29 de abril de 2023

¿Me hago cargo?

Mis relatos son auto referenciales, no hay manera de que en ellos no esté yo, y todos son reales, siempre desde mi perspectiva, mi percepción, mi emoción, mis “pensaciones” y mi análisis. Del primero que escribí hasta éste, todos tienen un detonante, una gota que colma el vaso, una chispa que prende el fuego, una palabra que invita a la reflexión o a la sonrisa y en todos hay uno o varios actores y, claramente, mis “yoes”.
En el caso de hoy una gota colma el vaso que derrama estas letras sobre el teclado, pero los protagonistas son varios, digamos que los fui cosechando con el paso del tiempo y, como a esta hora ya estoy tranquila y algo risueña, puedo decirles sin que me hierva la sangre que por lo que llevo cosechado la siembra ha sido cuando menos polémica.
No estoy cansada ni enojada, pero tampoco estoy contenta ni me disuelvo como una gota más en el océano zen de la paz, la verdad es que me invaden una mezcla de emociones que no dudan un segundo en incomodarme la existencia.
La vida insiste, ella debe saber porqué, en ponerme en el camino a personas que, sin excepción, me muestran la misma parte de mí.
Mi hija me dijo que hay quienes llegan a nuestra vida para que aprendamos a amar y hay quienes llegan para que aprendamos a amarnos.
Es evidente, y a las pruebas me remito, que yo no sé amarme. Eso no me lo enseñaron, no sé cómo se hace y reconozco que estoy aprendiendo a hacerlo de una manera cruel y dolorosa.
Ahora bien, me voy a hacer cargo solo de lo que me toca, por eso no voy a justificar nunca más y bajo ninguna circunstancia los actos ni las palabras de discapacitados emocionales y “odiadores” seriales.
En estos tiempos se habla de tolerancia o de poca tolerancia y no, no se puede tolerar todo ni tampoco se puede estar todo el día luchando contra todo. Las cosas tienen un límite y ese límite es el otro, sea quien sea, sea como sea, viva donde viva, sepa lo que sepa, se vista como se vista.
Hoy en día hay excusas para todo, y todo debe ser permitido y soportado en honor a la diversidad y a la mal llamada empatía.
Hablemos claro y seamos sinceros.
No podemos ir por la vida escudándonos atrás de mil y una excusas para justificar una actitud de mierda, porque afuera no hay nadie que se merezca ser blanco de tu mala educación, de tu falta de tacto, de tu poca civilidad, de tu irrespeto por la vida del otro, de tus fracasos, de tu acidez cerebral, de tu miedo, de tu debilidad devenida en falsa fortaleza, de tu escaso cuestionamiento y de tu analfabetismo emocional.
Sé que no puedo entender todo, saber todo, encontrarle una explicación y menos lógica a todo, soy consciente de esto, pero quiero decirle a la vida que me puede seguir mandando a toda la gente de mierda que quiera que yo no voy a dejar de ser respetuosa, ni voy a dejar de ofrecerles mi apoyo, ni voy a dejar de estar ahí a cualquier hora, ni voy a ser tibia. Quiero avisarle a la vida que me voy a seguir entregando completamente, pero que aprendí en este tiempo que si hace ruido es porque en algún momento se va a romper y la verdad es que la próxima, al primer ruidito que escuche, me voy a bajar de ese tren.
Mi verdad es que estoy a la mitad de mi vida y creo que con lo que viví tengo más que suficiente y si me quedo sola no me asusta en lo más mínimo, porque el precio por estar con gente mal barajada es demasiado alto y yo ya no quiero pagarlo.
Me cansé señores, sinceramente hoy tiré la toalla y con la fuerza que me quedaba me bajé del ring.
Ya estoy harta de moretones en alma, harta de venenos, harta de sentir asco, harta de llorar y encima tener que entender a toda esta gente involucionada, irrespetuosa y mal amueblada.
Y para terminar les confieso que se me acabó el miedo, porque ya lo usé todo, lo que al fin resultó ser maravilloso.

23 de abril de 2023

Procesos

Diez de la noche, pijama negro, uñas blancas y sintiendo cómo una frase trillada y armada vaya a saber con qué objeto, va rebotando de un lado a otro de mi cabeza captando toda mi atención y llevándome inexorablemente a esta reflexión.
“Es un proceso” hoy se lleva el galardón, y a continuación me pregunto: ¿cuándo estoy pasando por un proceso, a la vida en dónde la dejo? y ¿cuál sería, en el caso de existir un proceso, el producto final de la secuencia?
Usamos en automático palabras sin cuestionárnoslas, y así es como creemos que lo que estamos viviendo es un proceso, y vamos saltando de uno al otro, porque convengamos que nos pasan un montón de cosas todo el tiempo, creyendo que la vida está en algún lado esperándonos para abrazarnos y llenarnos de besos.
No hay procesos señores, hay la vida con todo lo que es, en una interminable concatenación de “sucediendos”, buenos, malos, lindos o feos, pónganle los adjetivos que quieran, pero por favor se los pido, no le pongan proceso.

No se supone

El título lo dice todo, no se supone ¡nada!
Suponer es adivinación en su estado más puro, ya que en silencio esperamos que el otro nos lea el pensamiento y actúe en consecuencia y así, como por arte de magia, se entere de algo que nunca le dijimos o de aquello que nos molesta, o de alguna cosa que esperamos que haga.
No les voy a decir que yo nunca supuse nada porque les estaría mintiendo, ¿me costó? sí, me costó bastante y me sigue costando porque en algunas ocasiones me descubro surfeando “suponiendos” sin siquiera percatarme de ello.
Pero eso no es todo, sepan que peor que suponer es enojarse porque el otro no adivinó, y ahí es cuando se pone realmente bizarra la cuestión, porque de forma explícita, para que al susodicho le duela aunque no sepa qué pasó, llega sorpresiva la recriminación.
Suponer es dar por entendido algo que nunca se habló, y la verdad es que las relaciones humanas se construyen cultivando el a veces difícil y siempre noble arte de la comunicación.
Quisiera agregar que suponer también implica afirmar con vehemencia y contundencia ciega algo que nunca se comprobó, lo cual no solo dista kilómetros de la realidad sino que pone en evidencia la ignorancia de quien lo hace, pero esto va a ser tema de otro relato.
Y para terminar sin suponer porque lo comprobé, sepan que en los “suponiendos” hay todo del que supone y absolutamente nada del que es objeto de la suposición.

17 de abril de 2023

Vínculos y relaciones

Hace mucho que hablo de esto y hace poco que empecé a ponerlo en práctica, vale decir que fue después de darme la cabeza contra pared durante años.
Siempre digo que mis letras soy yo misma y que estoy lejos de lo correcto y lo incorrecto y más lejos aún de la verdad y de la mentira.
Aclarado esto voy a ir al grano así no se hace largo.
En la vida tenemos un montón de vínculos, familia, trabajo y amistades son algunos de ellos, pero déjenme decirles que no con todos vamos a tener una relación, y acá es en donde se pone interesante la cosa porque solemos confundirlos y confundirnos y como si esto fuera poco a la calesita se suben el mandato divino, la creencia inexpugnable y también lo mentirosamente doloroso.
A esta altura de mi vida y cuando por mis venas corren otros tiempos, entiendo que un vínculo “es”, y que una relación se construye y que la confusión a la que me refería antes pasa por creer que porque hay un vínculo hay una relación y no señores, esto no sucede la mayoría de las veces y tenemos que entenderlo de esa manera para no vernos sometidos a aguantar situaciones incómodas y forzadas que no tienen ni el más mínimo sentido.
Personalmente me dolió soltar esas amarras, sentí que me quedaba sin nada, que mi historia desaparecía y que la soledad más negra me tragaba.
Hoy, a un poco de distancia de ese desamparo de haber soltado casi todo, la magia de otra historia se está escribiendo ante mis ojos.

29 de marzo de 2023

Todo es una pensación

Hace días que no paseo mis letras y las extraño, pero voy a empezar como casi siempre: uñas blancas, pijama negro, un té que espera y un cigarro que recién se va.
Estoy incómoda hace tiempo. Tal vez sea el lugar, el vacío, el darle vueltas a un montón de cosas o el no encontrarle todavía la llave a una vida tan distinta a la que tenía.
Intento poner en práctica todo lo que sé, mientras que, con la paciencia de un tallador de diamantes, trato de no dar un golpe que rompa lo que conseguí hasta ahora.
No es cansancio, eso lo tengo claro. Es el desespero de quedarme en cualquier minuto sin aliento, es la ceguera de un camino lleno de curvas en una noche con tormenta y sin siquiera la luz de la luna.
Si me observara a la distancia una voz me diría al oído que no pasa nada, pero estoy demasiado cerca y esas palabras no llego a escucharlas.
Días como el de hoy merecen un estallido de furia, algo así como barrer con el brazo todas las fichas y las cartas de la mesa mientras me levanto a puro insulto y le pego un portazo en la cara a lo que está pasando. Así de cabreada estoy, así de emputecida, así de contenida.
No es la primera vez y ésta es la única razón por la que no mando todo al carajo, porque no sirve la bronca para tomar decisiones, porque nunca lo hice y no voy a empezar ahora.
Esta parte es una putada y juraría que escucho a la vida riéndose a carcajadas y disfrutando lo que me pasa y, aunque por momentos me superen un montón de cosas, mi arma más poderosa siempre fue la paciencia y la silente espera y nunca me falló.
Tiempo atrás eché las bolas a rodar y sé que no tengo que hacer nada más que solo respirar y estar alerta para interpretar lo que venga con claridad, aunque no me guste y aunque mis pensaciones me susurren, con malicia sibilina, que no es lo que ellas esperan.

2 de marzo de 2023

La mujer de la ventana

El último cigarro del día se paseó distraído hasta hace un rato por mis labios, con la luna creciente de testigo y el silencio como el más dulce de los abrazos.
Soy la mujer de la ventana. La que tiene siempre el pelo atado, la que mira sin ver al mundo que hay cuatro pisos abajo, la que soñó con ansia esta soledad que por momentos se pone espesa, sofocante y áspera.
Soy la mujer de la ventana. La que viste de negro, la que escucha a los que ya no están, la que tiene un cartel con letras rojas clavado en el corcho frente a la máquina que dice “todo es una pensación, respirá”.
Soy la mujer de la ventana. La de las uñas blancas, la que experimenta y prueba, la que habla sola, la que cuestiona.
Soy la mujer de la ventana. La que tiene tatuada una sonrisa en el alma, la que se quiere ir a vivir sola a la playa, la que ya no cree en la palabras.
Soy esa misma que se sube al auto y maneja para escapar, la que se va reciclando, la que ahora sabe que hay cosas y gentes que no quiere más.
Soy yo, la misma que viste y calza un luto elegido, la que confía, la que no hace planes, la que sabe que la experiencia es un diario viejo que no sirve porque nada se repite.
Y sí, soy yo la mujer de la ventana, la misma que, entre pitada y pitada, sonríe ante tanta propia y ajena “bizarrada”.

20 de febrero de 2023

La brisa

Leía hoy mi diario y una frase ya resaltada en algún otro momento llamó mi atención. En ella hablaba de reconocer esa suave brisa, que suele erizarme los pelos de la nuca, antes de que se convierta en un huracán.
Y me puse a pensar en eso, en lo poco alerta que solemos estar a mil cosas que nos pasan y que también dejamos pasar.
Aclaro que no hablo desde la retórica teórica, sino desde mi experiencia y desde las marcas que llevo en mi propio cuero después de haber vivido una incontable cantidad de huracanes que empezaron con sutiles avisos a los que yo, claramente, desestimé y hasta justifiqué.
Y es que la vorágine de lo cotidiano nos “lobotomiza” y nos lleva primero a hacer oídos sordos a los ruidos de las tripas, después pasamos por alto como si no tuviera costo alguno los avisos del cuerpo y finalmente un latigazo atrás de las rodillas nos derriba sin delicadeza mientras nosotros con infantil inocencia nos preguntamos porqué.
El “porqué” tiene una sola explicación: no nos enseñaron a escucharnos, es más, detenerse, decir no, basta, hasta acá, esto no me gusta, esto no lo hago y esto no lo quiero parecen no existir como opciones.
En mi caso el secreto es detectar lo que estoy rumiando y no puedo tragar y hacer algo al respecto, porque todas las veces que no lo hice un huracán hambriento me arrancó sin mucho trámite todos los pelos del cuerpo.

Dar sin esperar recibir

Hace mucho que escucho esto y tengo que reconocer que es una frase que he dicho infinidad de veces y que también justifiqué en igual medida.
Ahora me pregunto ¿cuántos tomates me daría una planta que no riego? Ninguno. Es simple.
¿Qué es esto de dar así como así? ¿A quién se le ocurrió esta peregrina idea y la echó a rodar por el mundo como un santo axioma? Y lo que es peor ¿quién puede dar todo de sí sin nutrirse y no morir en el intento?
Es un suicidio lento entregar hasta quedar seco y ¿con qué objeto? Yo por lo menos no quiero ser un mártir y tampoco que me canonicen cuando me muera.
No dejo de aclarar que estas son cuestiones mías y que solo las hago extensivas por si a alguno le cabe el cuestionamiento y decide hacérselo.
Vuelvo al tema. Di mucho en mi vida y no me arrepiento, eso jamás, pero ahora ni siquiera espero sino que exijo reciprocidad, si no va y viene me retiro sin siquiera mirar para atrás.
Sé que puede sonar duro y hasta egoísta, pero díganme algo ¿qué podría perder yo, pensando de esta manera, que ya no haya perdido en la unilateralidad de tanta dádiva entregada a diestra y siniestra?

 

19 de febrero de 2023

Pasado

Hoy me preguntaba si podía escapar del pasado y después de darle vueltas al asunto llegué a la conclusión que no, porque tanto lo que vuelve como lo que permanece en el “olvido” forma parte de mí, a tal punto que ni siquiera aquellos que tienen enfermedades mentales progresivas pueden deshacerse totalmente de los recuerdos.
Ustedes habrán escuchado muchas cosas acerca del pasado: “que no hay que traerlo”, “que hay que ponerse a pensar en otra cosa”, “que hace mal”, “que no tiene sentido” o “que la vida es el presente”, ahora bien, no podemos negar bajo ningún punto de vista que hay lugares, olores, palabras, expresiones, gestos, eventos, cotidianeidades, ropa, comidas, costumbres, perfumes, objetos, fotos, animales, climas, paisajes y personas que ofician como la cerilla que enciende lo “olvidado”, y así, en una milésima de segundo somos transportados sin siquiera darnos cuenta al inmenso cementerio de la memoria.
Y acá me surge otra pregunta ¿es bueno o malo para mi vida “presente”? y la verdad es que si no puedo evitarlo, este cuestionamiento no es válido, sencillamente es algo que pasa y punto.
Sin embargo una cosa es pasearse por el cementerio de la memoria tanto cuando algo nos haya transportado hasta ahí como habiendo decidido hacer el viaje por alguna razón, y otra muy diferente es quedarse a vivir entre los muertos o lo que es peor sucumbir a la tentación de querer resucitarlos, ya que muchos de esos “olvidados”, y se los digo porque a mí me ha pasado, se “mal tiñen” de color rosa con el paso de los años.
Y para terminar les cuento que yo voy a mi pasado sí, y que también muchas veces algo me lleva, pero ya no me quedo, entendí que el presente es mi tierra.

30 de enero de 2023

Entre Ella y yo

Hace mucho que no merodeo las letras a esta hora, pero se me acercó sigilosa y risueña la impúdica y etérea Ella, pidiéndome sin palabras que la acompañara a su espacio de escalones gastados y arena.
Seguirla me desnuda de lo terrenal, cada paso que me acerca a su lugar me limpia el sabor del mundo de la piel y me viste de mí misma.
Pisar su arena dulce y tibia y sentarme en uno de sus cinco escalones me dinamiza, eternizándome en el infinito viaje al centro de mi esencia.
Ella mora en mí, es mi alma gemela, mi loba, mi guardiana, mi eterna.
Ella soy yo. Yo misma sin este traje y desnuda de caretas.
Y como Ella soy yo en mi más profunda esencia, decidí cortar las sogas del puente que me lleva a ese lugar mágico, y acercarme, sin ningún tipo de interferencia, a la mujer que soy, alejándome para siempre de la que dibujé sin darme cuenta.

25 de enero de 2023

No sé

Casi la una de la mañana y no estoy cansada ni tengo puesto el pijama. Hay un té en el escritorio y les cuento que uno de mis laderos estuvo hasta hace un rato paseándose entre mis labios.
No sé qué me trajo a estas letras, no sé qué va a pasar ni qué voy a hacer.
Hoy y a esta hora todo es un signo de interrogación que no tengo ganas de responder porque no quiero saber y porque aprendí que lo que pueda llegar a elucubrar tiene poca posibilidad de convertirse en realidad.
Puede que le haya encontrado la vuelta y ya no esté entrando en el bucle de los divagues mentales, pero es raro verme así, tan tranquila, con los pensamientos a velocidad crucero.
No sé, realmente hoy no sé y creo que mañana tampoco voy a saber porque ¿quién sabe? La vida es impredecible, mi vida por lo menos, no sé la de ustedes, pero la mía no sé de qué va. 
Nunca sé, y aunque un millón de veces haya pensado que sí poniendo las cosas en la línea de largada y diciéndoles que salgan, todas hicieron siempre lo que se les dio la gana.

19 de enero de 2023

Entrecortada

No encuentro el lugar, no me encuentro, me obligo. Paso de una letra a otra y ninguna tiene sentido. Me quiero eyectar de los imposibles, de las alucinaciones, de los divagues, de los sinsentidos y de esta resma de relatos que tengo ganas de incendiar.
Involuciono, desarmo, busco. Intitulo espacios. Me siento en otro lado. Cambio café por té. Prendo ruidos. Miro por la ventana. Espero.
¿Se tratará esto de una simple espera o tendré que dejar de tratar?
Se me hace lejos el lugar al que voy y me desesperan canas y ya medio siglo, por eso me detengo en cada paso y miro, pero nada, no hay nada más que nada, es como que no existo.
Le cedo el lugar a la hoja en blanco y a este conocido pánico y me aparto del teclado.
Hoy me encuentro impaciente, imposible, enojada con la pantalla y también conmigo.

Espejos

Cuando leí que lo único que hay al final del camino es un espejo, decidí hacer el ejercicio y, como si fuera mi último momento, miré mi reflejo.
Si hoy me fuera recordaría mi historia con una sonrisa y me diría que hice todo lo que quise, que no me arrepiento ni me avergüenzo de nada, que siempre fui la oveja negra de la familia, que no tengo a ese dios del que todos hablan porque entiendo a dios de otra manera, ni patria porque en la tierra real no existen los límites ni las fronteras.
La verdad es que si en un rato yo me fuera empañaría con mi último aliento el espejo y me daría un beso.

 

16 de enero de 2023

La verdad

Duele decirse la verdad. Duele reconocerse desde el otro, desde lo otro, desde el reflejo.
No hay nada más doloroso ni más liberador que mirar para atrás y sentir que amé, que fallé, que hice mías sendas que no lo eran y que construí muy cerca de las olas grandes castillos de arena.
Hoy no soy la que fui e intuyo que tampoco la que voy a ser, lo cual no me deja tranquila pero sí me incentiva a seguir indagando y hurgando en los recovecos más remotos de mi historia, en cada caja de mi altillo, en cada foto grabada en mi mente y en cada aviso que hubo antes de cada tormenta.
Duele decirme la verdad y reconocer en estas letras que mucho me lo tengo que explicar de otra manera, así como sentada en el cordón más bajito de la vereda y quedando mal conmigo misma aunque todos me vean.
La verdad señores es que me he estado mintiendo y también que me estoy riendo.
Sepan que es una “bizarrada” que las cosas no tengan sentido y a la vez encajen perfecto.

10 de enero de 2023

Cuestión que

Son casi las dos de la mañana y estoy incómoda, fuera de eso huelga el contexto.
Me preguntaba hace un rato, después de una conversación mal barajada, si es la época, la educación o la falta de ella, la cultura, la cuna, las maneras, la crianza o la rapidez con que se mueve todo lo que hace que mucha gente actúe como si tuviera el permiso implícito del “vale todo porque se acaba el mundo”.
¿En serio hay que saltarse los modos?
¿Qué parte me perdí?
¿Esta gente viene así de fábrica o aprende mientras crece?
Y acá podría explayarme y filosofar hasta el hartazgo, pero igual que otras veces no quiero, no tengo ganas, ya bastante con que sean la chispa que enciende estas letras.
En fin, de todas formas y para no darle a esto más importancia de la que tiene y también para variar, solo me voy a hacer cargo de mi “quisquillocidad”.

9 de diciembre de 2022

Cincuenta y van

Un suspiro solitario inicia este relato de uñas blancas, pijamas negro, pantuflas peludas, incomodidad al palo y una sonrisa cómplice que nadie entendería en los labios.
Estoy entrando a los cincuenta y seis o saliendo de los cincuenta y cinco o lo que sea que ustedes quieran, la cuestión es que pintó balance.
La verdad es que este año fue más doloroso que complicado. Bucear la profundidad de mis abismos me dejó sin aliento y nadar hacia la superficie se llevó las pocas fuerzas y la cansada voluntad que me quedaba.
En el camino me vencieron, renuncié y conocí algunas polémicas versiones de mí, sin embargo el desafío fue desnudarme y escribir acerca de ello sin sentir vergüenza por lucir un cartel de “vendo mi ego” colgado en el cuello.
Y acá estoy, con más de media vida vivida y una historia que cuenta acerca de cinco hijos amados, tres ex maridos, dos hombres idealizados y secretamente acariciados, un puñado de un par de amigos, algo así como mil escritos, un dios sentado en el hombro izquierdo y un diablo en el derecho, una bruja en las tripas, una sabia en el entrecejo, un corazón de oro, mis laderos de siempre el café y el cigarro sentados a mi lado, mis negros haciendo guardia, la pared de mi casa pegada a la espalda, Ella de blanco mirándome desde uno de los cinco escalones gastados y las dos abrazadas con una carcajada eterna tatuada en el alma.

18 de noviembre de 2022

No es "otra vez"

Me instalo un rato acá, con mis amadas letras para contarles que toda la vida he sido invalidada, cuestionada y maltratada, tanto por personas de mi círculo como por otras que no conocía. Mi consciencia con respecto a las agresiones era casi inexistente y hubo solo contados momentos en donde sentí el dolor y dije ¡basta!
Estoy a días de cumplir mis cincuenta y seis años y recién ahora puedo decir que, aunque no con la rapidez con que me gustaría, empecé a poner distancia y le saqué el cuerpo a toda esa cantidad de gente mal barajada que hay por ahí.
Sé que no es mi karma ni ninguna de esas explicaciones floridas y zen que hay en la liturgia, son gente de mierda y punto y como yo trato a todo el mundo de la misma manera porque no concibo la maldad, mi reacción a todas las agresiones siempre fue nula o demasiado lenta y esto es señores de lo único que me voy a hacer cargo.
Que sepan que no les agradezco ni les deseo nada malo, ni ninguna de esas estupideces que se suelen decir, y también que no sé volver cuando ya me fui.

14 de noviembre de 2022

Resistencia

Pijama negro, un té, uñas blancas y una incomodidad algo indescifrable a la que ya estoy acostumbrada estaría siendo un pedazo del contexto, digamos que el real, porque en el imaginario mi amado y extrañado cigarro formaría sin dudarlo parte esencial del espectáculo.
La verdad es que no sé porqué mis manos están sobre el teclado, y es que en estas semanas las letras se mantuvieron alejadas de mi alma como si quisieran evitarme los ríos de agua salada de estar viviendo una realidad “insoñada” y a la vez tímidamente acariciada e incontrolablemente vasta cuyas infinitas posibilidades pintan de vértigo mis días cada vez que me asomo a considerarlas.
Estar sola, con todas las piezas de mi rompecabezas desparramadas en un minúsculo espacio y sin otro menester que mirarme-mirarlas-mirarnos, es algo que nunca estuvo en los planes que jamás hago.
Encontrarme con partes de mí que van desde lo aberrante hasta lo divino me pone en situación de fastidio, sobre todo porque a esta altura se trata de una forma de conocimiento, y también de una intuición intrínseca que grita y que no puedo evitar escuchar.
La resistencia del título del relato es una resistencia conferida por la inercia, por el mandato, por mi historia, por el molde. Hay momentos en donde es imposible no verme arrastrada por ella, sin embargo, darme cuenta de eso me permite la flexibilidad sin la cual intuyo se haría más doloroso mi andar.
Descubrí, entendí y estoy tratando de aceptar que voy a morir “buscando”, que siempre voy a estar sola y cada vez con menos cosas, que lo que guardo pesa más de lo que compensa y que “lo que espero” me tensiona y me provoca dolores de cabeza.
Admití que viven en mí, a veces en paz y a veces en guerra, la Amalia asesina y la amorosa, la honesta y la mentirosa, la maldita y por supuesto también la más dulce de todas.
Moran bajo mi piel y a partes iguales la mujer y el hombre, la niña y la anciana, el animal salvaje y el doméstico, la partícula y el cosmos inmenso, lo inmutable y lo cambiante, la gota y el océano.
Quiero decir que ésta es otra más de mis muchas noches oscuras del alma y que todas son diferentes y que no voy a cometer el error imperdonable de subestimarlas porque es gracias a la conciencia con la que he vivido cada una de ellas lo que ha determinado el grandísimo valor que le he asignado a la siguiente.
Y esto es lo que hay señores, en toda esta mezcla ando, surfeando una infinitud de luchas y treguas, y más tranquila, confieso, que en otras épocas pero solo porque en alguna parte de este trajín vi con cegadora claridad mi propia e inexorable impermanencia y casi como jugando la hice extensiva a mis decisiones y fue ahí que sucedió, en un parpadeo otra realidad apareció ante mis ojos marcando la diferencia entre el limitante “antes” y este inexplorado, ilimitado y siempre presente “ahora”.

7 de septiembre de 2022

Anatomía de una montaña rusa

Es tarde, tardísimamente tarde y hace muchos días, y sin que en verdad haya una razón que justifique tan descarada huida, las letras me están siendo, claramente, esquivas.
Entiendo que esto que me pasa es el más destilado y puro cansancio de mi luto amargo y mis uñas pálidas, de mi dios y de mi diablo, de mi ego, de mis sombras, de la bruja y de la sabia, de las palabras que me he tragado y de los mandatos que me siguen hasta el hartazgo, de las dudas y del miedo, del frío de los puños cerrados, de mis más de mil caretas y de la no reconocida, pero más presente que nunca, audaz ira que vive ardiendo escondida en todos los recovecos de mis tripas.
Sepan que me duele esta confesión y que también siento vergüenza, y es que la perfección y la exigencia, la envidia, el rencor y la ira no son precisamente los colores que me gustan para mis banderas, pero están ahí, definiéndome a estas altas horas de la madrugada, mientras estoy sentada en el sillón, tapada con la manta, sin sueño y con un billón de lágrimas saladas, ahogadas en la garganta.

16 de agosto de 2022

Así como

Hoy no encuentro el humor, digamos que tampoco voy a salir a buscarlo porque no sé ni en dónde lo perdí, y les advierto que tengo la mirada del mismo color del pijama, negra como mis uñas, negra como mis ganas.
Les cuento que estoy subida a un carrusel en el que me pasan cosas y a la vez no me pasan y que en ese vaivén arbitrario y escurridizo y sin saber muy bien qué hacer ando trepada desde hace más que ayer.
La verdad es que la emoción que me embarga es la sorpresa más escéptica, es como una desconfianza risueña, es la saturación misma de algo que termina y que solo más adelante voy a poder explicar.
Tengo más que claro que se viene un portazo y también que voy a la desnudez total, lo que sí me intriga como nunca antes jamás, es la Amalia que voy a encontrar cuando dé el salto al vacío que todavía no me animo a dar.