27 de abril de 2014

Espesura

Lo siento como un manto pesado, incoloro, amargo, impenetrable, hostil, inclemente, cabrero, necio, inasequible, hosco, inoportuno y fatigante.
Se me dificulta respirar, me aplasta, me ahorca, me encierra y me obliga a detenerme.
Me ciega, me inmoviliza y me saca lo único que puede aflojar la tensión que es el suspiro.
Me quedo quieta, sin opción. Minutos detenidos llenan las horas de un día desasosegado, abortado, no común, no rutinario, no esperado, no querido e “insolucionado”.
Hoy me ensordece la espesura del silencio que tanto amo con una ausencia de sonidos que me muestra los dientes y me hace doloroso el paso.

Y... ¿A ver?

A ver, me detengo un minuto. Suspiro obligado. No me siento, no hay en dónde. Me quedo parada con las manos a los costados y mirando para todos lados.
¿Incómoda? Sí, en verdad es la más pura incomodidad de un silencio que más que silencio son palabras ya desechas de tan masculladas que están.
¿Qué hago? Es lo que me pregunto y lo que no me puedo contestar porque la contestación no está, ni acá ni más allá. Es como si la pregunta estuviera en la boca de un pececito que da vueltas en un bol de vidrio.
Aviso: sigo con las manos a los costados, mirando para todos lados y sin un lugar en donde descansar.
Y si tiro la pregunta ¿desaparecerá? Ojalá así fuera, pero tal parece que sólo porque a mí se me ocurra las cosas no se desvanecen.
Juro que he tratado de esconder la sensación, la impotencia y las lágrimas y hasta me he hecho la distraída, pero la cosa insiste con obstinada porfía. Hacer pasar a un elefante por el ojo de una cerradura sería más fácil que olvidar, a esta provecta edad, lo que quiero saber para solucionar este molesto, y valga la redundancia, molestísimo malestar.
Aviso que acá sigo. Parada. Manos a los costados, más que buscando, más que esperando y todavía sin encontrar.

Respuesta

Y después de meses descubrí que la solución estribaba en no preguntármelo más y dejar las cosas así como están.

Sin explicaciones

Leí mis letras y mis ojos se detuvieron en un simple texto que escribí hace un tiempo y que hoy hizo de espejo mostrándome sin compasión un error que estoy cometiendo y sentándome sin mucho trámite en un caldero hirviendo.
No me sorprendió el hecho de “no ponerme en práctica”, más bien he quedado bastante enojada conmigo misma porque una sencilla lectura me remontó a ese pasado en el que escribía cosas sin darme cuenta, ni siquiera entrelíneas, de que yo era la protagonista.
A lo largo de mi vida he torcido la historia nada más que a pura voluntad, pero esto de las explicaciones me cuesta más tiempo del que he perdido en darlas gratis, y ahora concluyo que sólo por el gusto de sacar la lengua a pasear sin siquiera ponerme a pensar.
Menudo tiempo se me ha ido y todo para que las palabras fueran a dar al vacío, cuando un buen silencio hubiera sido más sano que este desgraciado vicio.
Eso de andar por la vida dando explicaciones me cansa y me duele más que correr descalza, por eso hoy cuando leí “Explicaciones” se me abrieron los ojos como dos platos y de inmediato sentí una identificación no puesta en marcha y ahí nomás vino el golpe que suele darme la autocrítica y me vi como una estúpida explicándome a mí misma.
Guardo silencio en cuanto al resto porque no sólo no me sobra vida sino que no la tengo resuelta y por eso no puedo dedicarles tiempo.
Pues debería hacer lo mismo conmigo y por puro respeto dejarme de escarceos y hacer un voto de cero comentarios en cuanto a estos 47 años de ensayo.


18 de abril de 2014

Reencuentro

El otoño me llama al reencuentro conmigo misma, a apartarme de la marisma y a desvestirme a las siete de la tarde para sacarme el día de encima.
Distinta se me plantea esta estación, más reflexiva, más de revolver hábitos, más de volver a rutinas. El reencuentro conmigo lleva implícita la mirada hacia atrás, esta vez más profunda, más concienzuda, un poco menos intranquila pero no por eso relajada.
Limpiar el espejo de polvo y verme prístina, en otro espacio y a plena luz del día, me ha resultado en algún rincón un tanto enojoso. Enojo que no se disipa y que trabajo sola, no sin cierto fastidio, hora tras hora.
Retomar hábitos y rutinas me centra, pero no al punto de aflojar las mandíbulas,  no al menos todavía. Este hacer mecánico y conocido, este volver a ser yo misma pero distinta y de revolver para ver qué es lo que queda mientras sigo quemando, tirando y soltando, me fue llevando de la mano hasta dejarme en el andén de la estación de las hojas vueltas a su entierro, del silencio, del agridulce sabor del desapego, de la lluvia eterna, de los grises interminables, de los días cortos y de un retiro que me permito mientras le hago una finta al destino.

Sabrán comprender, amigos míos
Desaparecer es mi estilo


13 de abril de 2014

Opacos

Estoy gris, gris como el día y las vicisitudes que me visitan y opaca, opaca como el cielo que reflejan hoy las ventanas y el vuelo de los pájaros que no pasan.
Suele ocurrirme a veces que el nudo se desata, afloja la garganta y se me caen solas las lágrimas, y aunque trato de que los estados no me pillen de sorpresa por uno solo de sus lados, hay momentos como hoy en donde no puedo evitarlo.
No hay nada que ciegue lo que siento y aprendí con los años que del otro lado de la felicidad está esto y que tengo que pasarlo.
Me pregunto si es momento de ponerme a estudiar qué es lo que me lleva a tocar casi con un golpe este extremo tan odioso, y me respondo que sí, que por algo la vida me deposita en estos días y me obliga a mirar de cerca algo que no vi. Me pregunto también si la mente estará haciéndome alguna de sus jugarretas, aprovechando y sorbiendo esta posible debilidad en mí, y lo mismo, la respuesta es sí.
Por eso creo que no es casual que justo hoy, un manto de silencio caído del cielo le haya abierto a mis manos un espacio para que de mi puño y letra salga qué es lo que me pasa y porqué me levanté así de acongojada esta mañana.

12 de abril de 2014

Fragmentos para mi hija Julieta

Cuando las cosas pasan aparece la “re-acción”, es una enseñanza grabada a fuego desde que nacemos. Es la lógica haciendo alarde, es la frustración, es no haberse tomado el tiempo para encontrarse y vaciarse.

La vida no es re-acción, es gestión, es estar alerta, es acción.
Me resulta difícil explicar lo que es la acción. Sé que es desde mí y hacia mí, por mí y para mí, sin incluir al resto ni tampoco excluirlo; es un instinto consciente en el que no existe la mente. 
Es saber que si me encuentro con una víbora en el camino no puedo detenerme a pensar en la historia o en mil y un divagues que me llevarían a la muerte en un instante. En ese momento cualquier pensamiento es absurdo y obsoleto, lo que surge es saltar o correr, no hay tiempo para preguntarle a la mente qué hacer.

No es cosa sencilla y lleva toda la vida; es cuestión de tranquilidad y alerta en balance constante, es vivir en ese lugar en donde nadie puede entrar aunque le abramos la puerta, es estar en el centro estando afuera.
Me llevó años entender que primero debía vaciar el tren, y no sólo de cosas, sino también de gente. Después vino la parte más difícil en donde liberada ya de todo y de todos hasta quedar sola, tuve que desmontar mi historia, y ahí, parada en el medio del derrumbe, desnuda y sin ataduras, tuve que soltar lo que me quedaba agarrado en las manos y ver cómo se tragaba la tierra tanto aquello que había decidido aceptar, como las luchas que nunca iba a ganar. 
Fue el fin y a la vez el inicio, fue llegar al carozo para germinar, fue entrar en mi oscuridad y sacar a relucir todo lo que había guardado y tapado, todo lo que, escondido, no hacía más que alboroto lleno de polvo y descuido.

Siento que cada minuto que vivo es un desafío, es dejar pasar un montón de cosas, es estudiar otras, es descubrir lo que no vi, es reconocer lo que no quise ver, es no quedarme en ningún lado, es aceptar y abrazar cada estado del vaivén, es no pelear con el ir y venir sino simplemente dejarme fluir para poder escuchar el grito de mis tripas y el ruido sordo que hace algo que no está funcionando.


9 de abril de 2014

Sin permiso

Está como el día, gris y silenciosa. No se le mueve un pelo como no se mueve afuera ni una sola hoja. Se abraza las piernas, ya sentada en la alfombra, mientras siente cómo este bullicio, incansable y sostenido, de voces encontradas, miradas y sombras la persigue desde hace horas.
Lo silencia yéndose más adentro, pero necesita desmenuzarlo entre los dedos y estudiarlo bien de cerca para que desaparezca.
Se levanta, decide ir a verlo. A mitad de camino lo encuentra, perdido y ciego junto a palabras que nunca deberían haber salido de su boca. Pero no lo enfrenta, no tiene sentido perder fuerzas. Sabe que hay cosas que aunque molestas, hay que dejarlas porque no tienen remedio.
Vuelve a su estancia, callada y sola.

(Anoche su sonrisa se fue sin permiso
Y la perdió entre la horda)


2 de abril de 2014

La continuación

Hace dos años escribí “Un hastío simpático”, el cual me permito volver a citar.

No fue un día agitado el de hoy, pero recién llega y es algo tarde. La casa está como le gusta a Ella, vacía y silenciosa. El perro la recibe mirándola a los ojos y pidiéndole salir, le abre y cierra con llave. Se saca las botas, se desabrocha el cinturón, deja la cartera en la mesada y trata de vaciarla, a esta hora del día pesa como una tonelada.
Se demora haciendo un par de llamadas y todavía tiene que bañarse, pero el teclado no puede esperar y se sienta. Falta el té, será después.
Prende el cuarto cigarrillo y en los segundos en que tarda en cruzarse de piernas, ya está adentro, mirando lo que baila entre sus dedos.
No puede menos que sonreír. Hoy fue un día lleno de sorpresas, lleno de ser como es, lleno de idas y venidas, lleno de ciruelas, lleno de papas fritas, lleno de risas, lleno del más puro cansancio y del más puro placer.
Tendida cuan larga es entre sus almohadones, busca a tientas el cenicero y apaga el cigarrillo.
Es que el día no confluye en su cosmos hasta que se sacude de todo y de todos, hasta que, consciente de haber vivido en cada segundo cada suspiro, abre las manos y suelta, dejando que el sol evapore a cada uno y a cada cosa lejos de su agua y lejos de su rosa.

(Lo que pasó hoy, es imposible de deshacer
Y si fuera posible, ¿para qué?)

No sé porqué se me ocurrió ir para atrás, leer lo que había escrito y acomodarme-acomodarla-acomodarlo en el hoy.
La casa está igual, vacía y silenciosa pero mi negro partió. Es temprano para té pero nunca para café, y el cigarrillo sigue, como siguen las piernas cruzadas, la danza de mis dedos y las sorpresas cuando voy para adentro y “siento”.
Sigo siendo la misma que hace dos años y es que en el fondo nunca nada cambia porque la esencia es una marca registrada en el alma. Esa misma esencia, a la cual me costó tanto llegar, es la que hace que viva cada segundo como si fuera el último, es la que corrige mi rumbo, endereza mis velas y me hace libre aun con los dos pies bien parados en esta tierra.
Sigo conservando mi lugar propio, mi cosmos. Ese espacio paralelo al mundo de los otros en donde paso mi tiempo lejos de todos, al lado de mí misma, desnuda y limpia haciendo equilibrio entre las orillas y en constante charla abierta y sincera.
Adentro estoy en confianza, y sin filtro respiro soledades y silencios, lágrimas y sonrisas, verdades, responsabilidades, fuerza y debilidades.
La sensación de libertad y la ausencia de límites es tan grande que se me hace imposible de explicar.
Haber llegado hasta acá me hace fuerte y a la vez vulnerable, me da las armas pero me quita el motivo por el que luchar porque no hay nadie a quien doblegar.
Haber llegado hasta acá es saber que nunca voy terminar, que no hay nada más allá, que se fue el paso anterior y que acá adentro estoy sólo yo.

30 de marzo de 2014

Inventos

Hace mucho y a desgano caí en la cuenta de que está todo inventado. Que me miran de soslayo sustantivos ya hallados y adjetivos que tratan de pintar aquello que no va a ser posible de “adjetivar” ni en un millón de años.
Giran a destiempo en mi cabeza piezas de un gran rompecabezas. Hay papeles en la alfombra, palabras que sobran, garabatos en el aire y entre mis pasos y mis manos el más difícil y arduo trabajo yace plácido entre volutas de cigarro.
Entre condicionales rimamos y arrimamos. Ella y yo. Otros aparecen a veces,  aunque nosotras, siempre, no entendamos eso de escribir desde la abstracción.
Tiempos, tiempo, alejamiento. A las rápidas, una pensada, imaginada, sentida, apenas esbozada, pero cierta y nítida definición aparece dibujada.
Es que la historia nunca termina, se recicla. Se desnuda, se esconde, viaja oscura, se confunde, nos derrumba en la penumbra, aparece en la esquina y desanima. Porque si miro la vida me la pierdo y si la escribo se escurre entre mis dedos como el tiempo. Pero está acá, justo acá, en este mismo lugar y es lo que hay.
Cada minuto que pasa es una anécdota en la espalda, una brasa que se apaga, la magia solapada de la realidad inventada y un chiste único que sucede y precede en sólo un infinitesimal segundo a la última carcajada.

18 de marzo de 2014

Backup

Estoy parada al borde del camino. Tengo las manos en los bolsillos, el pelo recogido, alpargatas, un solo anillo, maquillaje cero, entre las manos un par de aperos y desde la banquina me “relojeo” de cara al viento.
Poco a poco están volviendo a mí mis tiempos. Siento que al apagar las luces del escenario, la sala se fue vaciando mientras el paisaje fue desdibujando en este último tramo todo rastro de hastío y una larga historia de cansancio.
Ansiaba detenerme y destilar uno a uno los minutos hasta verlos diluirse despaciosos ante mis ojos, como me urgía bailar y tocar a mi antojo el millón de corcheas que forman mi orquesta.
Pero sobre todas las cosas necesitaba no esperar hasta la noche para bajarme de los tacos, desnudarme y vagabundearme sin prisas, indecorosa y eternamente yo misma.

10 de marzo de 2014

Un significativo

Hoy estoy en esos días en los que le busco significado a algunas cosas que no deberían significar nada, pero que sin embargo me pican y por eso decidí detenerme para verme y rascarme en detalle.
Aparecí al instante, en cuclillas buscando algo y en un lugar que no puedo describir muy bien. La cuestión es que estoy a gatas, como no queriendo, buscando algo que no tendría que buscar.
Sensación extraña si la hay.
Soy honesta: más preguntas que respuestas. Y debe ser por eso que se me dio por cavilar mientras el mundo se mueve como siempre a mi alrededor y yo permanezco ajena, en forma más que clara, cortada, silenciosa y buscando (insisto con la palabra) algo que no logro encontrar.
Le doy vueltas a la cosa, tal parece que demasiado, pero soy “insistidora” como no hay otra y cuanto más llena de nudos está la soga, más paciencia me brota.
Ya no me asusta que mi silencio hable solo ni que mis ojos se hagan impenetrables llevándose hondo el parloteo interno y tornándome infranqueable.
Me permito, en días como hoy, que todo desaparezca en donde termino yo.

Creo que voy a seguir buscando hasta encontrar el significado
y también voy a dejar la puerta abierta
 para dejar de buscar
 cuando yo quiera.
Tal vez me tarde para siempre
en deshacer uno a uno los nudos de la soga
pero eso ahora, justamente ahora,
no es lo que me importa.

25 de febrero de 2014

Entre meses

Cuando el invierno llega a su ocaso y escondidos entre las hojas muertas aparecen los primeros brotes de la primavera, el instinto animal que llevo dentro asoma tímido y se despereza, disparando mi alerta. Año a año, entre octubre y marzo y con una cadencia que raya la obsecuencia, olisqueo el aire y mi esencia se altera.
Es como si la estación de las flores fuera el anuncio de algún cataclismo personal e inevitable que hace que sienta bajo mis pies, cómo tiembla el corazón de la tierra. Así de certera se me presenta.
Pero marzo está llegando y después de haber parido aciertos y desconciertos hasta quedar sin aliento, lenta se acerca, como un bálsamo fresco, la estación de las hojas vueltas a su entierro y de las largas noches de reflexión y silencio en donde en paz vuelvo a mi alma y dócil, me entrego.
Ya sosegada acepto que no hay retorno posible y mis dedos se empiezan a mover más tranquilos, como más tranquila voy despertando a lo que siento. Es que después de cada tormenta la calma es lo único cierto, como cierto es que al quedarme quieta, y cual si fuera una fotografía, la vida no sólo me muestra una a una las famosas consecuencias sino también el contrapunto o si se quiere: La ironía sutil que equilibra esta cadencia.

9 de febrero de 2014

Interpretaciones Parte II

No sé si ya escribí algo con este título pero no tengo ganas de buscar entre mis letras y por eso le puse parte dos, para no andar con vueltas.
La cuestión acá es de una simple complejidad, algo así como todo lo no dicho que queda a libre albedrío pero que en definitiva termina armando lío.
Porque yo siento y el otro siente y los dos creemos o pensamos y ahí en el aire lo dejamos y en el día a día se va juntando y el viento no se lo lleva sino que lo va amontonando y esos montones son el pasto seco que después se incendia y nada más que por dejadez y pura negligencia.
Me niego a que el viento haga con las interpretaciones una montaña de adivinanzas, y como ya tuve varios incendios me di cuenta de que con una llama me alcanza.
Pero hete aquí que tengo un defecto y es ese largo masticar, pero nada más que porque necesito el tiempo para saber si no soy yo la mañosa, no es por otra cosa. Y cuando mastico busco, miro, siento, me paro en la otra esquina, me cruzo a la vereda de enfrente, me visto con la piel del otro, me “espejo” y me escucho hablarle-hablarme para en un instante deslizarme y tocarte.
Y así es como interpreto mi falso-cierto y porque mi yo entero se resiste a lo viejo no dejo que el viento junte pasto seco.

28 de enero de 2014

La noticia de un enojo

Estoy enojada, enojada con todo lo que pasa y de lo que creo yo no tengo que ver nada.
Mi blog reza “sin dios y sin patria”, rezo por el que fui y soy cuestionada; no siento vergüenza por ello, ni lástima. No sé lo que es la patria, siento que un himno y una bandera no definen el límite en la tierra con una raya.
En cuanto a dios, se dice que al negar algo se reconoce su existencia, pero yo no lo niego ni lo afirmo, es más simple que eso, nunca lo vi y tampoco lo siento. Puede estar o no pero yo acá no lo tengo.
Mi enojo tiene tal vez algo que ver con los días y también con haberme metido en dimes y diretes que no me correspondían, noticias puntualmente.
Tarde… siempre resulta que es tarde. El diario no trae la información antes de que pase para poder hacer algo, no, el diario me “anoticia” de lo que a todas luces me es inmanejable. Porque no puede haber nada nuevo en noticias viejas y sólo me queda la preocupación, la impotencia y la frustración que me genera la imposibilidad de actuar frente a un hecho consumado.
Por eso decidí volver a mí hoy, después de darme la cabeza contra la pared, después de habérseme subido el corazón a la garganta un par de veces temiendo que mis hijos, que están lejos, fueran los que estaba viendo tirados en el piso o perdidos.
Y los precios seguirán subiendo igual que el dólar, los puchos, la nafta y la comida; y seguirán habiendo accidentes, muertes, políticos corruptos y guerras.
Entendí que no hay cirugía para el pasado y que hablar de historia y citarla puede ser entretenido pero no me lleva a ninguna parte y por ende no me sirve para nada.
Por eso vuelvo, como hasta no hace mucho, a mi frasco, a mi centro y me sumerjo en lo único que puedo cambiar y mejorar, que es a mí misma.
No sabré qué ropa está de moda, quién murió ni dónde hubo un huracán. Pero voy a estar acá, justo acá y sin más información que la que sienta mi corazón cuando te mire a los ojos y te pregunte ¿cómo estás?

23 de enero de 2014

He descubierto

He descubierto que el camino al acierto está lleno de errores y que bordean las márgenes del río una multitud de desatinos.
He descubierto que en el trayecto son duros los golpes en los tobillos y que caerse es muchas veces un apoyo en el piso.
He descubierto que la flecha da en el blanco justo cuando se relajan los brazos ya cansados.
He descubierto un abismo repleto de causas perdidas, causas que hoy unen las orillas y me permiten caminar adonde antes hubiera tenido que volar para pasar.
He descubierto que después de andar perdida en los laberintos de mi vida, la verdad ha asomado siempre tímida ante mi vista, mostrándome el camino de salida.
He descubierto que por cada falla hay una medalla, aunque en el momento haya tirado la toalla.
He descubierto que con los años sé menos y olvido más, que dejé de guardar y que sigo intentando escuchar sin pensar en qué contestar.
He descubierto que la vida está plagada de contradicciones perfectas, que lo ilógico tiene pies y cabeza y que lo dulce es amargo del otro lado.
He descubierto que el ruido que me deja sorda es una forma de silencio y que la ausencia de sonidos es música para mis oídos.
He descubierto que abrir la boca es abrirle la puerta a los demás y que después no hay posibilidad de volverla a cerrar.
He descubierto que en estado de alerta puede haber descanso y que la muerte no es una huída perfecta.
He descubierto que debajo de una ola gigante hay tierra y que ahogarse no es quedarse sin aire.
He descubierto que la tristeza y la felicidad son una misma pieza y que en la calesita de la vida he sacado más de una vez la sortija.
He descubierto que la fuerza no se termina mientras dura la vida y que cuando me vaya ya no va importarme nada.
He descubierto que es lo mismo temer que detener y que tengo más paciencia de la que soñé.
He descubierto que la filosofía es un arte barato que no hace más que unir las palabras del diccionario y que teorizan aquellos que no practican la vida a diario.
He descubierto que cada día muero y vuelvo a nacer y que puedo bajar o subir a quien quiera, porque éste es mi tren.
He descubierto que mis decisiones tienen un costo incierto y que tanto puedo poner el pie en el cielo como en el mismísimo infierno.
He descubierto que puedo amar y odiar y que ambos pueden suceder en el mismo momento.
He descubierto que hay días en donde todo me sonríe pero que se intercalan sin remedio con aquellos en los que por todo lloro.
He descubierto que mi forma no es la única y que lo que veo desde donde estoy parada se ve distinto a tan sólo unos centímetros.
He descubierto que la realidad no son palabras y que lo que debo hacer no muchas veces es lo que quiero.
He descubierto que no todo lo que se muestra es lo que hay y que en algún lado vive un submundo de cosas inimaginables que ni el más destacado ilusionista jamás podría calcular.
He descubierto que lo que siento no puedo ponerlo en palabras, porque los sentimientos tendrán nombre pero no definiciones.
He descubierto que en la superficie puede haber calma pero mi barcaza, igual puede zozobrar.
He descubierto que lo perfecto es la imperfección de un día de lluvia y sol.
He descubierto que viajar con poco me permite disfrutar del paisaje porque no tengo que acarrear tanto equipaje.
He descubierto que hay personas que pasan sin dejar y que mejor olvidarlas que ponerse a recordar.
He descubierto que me voy a volver a equivocar y que la solución no va a estar atrás.
He descubierto que la venganza parece una delicia pero le falta sal y encima se come fría.
He descubierto que el viento lleva y trae y que la lluvia se queda cuando se va.
He descubierto que una sonrisa abre el mundo más grande y que de mis acciones no le debo explicaciones a nadie.
He descubierto que tengo tanto de mí que descubrir todavía, que desde hacen nueve años a esta parte, no he tenido tiempo de solucionarle la vida a los demás.


14 de enero de 2014

Explicaciones

Me da pereza darlas
Y prefiero no escucharlas
No justifican y por eso huelgan
Explicaciones vanas
Explicaciones sin sustancia
Que no conducen a nada

Que todo es un cuento
Una foto que muestro
No hay nada nuevo

Explicar ocupa tiempo
Me quita vida y sueño
Me llena de desespero
Explicar detiene
Y yo voy yendo
Y si explico no llego


No dicho

El 2013 fue un año de aprendizajes, despegues, alunizajes y aterrizajes constantes.
Cada día al levantarme sentía que la batidora se ponía en marcha y que cualquier menjunje podía salir de ahí, tanto para gratamente empalagarme como para volar por el aire y enchastrarme.
Tensión, respiros entrecortados, suspiros sorpresivos, varas en lugar de músculos, silencios mal habidos y más de una vez me he puesto las manos en la garganta para frenar la nefasta retahíla de adjetivos que pintaban al dedillo el paisaje del camino.
Mi cuerpo aguantó sin chistar cada pozo, cada amague de viraje, cada frenada, cada acelere y cada ahogo, aun a pesar de algún que otro aviso distraído.
Café, cigarrillo, chocolate y dos litros de agua fueron casi mi comida diaria.
Noticias, deudas impagables y dislates en enjambres me solicitaban con urgencia y se me planteaban bifurcaciones de dilemas que muchas veces eran vías muertas.
Para esto y como si fuera poco, había terminado de bajar una cortina y decidido que empezaba la otra mitad de mi vida.
Los fuegos no tardaron en llegar. La limpieza fue profunda y a conciencia y después de mirar las cosas y preguntármelo dos veces, despaché sin remilgos mi historia.
Mis letras esbozaban de lejos mi interior y las preguntas no se hacían esperar con cada escrito y las críticas a mi sentir tampoco.
Poca importancia le di a las palabras que gratis me regalaban, y no por mañosa u orgullosa, la verdad era que nadie, salvo yo, podía solucionar mis cosas.
No fue fácil caminar todo este tiempo, y siguen siendo costosas, todavía, algunas cosas. Torcer el destino se llevó buena parte de mi temple y tachó los nunca para siempre.
Del 2013 me quedó la inseguridad de lo seguro, la sorpresa minuto a minuto, la paciencia grande como un muro, los silencios de blanco y las palabras de luto.

Por eso hoy rescato todo lo no dicho y de lo hablado, lamento mucho.

10 de enero de 2014

Claridad

Hoy venía en la ruta, en una mezcla de montañas, bosque y estepa. La oscuridad era total, el cielo lleno de estrellas y la vida todavía dormía aunque faltaba poco para despertar.
Y entre esas subidas y bajadas, el paso como diapositivas de paisajes cambiantes, la niebla y el cielo despejado, se me ocurrió que no sólo puede parecerse la vida a un río, como siempre digo, sino también a una noche cerrada entre valles y escaladas.
No hubo en todo el camino un kilómetro igual al otro, cada minuto era otra foto, la niebla aparecía y desaparecía con cada pestañeo de ojos, el color del asfalto mutaba del negro al gris topo, las piedritas de la banquina brillaban o se esfumaban, tocadas por esa varita mágica de la neblina que me abrazaba y al mismo tiempo me ahogaba.
Fue la sensación de la vida misma, esa dualidad arbitraria que poco se entiende y que a la vez hace que irónicamente encajen perfecto mil universos imperfectos y se sincronicen en una armonía invisible e intocable, haciendo que ahora esté tratando de explicar lo que sentí esta mañana, buscando una forma contarlo, tal vez con alguna paradoja, pero cayendo al fin en la cuenta de que no me convencen los trueques semánticos, o no por lo menos en este caso.

Concluyo que en vano busco, en cada relato, la forma de transferir lo que siento o la manera de ver las cosas que tengo. Pero invariablemente me queda la eterna sensación de haber olvidado algo, de no haber sido lo suficientemente gráfica o de no haber dibujado con esmero puntilloso cada espacio para que aquel que lea mis líneas se sienta del todo identificado y pueda ver en toda dimensión, mi cuadro.

Escrito en Mayo de 2013

A solas

Está sola, sola con el sol y con ella misma, y mientras se levanta el vestido y baja los cinco escalones gastados, sonríe y siente cómo, en cada pausa de sus pasos descalzos, un despacioso dedo de silencio va descorriendo el misterioso velo del tiempo, así como sus ojos, callados y claros, van reflejando el secreto destino de ser cómplice cautiva de su propia vida.

Camina su remanso, lánguida y suave.
La brisa ondula sus piernas
y una lágrima cansina resbala su mejilla
mientras sus pies,
desnudos y lentos,
huellan sin dejar rastro
la arena tibia.

9 de enero de 2014

Fantasmas, arañas y diablos

Algún día sé que me voy a reír en la cara de todos los fantasmas, arañas y diablos que con sus sucias maniobras suelen oscurecer a veces mis horas.
Algún día tal vez, cuando los vea aparecer, logre no dejarme manipular ni marear con sus intrincados tejes y no destejes, con sus susurros, sus artilugios y sus mil y un manejes.
Debo decir que muchas veces hay razones valederas que me llevan de la mano a ese estado de histeria apagada, y muchas otras son, en verdad, un hábil invento de estos tres sin corazón.
Pero el tema acá es que, sea cual fuere el motivo, es tan real lo que siento que mis tripas no tardan en empezar el concierto y como si esto fuera poco, un semáforo en rojo termina por cegar sin remedio mis ojos.
Digo siempre que los años me han llenado de paciencia, pero reconozco que en estos casos ni ella me aquieta, así y todo callo y me guardo, y sola y alborotada viajo como puedo a mi centro para masticar el mal momento, para mirar las cosas del derecho y del revés, para cruzarme a la otra vereda y para ser tan objetiva como me sea posible y así evitar que se me prenda fuego la sangre mientras trato de dilucidar entre lo real y lo imaginario y lucho por sacarme el asqueroso y conocido gusto a hiel y bronca que pinta mi boca.
Y sí, algún día tal vez recorra mi barca y descubra que estos tres, se han ido a otro lado a hacer sus salvajadas. Pero por ahora y cada tanto los sigo encontrando, escondidos y elucubrando su próximo asalto para asustarme hasta el infarto.

Escrito en Noviembre de 2013