13 de julio de 2026

180º

El contexto se borró por completo.
No sé qué hora es y mis uñas no están pintadas, pero estoy vestida de negro, lo único que permanece inalterable, intacto y sin mácula cada vez que, sin aviso, la vida da un giro de 180º y yo quedo mirando exactamente para el otro lado.
Sin embargo hay algo interesante en estos eventos, y es que conservo la presencia de ánimo, aunque no el garbo ni los tacos. De afuera puedo parecer enloquecida, hasta perdida, pero mis tripas son un estanque. Poseo una lógica que ordena y establece prioridades, una voz helada en mi cabeza resuelve y acomoda, desconectada por completo de lo que le pasa a mis emociones.
Entiendo que este rasgo tan mío es el que me mantiene en pie cada vez que mi mundo se da vuelta y me pone en estas situaciones impensadas. Por momentos algo me impulsa a espiar qué viene, entonces una mano me toca el hombro y una voz dulce me susurra al oído que no pierda el tiempo y abra los ojos, porque acá también hay tesoros.
Recién, mientras me fumaba un cigarro de cara al sol del invierno, entendí que solo puedo ver el presente, y que estoy completamente ciega cuando intento contemplar el futuro.
Este es otro viaje, uno más de no sé cuántos, otro capítulo de la saga de mi historia.
Volver a mi centro en algún momento del día, frenar unos segundos, hacer un repaso y respirar es mi mayor logro. Es la puesta en acción de todo el autoanálisis que, a puro huevo y candela, me hice a mí misma estos últimos años.
No fue joda, no fue fácil. Sigue no siéndolo.
Hoy lo que hay es “la vida pasando”, pero esta vez siento la satisfacción de vivir con conciencia mi propia creación.

No hay comentarios: