencio son mi refugio, hoy no fue el caso y caminé descalza los fuegos de mi propio infierno, fumé más de lo imaginado y ya casi pisando las tres de la mañana sigo tratando de exorcizar esta sensación de ardor eterno y este maldito gusto a terror y hiel que siento en la boca desde toda mi historia.
Cosas mías, cosas que espero el sueño algún día aparte de mi camino y nunca más se levanten conmigo.

Medio siglo

Mis sienes ya se están pintando de blanco, casi medio siglo de respiros registran mis tacos, casi medio siglo de agua pasó ya por mis manos.
Parece mucho cuando lo escribo y ni hablar cuando lo digo, por eso hoy se me ocurrió hacer un repaso y charlar con el espejo un rato. Fue generoso conmigo al no mencionar ni una arruga, eso sí, cuando posó sus ojos del cuello para abajo cantó como un canario y es que otra historia cuenta mi cuerpo y eso no puedo negarlo.
Sigo la recorrida y subo a mi desván interno, a ese lugar al que sólo yo accedo y, salteándome los últimos dos peldaños, entro. A paso lento recorro la foto estática de mi pasado. Todo está guardado y aunque de seguro alguna cosa se ha traspapelado, nada se ha perdido y todo se encuentra intacto, sin embargo llama mi atención el que muchos de mis amargos suspiros, que el tiempo sabio se ha encargado de arrear mansamente al desván del olvido, hoy sean sólo risueños recuerdos dormidos.
Al fin doy la vuelta y salgo, y, mientras pienso en los casi cincuenta años, mis manos buscan los bolsillos del saco y una sonrisa suave besa mis labios.

30 de julio de 2014

Intitulado

No suelo escribir a esta hora, es por eso que lo único que descansa sobre la mesa es el cenicero y un cigarrillo en “modo espero”.
Afuera hay nieve y adentro fuego. ¿Antítesis o conjugación de lo perfecto? Depende. Depende desde dónde lo mire y depende de en dónde esté el fuego y lo frío de la nieve.
Hoy debo decir que agradezco a este amable silencio que viene a posarse suave sobre mis labios y los sella, porque evita mucho. Pero también debo ser honesta y confesar que lo que siento no lo logra evitar.

(Tercer cigarrillo en modo espero
 y un tronco que al caer
 rompe la calma que se había impuesto)

Yo estoy lejos del fuego (no del interno) y sigo pensando en que no debería estar escribiendo esto.

Callar será una perfecta opción sí,
pero todas las veces no.

18 de julio de 2014

Una recta

Paso tiempos redondeando ideas, estirándolas, separándolas y volviéndolas a unir. Así como paso tiempo tratando de materializar entre mis manos la realidad ilusoria de la inmortalidad y desmaterializando la verdad tangible de la muerte.
No hay nada más seguro ni más diario desde la primer bocanada de oxígeno, que la última, y, mientras los segundos se descuentan uno a uno, inexorables, indetenibles e imparables, en el camino se pierden sin remedio momentos que luego sólo serán memorables.
No hay manera de parar las agujas. No existe forma de detener la máquina una vez que está en marcha. Y es que la vida y la muerte son la distancia más corta entre dos puntos que me cuchichean, suaves y constantes, uno en cada hombro y cerca de mis orejas y me marcan la cadencia de esta inobjetable recta.

21 de junio de 2014

Inexplicablemente

No sé porqué me sigue persiguiendo este tema. Después de “Explicaciones” y “Sin explicaciones”, este es el tercer relato que le dedico a este círculo casi vicioso que me hociquea, obsecuente y obstinado, y me obliga a repasarlo una y otra vez, como si fuera el único corsario que queda en pie en mi barco.
Cuando escribí el primero sentí que estaba cansada de darlas y creí que hasta ahí llegaba. Poco tiempo después y al releerlo, me di cuenta de que a pesar del cansancio seguía dándolas, algo así como que no había llegado a eso de “estar harta de estar harta”.
Quiero creer que tiene que ver con no haber puesto aun totalmente en marcha el “estar sin estar” o el formar parte del mundo pero no pertenecer.
A colación de esto mucho tiene que ver el “no esfuerzo” del silencio, el poder que tiene la ausencia de palabras y el camino que esta ausencia le abre a todos los otros sentidos.
Hablar envicia, atonta y ciega. Cuando uno habla se reduce casi a la nada la capacidad de sentir y de percibir al otro y a cuanto nos rodea. Por el contrario, el silencio nos regala todo lo que no le pertenece al habla y gentilmente anula el pensamiento, permitiéndonos interpretar casi en su totalidad lo que se esconde entrelíneas y también lo que nos da la vida.
Muchas veces uno siente la necesidad de llenar el vacío que produce el silencio por creerlo incómodo, cuando en realidad lo que incomoda es estar con uno mismo y es allí en donde inmediatamente la mente pone en marcha la maquinaria de la lengua, alejándonos de nosotros y restando miles de horas que están contadas desde que nacemos, sólo por ocuparnos del resto o lo que es peor aún, para justificar y darle sustancia a todo cuanto hacemos.
En suma, insisto en que las explicaciones huelgan y que urge el silencio pero también debo decir que gracias a ellas va saliendo todo esto.

11 de junio de 2014

Desnuda y despojada

Ando incómoda, descolocada, ni acá ni allá, en el medio, sobra todo y nada alcanza, dislocada, alborotada, alérgica, vulcanizada, combativa, callada, inquieta, mandíbulas apretadas y manos crispadas.
Busco y no encuentro, dejo y me olvido, salgo y me guardo y cuando me quedo no me hallo.
Ando caminando un camino circular, distraída en mi laberinto personal, estudiando, esperando, repasando, cuestionando, comparando y negándome a negociar.
Estoy posesionada por la eterna posesión de la pertenencia, de las pocas y últimas pertenencias que no hacen más que hundir sus raíces en mi alma ya raída cuando ilusa, había creído que ya no las tenía.
Maldita cuestión “insolucionada” o hábilmente evitada que hace muchos años me fue señalada y por lo visto celosamente guardada y que ahora y de un golpe certero me para en el camino del “no poseo”.

Y a todo esto:
Un “ni” surge como respuesta a todo cuanto me pregunto.
Un “ni” cuyo objetivo es sostenerme en vilo.
Un “ni” que me obliga a la reflexión y al sigilo.
Un “ni” sin compasión que me para hoy frente a mi último y más duro bastión:
Mi amado y temido “yo”.


3 de junio de 2014

Querido pasado

Extraño escribir tarde en la noche. Extraño mis pantuflas, mi bata fucsia y el material silencio de la suave oscuridad de mi té negro.
La extraño a Ella que hace rato me evita y no se pasea por mis letras.
Extraño la ausencia de pasos y patas. Extraño las cortinas cerradas y ese rincón poco iluminado en donde se hacían casi invisibles mis manos en el teclado.
Extraño llegar tarde y, muerta de frío, correr a bañarme para sacarme el día de encima.
Extraño las paredes pintarrajeadas, mi colección de latas, el pasto alto, el dormir sola con la ventana abierta al sereno invierno y el viento helándome la nariz durante el sueño.
Pero ¿en realidad extraño o me extraña sentir lo que siento? La verdad es que me extraña pero no me sorprende, sé que algunos recuerdos suelen vestirse de rosa con el paso de los años y nada más que porque ya me ha pasado. Pero esta vez lamento comunicarte querido pasado que ya no tengo los ojos velados. Sé que lo que añoro no pintaba muchas sonrisas por aquellos días y aunque me hayas transportado vaya a saber con qué objeto a una realidad dibujada, no necesité más que un segundo para saberme engañada y desnudarte de toda artimaña.