Estoy cansada, les juro que lo que tengo es puro agotamiento. No pienso, no puedo pensar y por más empeño que le ponga no logro ensartar nada en el collar.
Tengo un reguero de pólvora en los pies y un fósforo en la mano que no atino a prender. Destilado cansancio es lo que tengo, pero no es cansancio de sueño. Es el alma harta y el cuerpo en marcha automática. Quiero encontrarle una explicación a esto de no poder unir nada, porque la verdad es que estoy haciendo agua, mi vida está siendo baleada a mansalva y está llena de agujeros mi barca.
Estoy sola y encima a deshora y si me abstraigo, no puedo sino verme perdida, haciendo malabares en una esquina vacía, con el viento en contra y un millón de bolas danzantes y pícaras en el aire suspendidas.
Es todo tanto que me sorprendo arrastrando los pies, prendiendo dos cigarrillos a la vez y anotando cosas hasta el hastío en post-it rosaditos. Lo peor es que no los leo y los dejo ahí, pegados en lugares visibles y raros para después pasar de largo como si fueran parte del mobiliario.
Y es que hasta perdí la locura en el camino y para colmo de males no sé en qué parte del destino quedé desnuda y a los gritos.
No me dan las letras ni la cabeza pero de algo estoy segura: creo que le estoy buscando la vuelta a una porfiada y puta recta.
Leo desde que abrí los ojos y entre párrafo y párrafo la pluma de mi alma va intercalando palabras y voy desvariando entre amores y odios, entre la vida y la muerte y entre dioses y diablos para llegar al fin a entender que lo importante está en el espacio que hay entre esta palabra y esta otra.
26 de octubre de 2012
17 de octubre de 2012
En un tornado
Hace tiempo que camino por la vida tratando de acordarme de lo que olvido, buscando a tientas la concentración que he perdido, dibujando minutos lentos y días que pasan como un suspiro. Todavía conservo el humor eso sí, y también una hermosa cintura para esquivar los tiros.
Escribo para acomodar un poco las cosas y hago infinidad de listas, las tacho y después las rompo pero vuelven a aparecer, como por arte de magia, obstinadas e impecables, entre las hojas de algún libro.
No sé qué es lo que pasa, se me ocurre que si posara para un cuadro, me pintarían con el pelo revuelto pero peinado, con la cara apenas esbozada y las manos sobre las piernas cruzadas.
Y es que los 46 están llegando de costado y, atolondrados, descienden la pendiente trastabillando, y allá abajo el valle simula ser un espejismo lejano, y esta ruta por el abismo una real caída en picada desde lo alto.
Tengo cansada el alma y secas las lágrimas, creo que guardé las uñas negras pero no se me va el nudo en la garganta, es evidente que en alguna parte perdí el garbo y para no morir en el intento puse la mente en blanco.
Tengo una mezcla rara adentro
y el paso lento,
a las botas les huelga el taconeo
y a mí…
a mí me parece que esto es sólo el comienzo
Escribo para acomodar un poco las cosas y hago infinidad de listas, las tacho y después las rompo pero vuelven a aparecer, como por arte de magia, obstinadas e impecables, entre las hojas de algún libro.
No sé qué es lo que pasa, se me ocurre que si posara para un cuadro, me pintarían con el pelo revuelto pero peinado, con la cara apenas esbozada y las manos sobre las piernas cruzadas.
Y es que los 46 están llegando de costado y, atolondrados, descienden la pendiente trastabillando, y allá abajo el valle simula ser un espejismo lejano, y esta ruta por el abismo una real caída en picada desde lo alto.
Tengo cansada el alma y secas las lágrimas, creo que guardé las uñas negras pero no se me va el nudo en la garganta, es evidente que en alguna parte perdí el garbo y para no morir en el intento puse la mente en blanco.
Tengo una mezcla rara adentro
y el paso lento,
a las botas les huelga el taconeo
y a mí…
a mí me parece que esto es sólo el comienzo
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6 de octubre de 2012
Chaparrón de humor
Hoy cayó sobre mi cabeza un aguacero de esos que duran quince minutos y te empapan hasta la ropa que no tenés puesta. En ese instante de sorpresa quedé tildada y como si fuera un robot, firmé lo que había que firmar, conté lo que había que contar y después del falso saludo de cortesía, partí.
En tres cuadras absorbí el cigarrillo y con la última pitada se me cayó una carcajada, una de esas risas amplias y francas resultado de la incredulidad más borracha. Una risa que alguien sin cultura acompañaría con el clásico ¿lo qué?
Pasaron seis horas y estoy en casa, esto me golpea y me tuerce pero ya no me voltea. No soy una mujer de venganza pero reconozco que por un segundo apareció ante mis ojos y me tentó, fría y solapada, pero no, sé que aunque tarde años y sea amarga, la paciencia pura y destilada es mi única aliada.
Aún sigo sin encontrar la respuesta a la estocada despiadada, lo que sí tengo de sobra son adjetivos para catalogar a esta persona non grata, pero llenaría sin sentido varias hojas de palabras cuando huelga decir que sólo un tonto anda sin tino y sin miedo por la vida.
Sé que me están caminando, lo que no saben es que mientras los dejo pastorear en mi prado, yo compro tiempo y negocio más barato.
En tres cuadras absorbí el cigarrillo y con la última pitada se me cayó una carcajada, una de esas risas amplias y francas resultado de la incredulidad más borracha. Una risa que alguien sin cultura acompañaría con el clásico ¿lo qué?
Pasaron seis horas y estoy en casa, esto me golpea y me tuerce pero ya no me voltea. No soy una mujer de venganza pero reconozco que por un segundo apareció ante mis ojos y me tentó, fría y solapada, pero no, sé que aunque tarde años y sea amarga, la paciencia pura y destilada es mi única aliada.
Aún sigo sin encontrar la respuesta a la estocada despiadada, lo que sí tengo de sobra son adjetivos para catalogar a esta persona non grata, pero llenaría sin sentido varias hojas de palabras cuando huelga decir que sólo un tonto anda sin tino y sin miedo por la vida.
Sé que me están caminando, lo que no saben es que mientras los dejo pastorear en mi prado, yo compro tiempo y negocio más barato.
3 de octubre de 2012
Se y sé
Es difícil escribir sin recurrir al personaje, porque sigo pensando en tercera persona y todavía no sé si es “Ella” o la sombra reticente de sus escalones los que todavía no me abandonan.
Siento que salir al ruedo desde mí es abrir una puerta sin saber lo que hay del otro lado, y al hacerlo no existe posibilidad alguna de impedirles el paso, soy consciente de ello y como no puedo evitarlo, decidí enfrentarlo.
Es por eso que estos días mis dedos han estado rondando el teclado sin animarse a tocarlo, pero necesito la catarsis y cada hora que pasa inquieta mi alma.
Ahora tengo las piernas cruzadas y el sol entra por la ventana, voy por el quinto cigarrillo y el café espera y, como nobleza obliga, les confieso que quedar desnuda me deja un dulzor misterioso en la boca que un poquito me impresiona.
La verdad es que ya no hay vuelta atrás y estoy sola en el escenario, con todas las luces apuntándome a la cara, haciendo un striptease de palabras, transformando los gestos en signos de puntuación, sugiriendo ánimos con los de exclamación y dando lugar a tantas interpretaciones como ángeles caben en la cabeza de un alfiler.
No sé cuánto más habrá, y mucho menos quién está, pero abro la puerta porque sé que esto no me va a matar.
A esta altura del partido estoy para pocos y poco también es lo que cargo en los hombros, son cosas mías, consecuencias de causas elegidas. El precio es más que alto, aprendí que la paciencia me ayuda a cargarlo y que la risa aligera la mochila.
Veo a lo lejos un mar de nubes cargadas de cambios y llenas de lo espeso, en este momento de mi vida las espero con los brazos abiertos porque sé que vienen para inundar mi desierto y llenar mi oasis con lo nuevo.
Palpo el descanso que se acerca, pero antes, tiene que pasar la tormenta.
Siento que salir al ruedo desde mí es abrir una puerta sin saber lo que hay del otro lado, y al hacerlo no existe posibilidad alguna de impedirles el paso, soy consciente de ello y como no puedo evitarlo, decidí enfrentarlo.
Es por eso que estos días mis dedos han estado rondando el teclado sin animarse a tocarlo, pero necesito la catarsis y cada hora que pasa inquieta mi alma.
Ahora tengo las piernas cruzadas y el sol entra por la ventana, voy por el quinto cigarrillo y el café espera y, como nobleza obliga, les confieso que quedar desnuda me deja un dulzor misterioso en la boca que un poquito me impresiona.
La verdad es que ya no hay vuelta atrás y estoy sola en el escenario, con todas las luces apuntándome a la cara, haciendo un striptease de palabras, transformando los gestos en signos de puntuación, sugiriendo ánimos con los de exclamación y dando lugar a tantas interpretaciones como ángeles caben en la cabeza de un alfiler.
No sé cuánto más habrá, y mucho menos quién está, pero abro la puerta porque sé que esto no me va a matar.
A esta altura del partido estoy para pocos y poco también es lo que cargo en los hombros, son cosas mías, consecuencias de causas elegidas. El precio es más que alto, aprendí que la paciencia me ayuda a cargarlo y que la risa aligera la mochila.
Veo a lo lejos un mar de nubes cargadas de cambios y llenas de lo espeso, en este momento de mi vida las espero con los brazos abiertos porque sé que vienen para inundar mi desierto y llenar mi oasis con lo nuevo.
Palpo el descanso que se acerca, pero antes, tiene que pasar la tormenta.
21 de septiembre de 2012
Mezcla de mí
Mar y costa
Cielo y estrella
Un árbol, la tierra
Las alas y el ancla
Una sombra dibujada
Una brasa apagada
Un fuego sin llamas
Sustancia y nada
Partitura y corcheas
Una canción sin letra
Actriz sin careta
Esencia etérea
Un trazo líquido
Un paso sin ruido
Universo descalzo
Núcleo y cosmos
Payaso despintado
Lindas manos
Soy, pero no
¿Quién? No sé
¿Acá? Sí, pero allá
¿Cuándo? No mañana ni ayer
¿Qué?
Que no estoy
Que me fui
Que tengo el alma rendida en los brazos
Suspirando el placer encontrado
Viviendo el segundo de los humanos
Naufragando un océano inundado
Y pateando lunas sin descaro
Cielo y estrella
Un árbol, la tierra
Las alas y el ancla
Una sombra dibujada
Una brasa apagada
Un fuego sin llamas
Sustancia y nada
Partitura y corcheas
Una canción sin letra
Actriz sin careta
Esencia etérea
Un trazo líquido
Un paso sin ruido
Universo descalzo
Núcleo y cosmos
Payaso despintado
Lindas manos
Soy, pero no
¿Quién? No sé
¿Acá? Sí, pero allá
¿Cuándo? No mañana ni ayer
¿Qué?
Que no estoy
Que me fui
Que tengo el alma rendida en los brazos
Suspirando el placer encontrado
Viviendo el segundo de los humanos
Naufragando un océano inundado
Y pateando lunas sin descaro
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Desatando la locura
19 de septiembre de 2012
Las cosas no son hoy lo que solían ser
Hace ocho años, en una noche de septiembre y en la oscura y silenciosa intimidad de mi cocina caí en la cuenta de que había estado sentada en una piedra, detenida, no escuchándome a mi misma y mirando la película de mi vida pero sin saber que era yo la protagonista.
En aquel momento no sabía lo que hoy sé, que lo que empezaba no iba a terminarlo nunca y que el dar ese primer paso implicaba cerrar una puerta que no podría volver a abrir jamás.
“Darme cuenta” me dejó sin aire, fue un escopetazo de lleno en el pecho, un desgarro del alma, un arrancarme la piel hasta quedar en carne viva, un andar a los codazos entre las espinas arrastrándome cuando las piernas cedían y gritándole en la cara a la vida mientras abrazaba a la muerte cuando las lágrimas me enceguecían.
Confieso que quise volver a ser la que era más de una vez, pero había quemado los puentes hasta reducirlos a cenizas y fue imposible retroceder.
En todo este trecho me deshice hasta de la basura más nimia, sin importarme nada más que yo misma, y quedaron en el barro chapoteando desesperados las virtudes y los defectos más acérrimos, mientras en los recodos del camino iba enterrando caras, nombres, recuerdos, olvidos y hasta un par de sortijas.
Con los dedos casi congelados rompí tradiciones y tiré mandatos y a punto de quedar sin resuello, pero con toda la fuerza de la que fui capaz, derribé estructuras, pisé palabras y con un lápiz taché uno a uno todos los planes.
Ahora son mis manos las que están sobre el teclado y soy yo la que está en bata con las piernas cruzadas y recién bañada, la misma que está fumando el quinto cigarrillo del relato mientras la taza de té vacía descansa en silencio junto al cenicero lleno de colillas.
Hoy Athos no está dormido, es raro pero ladra como si supiera que la que escribe desnudando el alma, mostrando el lado vulnerable, en una casa casi vacía y cerrando la mitad de mi vida, soy yo.
“Ella” se despide, se queda en el camino, como se quedó para morir aquella noche una parte de mí mientras yo me levantaba para torcer la historia de mis días.
En aquel momento no sabía lo que hoy sé, que lo que empezaba no iba a terminarlo nunca y que el dar ese primer paso implicaba cerrar una puerta que no podría volver a abrir jamás.
“Darme cuenta” me dejó sin aire, fue un escopetazo de lleno en el pecho, un desgarro del alma, un arrancarme la piel hasta quedar en carne viva, un andar a los codazos entre las espinas arrastrándome cuando las piernas cedían y gritándole en la cara a la vida mientras abrazaba a la muerte cuando las lágrimas me enceguecían.
Confieso que quise volver a ser la que era más de una vez, pero había quemado los puentes hasta reducirlos a cenizas y fue imposible retroceder.
En todo este trecho me deshice hasta de la basura más nimia, sin importarme nada más que yo misma, y quedaron en el barro chapoteando desesperados las virtudes y los defectos más acérrimos, mientras en los recodos del camino iba enterrando caras, nombres, recuerdos, olvidos y hasta un par de sortijas.
Con los dedos casi congelados rompí tradiciones y tiré mandatos y a punto de quedar sin resuello, pero con toda la fuerza de la que fui capaz, derribé estructuras, pisé palabras y con un lápiz taché uno a uno todos los planes.
Ahora son mis manos las que están sobre el teclado y soy yo la que está en bata con las piernas cruzadas y recién bañada, la misma que está fumando el quinto cigarrillo del relato mientras la taza de té vacía descansa en silencio junto al cenicero lleno de colillas.
Hoy Athos no está dormido, es raro pero ladra como si supiera que la que escribe desnudando el alma, mostrando el lado vulnerable, en una casa casi vacía y cerrando la mitad de mi vida, soy yo.
“Ella” se despide, se queda en el camino, como se quedó para morir aquella noche una parte de mí mientras yo me levantaba para torcer la historia de mis días.
Sé que escucharé sus tacos en alguna esquina vacía
y la veré pasar con las manos en los bolsillos y las mejillas frías,
lloraré sus lágrimas
y reiré sus risas,
pisaré su arena
y, tocando su brisa,
me sentaré en sus escalones
recordándola como una parte mía
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31 de agosto de 2012
En la arena
Tiene ganas de mil cosas y también tiene ganas de no tener ganas. Quiere dejarse llevar, ir, irse. Necesita abrir el espacio para sentarse en silencio a lamerse las heridas y exorcizarlas entre los dedos.
Hay tiempo, Ella sabe que lo hay, pero en la boca del estómago un puño de sangre vocifera cansancio y las lágrimas rompen el dique haciéndose río e inundando su cauce de ahogo.
Frena por instinto el inevitable destino, espanta pensamientos a los gritos y con las manos se tapa los oídos. Siente que no alcanza, se afloja… trata.
Hay tiempo, Ella sabe que lo hay, pero en la boca del estómago un puño de sangre vocifera cansancio y las lágrimas rompen el dique haciéndose río e inundando su cauce de ahogo.
Frena por instinto el inevitable destino, espanta pensamientos a los gritos y con las manos se tapa los oídos. Siente que no alcanza, se afloja… trata.
Un nudo en la garganta la ciega, se da vuelta y lo increpa.
Parece que está sola en la arena, pero no,
están Ella y su historia, desnudas y frente a frente,
en una lucha de iguales,
encarnizada y vehemente.
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29 de agosto de 2012
Esfumación
Se derrite, se apaga, se desvanece, se volatiliza. Etérea, fugaz, invisible, húmeda, noche, oscuridad.
Callos en el alma, jirones de piel en las espinas, sangre en la tierra, pies en carne viva, manos frías, mente a la deriva.
Salvaje, rebelde, contenida, desbocada, indomable, flexible, compasiva, reflexiva.
Ausente, silenciosa, misteriosa, vacía, insondable, impredecible, tormenta, deriva, calma, relámpago, golpe, esquiva.
Distraída, observadora, sensible, tímida, blanca, transparente, sostenible, paciente, multifacética, desdoblada.
Una flecha al blanco, un arco en descanso, Los Girasoles de Van Gogh, La Tentación de Dalí, las curvas de un Rubens, la nota de un Stradivarius, la cuerda de un bajo, la forma de un saxo, un solo de piano.
Camaleónica, clásica, armónica, sensata, lógica, dialéctica, arriesgada, resuelta, libre, evanescente, extraña, risueña, asequible, demudada, perseverante, noble, ágil, precipitada.
Bosque, desierto, selva, río, montaña, valle, hielo, playa, fuego, aire, tierra, agua, raíces y alas.
Adjetiva esfumada, sustantiva desmarcada. El filo de una navaja, mitad animal, mitad humana, una mezcla equilibrada, un centro de pasada, el vaivén de una hamaca, la risa en la mirada, el sosiego en el alma y la paz en la pisada.
Callos en el alma, jirones de piel en las espinas, sangre en la tierra, pies en carne viva, manos frías, mente a la deriva.
Salvaje, rebelde, contenida, desbocada, indomable, flexible, compasiva, reflexiva.
Ausente, silenciosa, misteriosa, vacía, insondable, impredecible, tormenta, deriva, calma, relámpago, golpe, esquiva.
Distraída, observadora, sensible, tímida, blanca, transparente, sostenible, paciente, multifacética, desdoblada.
Una flecha al blanco, un arco en descanso, Los Girasoles de Van Gogh, La Tentación de Dalí, las curvas de un Rubens, la nota de un Stradivarius, la cuerda de un bajo, la forma de un saxo, un solo de piano.
Camaleónica, clásica, armónica, sensata, lógica, dialéctica, arriesgada, resuelta, libre, evanescente, extraña, risueña, asequible, demudada, perseverante, noble, ágil, precipitada.
Bosque, desierto, selva, río, montaña, valle, hielo, playa, fuego, aire, tierra, agua, raíces y alas.
Adjetiva esfumada, sustantiva desmarcada. El filo de una navaja, mitad animal, mitad humana, una mezcla equilibrada, un centro de pasada, el vaivén de una hamaca, la risa en la mirada, el sosiego en el alma y la paz en la pisada.
24 de agosto de 2012
Es posible
Está en bata, con la toalla enroscada en la cabeza y sin anillos salvo el del pulgar derecho, cero maquillaje, teclado y cigarrillo, té negro, uñas blancas y piernas cruzadas.
Los días que durante tanto tiempo se le hicieron eternos se convirtieron en segundos condensados que pasan apurados y que Ella quisiera detener entre las manos. Aprieta los labios, no puede evitarlo pero se escapan de sus ojos bosque claro, lágrimas de una larga espera, la sensación de haber llegado, el dolor de arrancarse el luto sin reparos y el darse cuenta de que el árbol que creyó seco, ahora está brotando.
No está sola, llegó a su remanso, a ese lugar del río que le susurra tranquilo al oído, después de tantos años, que es posible enamorarse amando.
(Este es un relato inusitado, entregado en cuerpo y alma, contado a través de Ella pero mío. Raro, pero en este momento me trasladé a su espacio y estamos a metros de los escalones blancos)
Los días que durante tanto tiempo se le hicieron eternos se convirtieron en segundos condensados que pasan apurados y que Ella quisiera detener entre las manos. Aprieta los labios, no puede evitarlo pero se escapan de sus ojos bosque claro, lágrimas de una larga espera, la sensación de haber llegado, el dolor de arrancarse el luto sin reparos y el darse cuenta de que el árbol que creyó seco, ahora está brotando.
No está sola, llegó a su remanso, a ese lugar del río que le susurra tranquilo al oído, después de tantos años, que es posible enamorarse amando.
21 de agosto de 2012
Ojos
Es temprano, Ella no acostumbra a escribir a esta hora, por eso en lugar de té hay café pero no faltan ni los pies desnudos, ni el cigarrillo, ni el pelo recogido.
También hay demasiada luz y algunos ruidos pero logra que sus dedos tranquilos escuchen lo que su alma siente y con paciencia hagan la alquimia de ponerle letras a algo que carece por completo de ellas.
Se recuesta en la silla, se le hace difícil, se detiene el teclado, sus ojos están fijos en algo, su mente pasea por otro lado y adentro un mar calmo se niega a la magia del diálogo.
También hay demasiada luz y algunos ruidos pero logra que sus dedos tranquilos escuchen lo que su alma siente y con paciencia hagan la alquimia de ponerle letras a algo que carece por completo de ellas.
Se recuesta en la silla, se le hace difícil, se detiene el teclado, sus ojos están fijos en algo, su mente pasea por otro lado y adentro un mar calmo se niega a la magia del diálogo.
Están quietas
Ella
y sus manos
mira lo que escribió
sonríe
salvo esto
en lo que no dice
está el resto
9 de agosto de 2012
Camina
Si camina el camino de su vida, si es cierto que cada final es un comienzo, si llegara a ser verdad, y si después de todo este tiempo de andar volviera a empezar, entonces, y sólo entonces, va a creer que es posible amar.
Alguna vez hubo un principio y también un final y llevó mucho tiempo llegar hasta acá. Ella no cree en nada y cree en todo, en el vacío encuentra lo que necesita, ahí está lo más importante, y si lo que tiene hoy en las manos no es nada y si lo importante está en ese vacío, entonces tiene todo.
No es momento de cuestionar ni de pensar, justo ahora es momento de caminar, de caminar sin miedo, en silencio, tranquila, sin suspenso, sin medir los pasos, confiada y sin temor al desafío de caminar lo desconocido.
Ahora es el tiempo.
Se deshace de la corteza después de tanta espera
y le dice que lo ama y que no le importa la respuesta…
Alguna vez hubo un principio y también un final y llevó mucho tiempo llegar hasta acá. Ella no cree en nada y cree en todo, en el vacío encuentra lo que necesita, ahí está lo más importante, y si lo que tiene hoy en las manos no es nada y si lo importante está en ese vacío, entonces tiene todo.
No es momento de cuestionar ni de pensar, justo ahora es momento de caminar, de caminar sin miedo, en silencio, tranquila, sin suspenso, sin medir los pasos, confiada y sin temor al desafío de caminar lo desconocido.
Ahora es el tiempo.
Se deshace de la corteza después de tanta espera
y le dice que lo ama y que no le importa la respuesta…
5 de agosto de 2012
Distancia cercana
Están juntos
se evapora el tiempo
desaparece el sueño
entrelazan los dedos
se buscan en un beso.
Él sonríe
ojos achinados
pelo entrecano
bigote blanco
labios amados.
Se miran
sacan la cuenta
parece mentira
pasó media vida.
…son obstinados,
ninguno pone en palabras lo que les pasa,
se aman hacen treinta y cinco años
y se lo siguen diciendo sólo con la mirada…
Refugio
La casa no está vacía, se levanta, sin palabras, café, sola y el primer cigarrillo de horas.
Un puño cerrado en la boca del estómago la cuestiona. Se va para afuera, sin campera, no hace frío y apaga el cigarrillo entre las ramas de la hortensia sin hojas.
Es un solo signo de interrogación, raro, tan raro que se embota. Siente la mente en blanco, las preguntas están en otro lado, pasan como por el costado, no pertenecen a este mundo pero a Ella le sobran y teme que se le metan en el sueño y exploten la burbuja en la que hace treinta y cinco años flota.
Está pasando, lejos, cerca, adentro, en algún lado indefinido y alado. No lo entiende o lo entiende demasiado y no se equivoca.
Un puño cerrado en la boca del estómago la cuestiona. Se va para afuera, sin campera, no hace frío y apaga el cigarrillo entre las ramas de la hortensia sin hojas.
Es un solo signo de interrogación, raro, tan raro que se embota. Siente la mente en blanco, las preguntas están en otro lado, pasan como por el costado, no pertenecen a este mundo pero a Ella le sobran y teme que se le metan en el sueño y exploten la burbuja en la que hace treinta y cinco años flota.
Está pasando, lejos, cerca, adentro, en algún lado indefinido y alado. No lo entiende o lo entiende demasiado y no se equivoca.
3 de agosto de 2012
Inspiración
Un descanso, un destiempo, un espacio, una ausencia, un ondular a merced de cualquier viento, una tolerancia maleable, una oportuna pertenencia, un sereno desenfado, un arrobarse en la nada, un dejar las cosas en las manos “esas” que no se ven, en las mismas que acarician sin tocar, en las que Ella se deja llevar.
Un evadirse sin excusa, un deshacerse sin pretexto, una espera en franca decadencia y un saber que las palabras se repiten aunque no se repitan los labios que las besan.
Está acodada en el primer escalón de madera blanca y suave, con la cabeza de lado, el sol en la mejilla, los dedos cruzados y “haciendo” que escucha por primera vez un disco más que gastado, rayado de bizarro y trillado como pasto muy pisado.
Un evadirse sin excusa, un deshacerse sin pretexto, una espera en franca decadencia y un saber que las palabras se repiten aunque no se repitan los labios que las besan.
Está acodada en el primer escalón de madera blanca y suave, con la cabeza de lado, el sol en la mejilla, los dedos cruzados y “haciendo” que escucha por primera vez un disco más que gastado, rayado de bizarro y trillado como pasto muy pisado.
…y así, suspendida en el limbo de la espera,
una risa abierta, franca y sincera
le sale del fondo del alma
y sacude sin remedio la panza de la tierra…
7 de julio de 2012
Estar sin estar estando
Hoy la abraza una frase que se le hace carne con los días, una frase que la lleva por un camino virgen y lleno de anchura y que la sumerge en la más clara y absoluta negrura.
Está pasando por un raro mareo anunciado que la trae de lado, en donde los enredos son moneda corriente y las palabras un chismerío barato. Ella acomoda el barco y sigue remando, aunque esté cansada de planteos, de dar rodeos, de buscar entre los reos, de separar con los dedos y de tener que irse al centro para no perderse en los recovecos.
A esta altura de su vida y con casi todo ya resuelto tiene entre sus manos un dilema que la atormenta y que al mismo tiempo le da la tregua que necesita para entonar su canto en solitario y seguir cosiendo los vestidos de este luto despiadado.
Ya nada la detiene ni le impide ser quien es. Lleva la verdad en un puño y en el otro la paciencia de no conocer el apuro. El miedo es un ridículo que se arrastra a sus pies, la risa un estallido espontáneo que pone todo del revés y las lágrimas un claro indicio de la fragilidad de ser.
Está pasando por un raro mareo anunciado que la trae de lado, en donde los enredos son moneda corriente y las palabras un chismerío barato. Ella acomoda el barco y sigue remando, aunque esté cansada de planteos, de dar rodeos, de buscar entre los reos, de separar con los dedos y de tener que irse al centro para no perderse en los recovecos.
A esta altura de su vida y con casi todo ya resuelto tiene entre sus manos un dilema que la atormenta y que al mismo tiempo le da la tregua que necesita para entonar su canto en solitario y seguir cosiendo los vestidos de este luto despiadado.
Ya nada la detiene ni le impide ser quien es. Lleva la verdad en un puño y en el otro la paciencia de no conocer el apuro. El miedo es un ridículo que se arrastra a sus pies, la risa un estallido espontáneo que pone todo del revés y las lágrimas un claro indicio de la fragilidad de ser.
Sabe que en el universo no quedan huellas de sus pasos,
como sabe que no quedan huellas en el cielo
del vuelo de ningún pájaro…
22 de junio de 2012
2.37 am
Recién se terminó de bañar, y pudo palpar cómo, con cada gota de agua, se iban yendo los humores del día y los mil olores que la perseguían.
La casa zozobra en un mar de silencio, la brasa del tercer cigarrillo se apaga y Ella descalza, con el pelo suelto y en bata, desata el día que la mira y tira lo que no le sirve como si fuera otra colilla.
Sigue acá, no se quiere ir a dormir, como si terminar el día fuera un sinsentido, cuando lo empezó confusa, corriendo y aterida de frío.
Se queda en ese remanso, en algún recodo del río, en lo místico de lo que no existe y en la frágil magia de lo que escribe.
Las letras son su paraíso, la fuerza que la mantiene en vilo, y un largo y viejo vicio, igual que el café y el cigarrillo.
Su refugio son sus manos y la calma que le da el teclado, sola, con el perro dormido, sin un solo ruido y perdida en el humo de otro cigarrillo.
La casa zozobra en un mar de silencio, la brasa del tercer cigarrillo se apaga y Ella descalza, con el pelo suelto y en bata, desata el día que la mira y tira lo que no le sirve como si fuera otra colilla.
Sigue acá, no se quiere ir a dormir, como si terminar el día fuera un sinsentido, cuando lo empezó confusa, corriendo y aterida de frío.
Se queda en ese remanso, en algún recodo del río, en lo místico de lo que no existe y en la frágil magia de lo que escribe.
Las letras son su paraíso, la fuerza que la mantiene en vilo, y un largo y viejo vicio, igual que el café y el cigarrillo.
Su refugio son sus manos y la calma que le da el teclado, sola, con el perro dormido, sin un solo ruido y perdida en el humo de otro cigarrillo.
El día clama por partir
pero Ella, obstinada,
no quiere dejarlo ir
Una ráfaga
Estaba tranquila, sola, despreocupada, ociosa y con mil libros para leer tirados en la alfombra. Afuera, una calina amodorrada reposaba en la arena blanca como un velo inmaculado de novia recién casada.
La sensación de que todo estaba acomodado la estaba abrazando, al fin, después de tanto esperarla. Pero de pronto un viento atolondrado y malcriado sacudió puertas y ventanas, haciendo volar vidrios, mezclando las hojas de los libros y arrancándole de un tirón el broche que sujetaba su pelo despeinándola por completo.
Una semana duró el ventarrón, una semana de dejarse llevar por una brisa que se convertía, por momentos, en el tornado más violento. ¡Una semana!
Hoy ha vuelto la calma. Repuso puertas y ventanas, juntó páginas, encontró el broche y se ató el pelo revuelto, barrió letras y reproches sin tino, quemó caras y olvidó nombres, y cuando se sentó, respiró lástima…
Ya no le afectan estos cambios repentinos, ya los ve venir y los sigue, sabiendo que son puro deleite para el bochorno divino. Está acostumbrada a estas humoradas, ya restauró tantas puertas y ventanas que tiene pulido el oficio.
Si supiera la vida, que de tantos desatinos ya nada la sorprende, dejaría de ponerle en el camino a toda esta gente sin garbo ni destino y la acomodaría entre algodones para que tranquila, siga leyendo sus libros…
La sensación de que todo estaba acomodado la estaba abrazando, al fin, después de tanto esperarla. Pero de pronto un viento atolondrado y malcriado sacudió puertas y ventanas, haciendo volar vidrios, mezclando las hojas de los libros y arrancándole de un tirón el broche que sujetaba su pelo despeinándola por completo.
Una semana duró el ventarrón, una semana de dejarse llevar por una brisa que se convertía, por momentos, en el tornado más violento. ¡Una semana!
Hoy ha vuelto la calma. Repuso puertas y ventanas, juntó páginas, encontró el broche y se ató el pelo revuelto, barrió letras y reproches sin tino, quemó caras y olvidó nombres, y cuando se sentó, respiró lástima…
Ya no le afectan estos cambios repentinos, ya los ve venir y los sigue, sabiendo que son puro deleite para el bochorno divino. Está acostumbrada a estas humoradas, ya restauró tantas puertas y ventanas que tiene pulido el oficio.
Si supiera la vida, que de tantos desatinos ya nada la sorprende, dejaría de ponerle en el camino a toda esta gente sin garbo ni destino y la acomodaría entre algodones para que tranquila, siga leyendo sus libros…
21 de junio de 2012
Una fecha
Un silencio apagado y cálido se cierne sobre ella en esta noche oscura y helada, mientras por su mejilla una lágrima resbala callada y clara.
Hoy está marcado desde hace un mes en el calendario. Hoy hace un mes se animó y saltó.
Mientras esperaba hizo un mapa y lo llenó de indicaciones. Meses pasó sentada en el banco de la estación despidiendo vagones mientras con un lápiz rojo marcaba la ruta y recorría con los dedos la fina línea por donde quería ir.
Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta de que un tren quieto pero en marcha la aguardaba, hasta que sintió que el ronroneo del motor la llamaba. Fue un impulso agarrar el bolso y saltar dejando el andén, en ese momento no hubo explicación y hoy, desde hace un mes, sigue sin haber un porqué.
Anda a tientas, no tiene idea de lo que le espera y en esta ceguera va tocando despacio para no asustarse, preguntándose qué es y respondiéndose no sé.
Hoy está marcado en el almanaque, con el miedo de los grandes y con el “no le pongas nombre” de los que en la inocencia saben.
Hoy está marcado desde hace un mes en el calendario. Hoy hace un mes se animó y saltó.
Mientras esperaba hizo un mapa y lo llenó de indicaciones. Meses pasó sentada en el banco de la estación despidiendo vagones mientras con un lápiz rojo marcaba la ruta y recorría con los dedos la fina línea por donde quería ir.
Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta de que un tren quieto pero en marcha la aguardaba, hasta que sintió que el ronroneo del motor la llamaba. Fue un impulso agarrar el bolso y saltar dejando el andén, en ese momento no hubo explicación y hoy, desde hace un mes, sigue sin haber un porqué.
Anda a tientas, no tiene idea de lo que le espera y en esta ceguera va tocando despacio para no asustarse, preguntándose qué es y respondiéndose no sé.
Hoy está marcado en el almanaque, con el miedo de los grandes y con el “no le pongas nombre” de los que en la inocencia saben.
(Sólo las vías son testigos de lo que encierra el camino)
20 de junio de 2012
Veces...
Un día gris de esos en donde los minutos hacen eco y tardan el doble en pasar y perderse en el eterno. Un día sofisticado, lleno de cosas pero vacío de significados. Un encontrarse de vuelta subida a la calesita y sin la sortija.
Recorre la casa vacía sintiendo que el tiempo se ha detenido en algún momento, y mientras se mira en un millón de espejos, pasa las manos por cada superficie de arena convertida en reflejo acariciando mil mejillas frías con los dedos.
Descalza trata de sentir el suelo, pero es como si volara, hoy no siente nada. Tiene un hielo en el pecho y un rictus cósmico en los labios, no hay mucho para hacer, no está para correr, no se quiere perder ni seguir sombras que sabe se van a desvanecer.
Hoy en su teclado carece todo de entonación y la melodía monótona de sus pasos en sordina le cuenta un secreto prudente y discreto que Ella quisiera estrellar en el suelo…
Recorre la casa vacía sintiendo que el tiempo se ha detenido en algún momento, y mientras se mira en un millón de espejos, pasa las manos por cada superficie de arena convertida en reflejo acariciando mil mejillas frías con los dedos.
Descalza trata de sentir el suelo, pero es como si volara, hoy no siente nada. Tiene un hielo en el pecho y un rictus cósmico en los labios, no hay mucho para hacer, no está para correr, no se quiere perder ni seguir sombras que sabe se van a desvanecer.
Hoy en su teclado carece todo de entonación y la melodía monótona de sus pasos en sordina le cuenta un secreto prudente y discreto que Ella quisiera estrellar en el suelo…
10 de junio de 2012
Oscureciendo y aclarando
Tardísimo, la verdad es que es más tarde que nunca pero porque hoy se levantó tempranísimo. Eso sí, no faltan ni el té ni el cigarrillo, ni las piernas cruzadas ni el silencio ni el perro dormido, y es raro, pero tampoco hace frío.
Ayer la película pasó y se perdió, Ella cree que fue a parar al recuerdo del olvido, pero todavía no está segura y va a dejar que el tiempo le cuente mientras pasea el camino.
Hoy la cosa fue distinta y con el morral casi vacío siente que en las manos tiene tanto y ¡tan poco tiene sentido!
Nunca hay palabras para describir una mirada y menos para contar la verdad que gritan bajo las sábanas los dedos que en la oscuridad se buscan y que al encontrarse quedan unidos.
El miedo mantiene a recaudo los sentimientos, las palabras que dicen que se lleva el viento en realidad quedan suspendidas en el limbo, las defensas fortifican las paredes de la docilidad y el sueño materializa el deseo. El ardor es tan fuerte que no es posible la distancia y por más que se empeñen las palabras, los gestos son la hazaña que construyen el día a día y hacen que las miradas se hundan cada segundo en el fondo del mar del afecto y en la estrella más alta del firmamento.
No hay nada seguro, eso es lo cierto. Lo único que Ella sabe es que el oasis sólo va encontrarlo en el desierto…
Ayer la película pasó y se perdió, Ella cree que fue a parar al recuerdo del olvido, pero todavía no está segura y va a dejar que el tiempo le cuente mientras pasea el camino.
Hoy la cosa fue distinta y con el morral casi vacío siente que en las manos tiene tanto y ¡tan poco tiene sentido!
Nunca hay palabras para describir una mirada y menos para contar la verdad que gritan bajo las sábanas los dedos que en la oscuridad se buscan y que al encontrarse quedan unidos.
El miedo mantiene a recaudo los sentimientos, las palabras que dicen que se lleva el viento en realidad quedan suspendidas en el limbo, las defensas fortifican las paredes de la docilidad y el sueño materializa el deseo. El ardor es tan fuerte que no es posible la distancia y por más que se empeñen las palabras, los gestos son la hazaña que construyen el día a día y hacen que las miradas se hundan cada segundo en el fondo del mar del afecto y en la estrella más alta del firmamento.
No hay nada seguro, eso es lo cierto. Lo único que Ella sabe es que el oasis sólo va encontrarlo en el desierto…
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