7 de octubre de 2026

Estamos raras

Sí, estamos todas raras. Ella, Amalita y yo pasamos de amarnos a pelearnos a los gritos en el silencio más sepulcral de nuestra historia.
Hay planetas saliendo de lugares en donde estuvieron más tiempo del que nosotras tenemos sobre esta tierra, para ir a posarse en otro espacio de nuestro mapa por igual cantidad de años. Hay otros que pasan raudos y nos despeinan sin siquiera darse vuelta a mirar cómo quedamos, mientras la luna, nuestra guía de toda la vida, va abriendo y cerrando puertas cada seis meses y se olvida de avisarnos.
¿Serán ciertas todas estas andanzas del universo?
Nosotras ya no lo dudamos, porque desde hace rato tenemos la sensación de ser plumas al viento, de tener cero poder sobre cualquier cosa y menos el control de algo.
¿Decidimos nosotras o solo sentimos que lo hacemos?
Una vez alguien nos dijo que a los sesenta se cerraba el signo del infinito en nuestro mapa, pero no porque íbamos a terminar algo, sino todo lo contrario, porque íbamos a empezarlo.
Otra vez no sabemos de qué va esto. No hay un punto cardinal a la vista, no existe un solo lugar en donde posar los ojos. Nada. Absolutamente nada.
Estamos esperando, y también estamos haciendo. No hace mucho tiempo decidimos que la espera puede no ser solo quietud sino también acción, y esa fue toda una revelación.
Nos pusimos en marcha con algunas cosas, sin locuras ni vehemencias porque ya nos conocemos y somos pocas. Y cuando una quiere hacer algo es con la anuencia del resto, porque hasta no hace mucho una actuaba y a las otras les quedaba solo dar consuelo. Hoy eso ya no nos pasa. Debe ser una de las ventajas de estar grandes y de habernos dado cuenta.
Sabemos que en algún momento aparecerán más mecanismos enquistados esperando a ser descubiertos, y ahí resolveremos todas juntas si vale la pena conservarlos o ponerlos en el basurero.
Estamos raras definitivamente. Y no solo somos tres. Hay más de nosotras en este tren. Y todas estamos locas, y también somos felices aun en los días en donde el mundo conspira en nuestra contra.
La verdad es que después de tantos años de buscarlo, encontramos un lugar adonde ir en la noche, cuando el día se termina y un té y un cigarro en la ventana nos invitan a hacer las paces y a reírnos del bucle en el que patinamos.
Si tuviéramos que decir algo de nuestros próximos sesenta, sería que entendimos que la vida se trata de negociar la paz en una eterna guerra, sabiendo con certeza que ninguna va a salir viva de ella.