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23 de abril de 2015

Trapos

Hoy el sol salió para ella y como siempre, uno de sus cinco escalones la espera. Se sienta en el primero y lánguida se le ofrece al viento.
Siente que muchas cosas se le han metido hasta en las costuras de la ropa, pero logra abstraerse y dándole la espalda al mundo sonríe, sin testigos y sin explicaciones.
Este lugar en donde ella fluye apartada de todo, ajena a entreveros y vacía de pensamientos está lleno de lo que sabe es cierto.
Ese espacio tan suyo, ese adentro delicado y suave es en donde ella recala cuando el afuera del día la cansa de tanto inútil “careteo”, de toneladas de utilería barata y de las hostiles seriedades de la existencia vana.
Sonríe porque es mágico verle lo oculto al resto del mundo y porque sabe que no hay misterio o secreto que ella con sus manos y su silencio no pueda deshilvanar en su adentro.


7 de noviembre de 2014

Simpleza

Necesitó ver los desvíos de las miradas para atrapar en el aire el perfume dulce de lo oculto.
Necesitó hacerle caso a los gritos desesperados de su centro para no caer en la tentación de dar el paso que la haría caer en el barro.
Necesitó de todo este tiempo de silenciosa angustia y espera para entender porqué está molesta.
Hoy dos palabras le pintaron un paisaje que explica lo inexplicable de cualquier explicación.
Hoy sólo dos palabras se llevaron un millón.
Hoy Ella se niega a escuchar y a ver, hoy Ella quiere no sentir la decepción y poner sobre la mesa la honestidad y la sinceridad como única opción.

25 de octubre de 2014

Intrigadamente

Un maravilloso sol la lleva de la mano y la hace bajar los cinco escalones gastados. Descalza pisa la arena blanca mientras una ráfaga, oportuna como nunca, la despeina escondiéndole la cara.
Siente que su mente corre desbocada y no halla forma de pararla y que algo hace ruido en el fondo de su alma perturbando a su orquesta y haciéndola sonar desacompasada.
Entre todo el batifondo reconoce la voz de su diablo y ve a su dios sentado, con las manos en las quijadas y esperando demasiado callado.
Estudia la situación, no hay muchas formas de parar este desquicio desafinado y tampoco de hacer enmudecer a su diablo. Pero sabe que si esto está pasando es por algo, como sabe que en algún momento se va a crear el espacio y de entre bambalinas va a aparecer el silencio, que manso, va a hacer callar hasta la palidez a todo el escenario.

6 de octubre de 2014

Siente

Ella sale, hace rato que no viene y es que el sol esquivo la tenía en su puño, sumida en un mar turbulento de cavilaciones y algunos malos ratos incontrolables y oscuros.
Sale descalza, despeinada y cansada y elige el primer escalón para sentarse con las piernas cruzadas.
Mira al frente. Arena, la primavera que no llega y el resto de los escalones que quedan.
Siente que su centro está descolocado, mal ubicado, revuelto, ajado, distorsionado y lleno de gente que no le pertenece.
Enojada lo increpa por indecente. No entiende cómo es que dejó la puerta de su esencia tan abierta, tan disponible y tan vulnerable  al punto de sentir que ella no es ella y que fue usurpada con la más temible violencia.
Se odia, se detesta. ¿Cómo es que no se dio cuenta? ¿Cómo es que entró tanta gente a su universo y lo ocupó hasta dejarla así de indefensa?
Sin respuestas agacha la cabeza y aniquilada se aferra con las uñas a la madera mientras en sus ojos se desata la más feroz de las tormentas que la dobla en dos y la parte, como si fuera una triste muñeca.

26 de agosto de 2014

Deuda

El sol la hace salir de su espacio y descalza como siempre se apoya de costado en la baranda. A unos pasos se encuentra parada su vida que sin acercarse de lejos la atisba.
Hoy Ella salió para enfrentarla y seria como nunca le dice que ya está harta de comprenderla y buscarle la vuelta. Quiere que le diga que lo siente, que se equivocó y que no merecía tanto aunque pudiera manejarlo.
La vida mira el piso. Ella tiene razón, algunas cosas se le escaparon de las manos y la lastimó. Sabe que está cansada de entender las consecuencias y justificar con explicaciones tanto artero latigazo que aguantó y los altos peajes que pagó. Por eso se mantiene a distancia, distancia que Ella al bajar los escalones logra acortar mientras cual dos puñales sin compasión sus ojos verdes le exigen más que una disculpa, más que perdón.

9 de abril de 2014

Sin permiso

Está como el día, gris y silenciosa. No se le mueve un pelo como no se mueve afuera ni una sola hoja. Se abraza las piernas, ya sentada en la alfombra, mientras siente cómo este bullicio, incansable y sostenido, de voces encontradas, miradas y sombras la persigue desde hace horas.
Lo silencia yéndose más adentro, pero necesita desmenuzarlo entre los dedos y estudiarlo bien de cerca para que desaparezca.
Se levanta, decide ir a verlo. A mitad de camino lo encuentra, perdido y ciego junto a palabras que nunca deberían haber salido de su boca. Pero no lo enfrenta, no tiene sentido perder fuerzas. Sabe que hay cosas que aunque molestas, hay que dejarlas porque no tienen remedio.
Vuelve a su estancia, callada y sola.

(Anoche su sonrisa se fue sin permiso
Y la perdió entre la horda)


10 de enero de 2014

A solas

Está sola, sola con el sol y con ella misma, y mientras se levanta el vestido y baja los cinco escalones gastados, sonríe y siente cómo, en cada pausa de sus pasos descalzos, un despacioso dedo de silencio va descorriendo el misterioso velo del tiempo, así como sus ojos, callados y claros, van reflejando el secreto destino de ser cómplice cautiva de su propia vida.

Camina su remanso, lánguida y suave.
La brisa ondula sus piernas
y una lágrima cansina resbala su mejilla
mientras sus pies,
desnudos y lentos,
huellan sin dejar rastro
la arena tibia.

24 de octubre de 2013

Después de tres años

Se descubre recorriendo la casa a paso lento, como si una melodía suave la estuviera llevando de la mano por la redondez de sus letras y ella pudiera leer en cada movimiento cada nota, cada estrella, cada tecla, cada sorbo de té, hasta llegar a sentir, con cada sílaba, lo mismo que la llevó a escribir.
¡Es una locura! Tres años ya, tres años han pasado y se acaba de dar cuenta del misterioso misticismo de las fechas.
Pasó de taco aguja, viento y anteojos negros, a vestidos blancos, brisa y arena, y en el medio más de mil y una noches, más de cien prosas y entre palabra y palabra incontables y enigmáticos silencios que sólo ella conoce.
Sigue paseando hechizada la casa, mirando nada, tocando cosas, mientras las lágrimas llegan solas, conjugando encuentros y desencuentros, partidas y llegadas, cortinas que supo bajar sin cuestionarse ni un centímetro y entre las manos un tropel de suspiros llenos de secretos que salieron de su centro y que le fueron marcando el camino con mudos gestos.
No atina a sentarse, las coincidencias la han sorprendido, la causalidad del destino la dejó sin habla, con una sonrisa bella en la cara y justo tres años después de aquella sonora carcajada.

30 de septiembre de 2013

Raíces

Se sienta en uno de los cinco escalones blancos y gastados que pacientes, siempre la esperan. Piernas pegadas al cuerpo y en las rodillas, apoyada la barbilla.
Mira su rosa. Descubrió hace unos días que está llena de hermosos y turgentes botones morados, y piensa en que todo este tiempo la estuvo esperando, mientras se preguntaba, después de trasladarla en pleno invierno y con las raíces heridas, en si lo lograría, cuando lo único que veía eran palos secos sin un hálito de vida.
Piensa en ella, que también se trasladó, y que casi sin nada entre los dedos también se retiró, retirándole la sonrisa, sin darse cuenta, a todo cuanto había alrededor.
Hoy siente que mientras el invierno caminaba lento y los días grises y yermos las envolvían en un luto casi eterno de destierro y palos secos, ambas hundían en secreto y cómplice silencio sus dedos en el suelo para poder llenar de pétalos y sueños las cálidas noches de enero.



6 de septiembre de 2013

Ambigüedades

Se sienta con la espalda pegada a la pared y se abraza las piernas. Atenta, escucha un interesante diálogo que se ha filtrado a su lado, aprovechando este momento que, como todos, vive mortalmente condenado.
La muda conversación que la tiene atrapada es un fantástico cruce entre su dios y su diablo, el cual transcurre sin pausa, en un silencio suave y liviano, que la tiene a ella como única escucha, cómplice, testigo, juez y jurado.
Preguntas y respuestas vuelan en el aire como saetas y se incrustan, ajenas, en ningún lado. Sólo la raíz de un reverencial respeto hace que nadie, de todos, le ceda su terreno al otro.
Ella los mira entre extasiada y abstraída, ajena por completo a su protagonismo, el cual, por otro lado, es el que ocasiona este duelo del que no se hace cargo, pero porque hoy está simplemente mirando y no le importa explicarse cómo es que adentro suyo moran voces tan disímiles, una tan lógica y recta y la otra tan llena de nada, tan vacía, tan sonriente y a la vez tan certera como la primera.
Ellos creen que la tienen entre las cuerdas, pero ella, impávida y fría, sólo los observa. Sabe que ninguno va a ganar en esta reyerta y que las preguntas y respuestas quedarán suspendidas en el vano de la puerta, hasta que el tiempo, viejo y sabio, venga despacio y con paciencia, las disuelva.


27 de agosto de 2013

Intemporalidad

Camina relajada. No hay anteojos, taco aguja ni lluvia, sólo pura soltura.
El viento borra los pasos que ella deja en la arena blanda, como se borran para siempre los segundos cuando pasan.
No hay una forma, no hay palabras y sí un sentido imperceptible y casi tímido que le muestra que la manera concreta no existe, porque en este lugar no hay espacio para la lógica, ni para las letras o las voces dando explicaciones.
Lo que siente no se ve ni se toca, al fin lo insustancial es lo que mueve las cosas y las acomoda.
Y así, sin pausa ni medida cierta, el sutil intemporal presente, va dibujando y desdibujando esta pintura, y el viento se la va llevando, sin prisas y con toda soltura, como se lleva las huellas que ella va dejando en la arena.

13 de agosto de 2013

Vagabunda

Sale descalza y se sienta. Eléctrica, se agarra el pelo con las manos y lo retuerce para que no se le pegue en la cara.
Un saco largo y viejo de lana colorada la aleja un poco del viento, pero el frío, implacable, se cuela igual por entre los puntos abiertos.
Todavía tiene la mirada perdida, está como nublada, ausente, lejana. Le cuesta concentrarse, alinearse y ordenarse y aunque el alboroto ya es casi un susurro imperceptible, siente que después de tantos años de escucharlo, no puede sacárselo.
Pero hoy no es sólo eso lo que le molesta, y enojada, entra.
Se para en el medio de la sala con los brazos en jarra y se observa. Algo le falta. 
Es su sonrisa, que no por nada, se está haciendo la vaga.

14 de junio de 2013

Gris diablo

Baja los cinco escalones gastados y camina la arena blanda, alguien va a su lado, andando a su mismo paso, dejando marcadas otro par de huellas y sosteniéndola con firmeza para que no caiga.
Es honesta consigo misma, ahora lo necesita, como lo necesitó aquella vez cuando decidió subirse para manejar su propio tren, y como lo necesitó tantas otras veces, después.
Ella no lo llama, él aparece así, de la nada, y tirando con fuerza la rescata. No precisa convencerla ni mentirle, se conocen desde hace años y, cuando no hay blancos ni negros y todo se nubla y el entorno es un monótono color ceniciento, ella se permite esto para que se libere el acceso, para volver a ver los extremos, para rozar el equilibrio y sacudirse los grises intermedios.

Hoy, dos pares de huellas cruzan el puente,
son Ella y el Diablo,
y van de la mano.

3 de junio de 2013

Salvedades

Sale de la casa envuelta en su chal, pero no es que haga frío sino que el frío la acompaña desde hace rato y no sabe muy bien cómo hacer para sacárselo. Se queda parada apoyada en la baranda con los brazos cruzados y los pies descalzos, uno sobre otro, en descanso.
No hay mucho que ver, es de noche y está oscuro, pero igual su mirada se dirige hacia “allá” y “allá” es muy vago pero siente que es el lugar exacto.
Piensa, se desliza, flota, trata de respirar. Está incómoda, incómoda adentro y con la sensación de no pertenecer a su cuerpo.
Busca, pero sigue sin encontrar el lugar físico en donde anclar, donde quiera que esté no encuentra el espacio en donde ella y sus libros puedan caber. Se le erizan los pelos de la nuca, siente el peligro de haber llegado a un punto crítico, en el que inmune, todo le da lo mismo.
Son un cúmulo de eventos que acarrea y no termina de soltar. Son los cambios que tiene que masticar, son todas esas cosas que no pueden darse por sentadas y necesitan de su constante “acomodar”. Son demasiadas, tal vez no tantas, pero en su hartazgo y cansancio le llenan la canasta.
Parpadea y entra. Se sienta y deja caer la cabeza. Ahí se queda, ni fuerza para levantarse de vuelta.

26 de mayo de 2013

En donde

Se levanta el vestido y descalza sale. Se sienta en el medio de uno de los escalones y se mira los pies, busca de alguna manera las respuestas a las preguntas que la han estado rondando todo el día como un abejorro ronda un frasco de miel. No las ve, y menos mirándose los pies.
Apoya los codos en las rodillas y levanta la vista, el agua barrosa de su río la seduce, callada y ociosa, y la invita a meter las manos, pero ella no es tonta y haciéndose la distraída esconde rápido los dedos ante solapado atrevimiento.
No quiere saber hace cuánto tiempo tiró todas las fichas sobre la mesa para hacerle jaque a la reina, pero se le está haciendo largo y en cada jugada se le va el alma y hace agua y el achique duele y en el aire queda suspendido el  gesto de barrer todo con el brazo porque sabe que el desastre está al acecho, como una víbora, esperándola, enroscado en su cuello.
No quiere saber, no, ya no quiere ni pensar. Este “a todo o nada” está lejos de terminar y hasta que, solo, se aclare el lodazal, el show debe continuar.
Se levanta, ya es de noche y tiene frío. Deja las preguntas al rescoldo del infinito y descalza entra a su cobijo con las manos en los bolsillos.

El destino intacto la mira desde la mesa de la cocina. ¡Vaya acertijo!

11 de mayo de 2013

Ambas


Está feo el día y es temprano, pero parecen las siete de la tarde. El viento sopla fuerte a mi pedido, quiero que se lleve mis delirios y me deje sola y en silencio con mis notas y mis libros. Nada más que eso pido.
Por eso hoy voy a su encuentro y me abre la puerta Ella, mi otra parte, mi “quisiera” y sonríe mientras la cierra, para que no se cuele nadie y para que yo pueda despatarrarme y llenarle de miradas que sólo ella entiende, las paredes.
No es posible ni queriendo que interrumpan el misterio. La dirección es vaga pero cierta y su cara se desliza entre tantas como una más, imposible de identificar.
Hoy vengo a llenarle el espacio de disparates, porque quiero deshacerme un rato de ellos y que ella los cargue y para eso no hacen falta palabras, el alma no tiene letras, es una partitura bella, llena de música pero sin corcheas.
Mi espalda está pegada a la pared y la de ella lleva todo lo que le endilgué. Su calma se suma a mi asombro porque sus hombros llevan mi peso y ella lo carga sin pensar en que puede ser un estorbo.
La miro, ahora sé qué hacer con mis escombros.

2 de mayo de 2013

Al viento


Sale del encierro en el que estuvo enterrada todo este tiempo. Abre la puerta y descalza y sin abrigo se asoma al invierno.
El frío la deja sin aire, se le eriza la piel de los brazos y un alboroto de viento le desacomoda el pelo a los manotazos.
Los primeros pasos le cuestan, los escalones están mojados igual que la hierba y los charcos reflejan, en la estepa de arena, una luna blanca llena de pecas y pena.
Encuentra un lugar en donde sentarse, necesita mirarse de cerca, busca un espejo que la muestre y aguza el oído esperando esa voz que la despierte y la aleje de la muerte.
Invisible pasa el tiempo a través de su cuerpo y Ella le pide que arrastre lejos la zozobra de sentirse inerte, más él le cuenta que ya ha hecho el intento y como agua se le escapó de las manos lo vano de estos últimos veranos, lo cierto de tantos de desconciertos, los gritos mudos del silencio, la caída libre desde lo más alto del cielo, las lágrimas de su llanto eterno, el ahogo del desconsuelo y la sensación de estar nadando en los fuegos del mismísimo infierno.
Desencajada lo mira, acaba de escuchar una conversación fusilada, un diálogo con el dios-diablo, un cruce de palabras de una confusión bien entendida, una sorpresa sabida de una patinada que terminó en caída.
Se levanta, no hace frío pero tiene el alma helada. Entra a la casa con los pies mojados, la cabeza gacha y el pelo pegado en la cara. Está oscuro adentro, adrede no descorrió las cortinas para no verse y adrede también, se sienta en el rincón más lejano de la habitación para esconderse de tanta desolación.

20 de abril de 2013

"Ella"


Hace un tiempo me despedí, me fui y la dejé sentada en sus escalones blancos con la brisa acariciando su pelo largo y la cara apoyada en sus hermosas manos. Partí pensando en no volverla a ver y anuncié que iba a intentar desnudarme yo sola, pero para no desnudarnos a ambas.
Con las manos en los bolsillos me alejé sin voltear para mirarla y Ella se quedó ahí, sin inmutarse y sin siquiera una palabra.
Creí que con el tiempo iba a olvidarla hasta que me di cuenta que, cada tanto, un susurro me traía su intención en algún relato. Escribía en tercera persona, la nombraba sin darme cuenta y hasta se me escapó ese “estar sentada y con las piernas cruzadas” que en algún párrafo debe estar dando vueltas porque me resistí a borrarlo.
La extraño, extraño los anteojos negros, el ruido de los tacos en las esquinas solitarias, el silencio de las noches de lluvia, la taza vacía, la brisa salada, los almohadones color naranja y ese risueño andar descalza en la arena, cansino y suelto, que tanto quiero.
La verdad es que hay días en los que la necesito para no quedar tan despedazada, para sentir que no siento sola y para que me ayude a juntar todo lo que se desparrama sin tener que explicarle nada.

(Creo que en un punto Ella es lo que yo quisiera.
Es ponerme los vestidos blancos que no uso
es caminar la arena que no piso
es el silencio que no tengo
y es también rozar la locura de este invento
que sabemos las dos es algo cierto.)

Vuelvo sí, estoy volviendo y Ella me está esperando.
No hay un día para el encuentro ni un momento fijado, sólo Ella y yo, cinco escalones gastados y cuatro pies descalzos.  

6 de octubre de 2012

Chaparrón de humor

Hoy cayó sobre mi cabeza un aguacero de esos que duran quince minutos y te empapan hasta la ropa que no tenés puesta. En ese instante de sorpresa quedé tildada y como si fuera un robot, firmé lo que había que firmar, conté lo que había que contar y después del falso saludo de cortesía, partí.
En tres cuadras absorbí el cigarrillo y con la última pitada se me cayó una carcajada, una de esas risas amplias y francas resultado de la incredulidad más borracha. Una risa que alguien sin cultura acompañaría con el clásico ¿lo qué?
Pasaron seis horas y estoy en casa, esto me golpea y me tuerce pero ya no me voltea. No soy una mujer de venganza pero reconozco que por un segundo apareció ante mis ojos y me tentó, fría y solapada, pero no, sé que aunque tarde años y sea amarga, la paciencia pura y destilada es mi única aliada.
Aún sigo sin encontrar la respuesta a la estocada despiadada, lo que sí tengo de sobra son adjetivos para catalogar a esta persona non grata, pero llenaría sin sentido varias hojas de palabras cuando huelga decir que sólo un tonto anda sin tino y sin miedo por la vida.

Sé que me están caminando, lo que no saben es que mientras los dejo pastorear en mi prado, yo compro tiempo y negocio más barato.

3 de octubre de 2012

Se y sé

Es difícil escribir sin recurrir al personaje, porque sigo pensando en tercera persona y todavía no sé si es “Ella” o la sombra reticente de sus escalones los que todavía no me abandonan.
Siento que salir al ruedo desde mí es abrir una puerta sin saber lo que hay del otro lado, y al hacerlo no existe posibilidad alguna de impedirles el paso, soy consciente de ello y como no puedo evitarlo, decidí enfrentarlo.
Es por eso que estos días mis dedos han estado rondando el teclado sin animarse a tocarlo, pero necesito la catarsis y cada hora que pasa inquieta mi alma.
Ahora tengo las piernas cruzadas y el sol entra por la ventana, voy por el quinto cigarrillo y el café espera y, como nobleza obliga, les confieso que quedar desnuda me deja un dulzor misterioso en la boca que un poquito me impresiona.
La verdad es que ya no hay vuelta atrás y estoy sola en el escenario, con todas las luces apuntándome a la cara, haciendo un striptease de palabras, transformando los gestos en signos de puntuación, sugiriendo ánimos con los de exclamación y dando lugar a tantas interpretaciones como ángeles caben en la cabeza de un alfiler.
No sé cuánto más habrá, y mucho menos quién está, pero abro la puerta porque sé que esto no me va a matar.
A esta altura del partido estoy para pocos y poco también es lo que cargo en los hombros, son cosas mías, consecuencias de causas elegidas. El precio es más que alto, aprendí que la paciencia me ayuda a cargarlo y que la risa aligera la mochila.
Veo a lo lejos un mar de nubes cargadas de cambios y llenas de lo espeso, en este momento de mi vida  las espero con los brazos abiertos porque sé que vienen para inundar mi desierto y llenar mi oasis con lo nuevo.

Palpo el descanso que se acerca, pero antes, tiene que pasar la tormenta.