Leía hoy mi diario y una frase ya resaltada en algún otro momento llamó mi atención. En ella hablaba de reconocer esa suave brisa, que suele erizarme los pelos de la nuca, antes de que se convierta en un huracán.
Y me puse a pensar en eso, en lo poco alerta que solemos estar a mil cosas que nos pasan y que también dejamos pasar.
Aclaro que no hablo desde la retórica teórica, sino desde mi experiencia y desde las marcas que llevo en mi propio cuero después de haber vivido una incontable cantidad de huracanes que empezaron con sutiles avisos a los que yo, claramente, desestimé y hasta justifiqué.
Y es que la vorágine de lo cotidiano nos “lobotomiza” y nos lleva primero a hacer oídos sordos a los ruidos de las tripas, después pasamos por alto como si no tuviera costo alguno los avisos del cuerpo y finalmente un latigazo atrás de las rodillas nos derriba sin delicadeza mientras nosotros con infantil inocencia nos preguntamos porqué.
El “porqué” tiene una sola explicación: no nos enseñaron a escucharnos, es más, detenerse, decir no, basta, hasta acá, esto no me gusta, esto no lo hago y esto no lo quiero parecen no existir como opciones.
En mi caso el secreto es detectar lo que estoy rumiando y no puedo tragar y hacer algo al respecto, porque todas las veces que no lo hice un huracán hambriento me arrancó sin mucho trámite todos los pelos del cuerpo.
Leo desde que abrí los ojos y entre párrafo y párrafo la pluma de mi alma va intercalando palabras y voy desvariando entre amores y odios, entre la vida y la muerte y entre dioses y diablos para llegar al fin a entender que lo importante está en el espacio que hay entre esta palabra y esta otra.
20 de febrero de 2023
Dar sin esperar recibir
Hace mucho que escucho esto y tengo que reconocer que es una frase que he dicho infinidad de veces y que también justifiqué en igual medida.
Ahora me pregunto ¿cuántos tomates me daría una planta que no riego? Ninguno. Es simple.
¿Qué es esto de dar así como así? ¿A quién se le ocurrió esta peregrina idea y la echó a rodar por el mundo como un santo axioma? Y lo que es peor ¿quién puede dar todo de sí sin nutrirse y no morir en el intento?
Es un suicidio lento entregar hasta quedar seco y ¿con qué objeto? Yo por lo menos no quiero ser un mártir y tampoco que me canonicen cuando me muera.
No dejo de aclarar que estas son cuestiones mías y que solo las hago extensivas por si a alguno le cabe el cuestionamiento y decide hacérselo.
Vuelvo al tema. Di mucho en mi vida y no me arrepiento, eso jamás, pero ahora ni siquiera espero sino que exijo reciprocidad, si no va y viene me retiro sin siquiera mirar para atrás.
Sé que puede sonar duro y hasta egoísta, pero díganme algo ¿qué podría perder yo, pensando de esta manera, que ya no haya perdido en la unilateralidad de tanta dádiva entregada a diestra y siniestra?
Ahora me pregunto ¿cuántos tomates me daría una planta que no riego? Ninguno. Es simple.
¿Qué es esto de dar así como así? ¿A quién se le ocurrió esta peregrina idea y la echó a rodar por el mundo como un santo axioma? Y lo que es peor ¿quién puede dar todo de sí sin nutrirse y no morir en el intento?
Es un suicidio lento entregar hasta quedar seco y ¿con qué objeto? Yo por lo menos no quiero ser un mártir y tampoco que me canonicen cuando me muera.
No dejo de aclarar que estas son cuestiones mías y que solo las hago extensivas por si a alguno le cabe el cuestionamiento y decide hacérselo.
Vuelvo al tema. Di mucho en mi vida y no me arrepiento, eso jamás, pero ahora ni siquiera espero sino que exijo reciprocidad, si no va y viene me retiro sin siquiera mirar para atrás.
Sé que puede sonar duro y hasta egoísta, pero díganme algo ¿qué podría perder yo, pensando de esta manera, que ya no haya perdido en la unilateralidad de tanta dádiva entregada a diestra y siniestra?
Etiquetas:
Desatando la locura
19 de febrero de 2023
Pasado
Hoy me preguntaba si podía escapar del pasado y después de darle vueltas al asunto llegué a la conclusión que no, porque tanto lo que vuelve como lo que permanece en el “olvido” forma parte de mí, a tal punto que ni siquiera aquellos que tienen enfermedades mentales progresivas pueden deshacerse totalmente de los recuerdos.
Ustedes habrán escuchado muchas cosas acerca del pasado: “que no hay que traerlo”, “que hay que ponerse a pensar en otra cosa”, “que hace mal”, “que no tiene sentido” o “que la vida es el presente”, ahora bien, no podemos negar bajo ningún punto de vista que hay lugares, olores, palabras, expresiones, gestos, eventos, cotidianeidades, ropa, comidas, costumbres, perfumes, objetos, fotos, animales, climas, paisajes y personas que ofician como la cerilla que enciende lo “olvidado”, y así, en una milésima de segundo somos transportados sin siquiera darnos cuenta al inmenso cementerio de la memoria.
Y acá me surge otra pregunta ¿es bueno o malo para mi vida “presente”? y la verdad es que si no puedo evitarlo, este cuestionamiento no es válido, sencillamente es algo que pasa y punto.
Sin embargo una cosa es pasearse por el cementerio de la memoria tanto cuando algo nos haya transportado hasta ahí como habiendo decidido hacer el viaje por alguna razón, y otra muy diferente es quedarse a vivir entre los muertos o lo que es peor sucumbir a la tentación de querer resucitarlos, ya que muchos de esos “olvidados”, y se los digo porque a mí me ha pasado, se “mal tiñen” de color rosa con el paso de los años.
Y para terminar les cuento que yo voy a mi pasado sí, y que también muchas veces algo me lleva, pero ya no me quedo, entendí que el presente es mi tierra.
Ustedes habrán escuchado muchas cosas acerca del pasado: “que no hay que traerlo”, “que hay que ponerse a pensar en otra cosa”, “que hace mal”, “que no tiene sentido” o “que la vida es el presente”, ahora bien, no podemos negar bajo ningún punto de vista que hay lugares, olores, palabras, expresiones, gestos, eventos, cotidianeidades, ropa, comidas, costumbres, perfumes, objetos, fotos, animales, climas, paisajes y personas que ofician como la cerilla que enciende lo “olvidado”, y así, en una milésima de segundo somos transportados sin siquiera darnos cuenta al inmenso cementerio de la memoria.
Y acá me surge otra pregunta ¿es bueno o malo para mi vida “presente”? y la verdad es que si no puedo evitarlo, este cuestionamiento no es válido, sencillamente es algo que pasa y punto.
Sin embargo una cosa es pasearse por el cementerio de la memoria tanto cuando algo nos haya transportado hasta ahí como habiendo decidido hacer el viaje por alguna razón, y otra muy diferente es quedarse a vivir entre los muertos o lo que es peor sucumbir a la tentación de querer resucitarlos, ya que muchos de esos “olvidados”, y se los digo porque a mí me ha pasado, se “mal tiñen” de color rosa con el paso de los años.
Y para terminar les cuento que yo voy a mi pasado sí, y que también muchas veces algo me lleva, pero ya no me quedo, entendí que el presente es mi tierra.
Etiquetas:
Desatando la locura
30 de enero de 2023
Entre Ella y yo
Hace mucho que no merodeo las letras a esta hora, pero se me acercó sigilosa y risueña la impúdica y etérea Ella, pidiéndome sin palabras que la acompañara a su espacio de escalones gastados y arena.
Seguirla me desnuda de lo terrenal, cada paso que me acerca a su lugar me limpia el sabor del mundo de la piel y me viste de mí misma.
Pisar su arena dulce y tibia y sentarme en uno de sus cinco escalones me dinamiza, eternizándome en el infinito viaje al centro de mi esencia.
Ella mora en mí, es mi alma gemela, mi loba, mi guardiana, mi eterna.
Ella soy yo. Yo misma sin este traje y desnuda de caretas.
Y como Ella soy yo en mi más profunda esencia, decidí cortar las sogas del puente que me lleva a ese lugar mágico, y acercarme, sin ningún tipo de interferencia, a la mujer que soy, alejándome para siempre de la que dibujé sin darme cuenta.
Seguirla me desnuda de lo terrenal, cada paso que me acerca a su lugar me limpia el sabor del mundo de la piel y me viste de mí misma.
Pisar su arena dulce y tibia y sentarme en uno de sus cinco escalones me dinamiza, eternizándome en el infinito viaje al centro de mi esencia.
Ella mora en mí, es mi alma gemela, mi loba, mi guardiana, mi eterna.
Ella soy yo. Yo misma sin este traje y desnuda de caretas.
Y como Ella soy yo en mi más profunda esencia, decidí cortar las sogas del puente que me lleva a ese lugar mágico, y acercarme, sin ningún tipo de interferencia, a la mujer que soy, alejándome para siempre de la que dibujé sin darme cuenta.
Etiquetas:
Desatando la locura
25 de enero de 2023
No sé
Casi la una de la mañana y no estoy cansada ni tengo puesto el pijama. Hay un té en el escritorio y les cuento que uno de mis laderos estuvo hasta hace un rato paseándose entre mis labios.
No sé qué me trajo a estas letras, no sé qué va a pasar ni qué voy a hacer.
Hoy y a esta hora todo es un signo de interrogación que no tengo ganas de responder porque no quiero saber y porque aprendí que lo que pueda llegar a elucubrar tiene poca posibilidad de convertirse en realidad.
Puede que le haya encontrado la vuelta y ya no esté entrando en el bucle de los divagues mentales, pero es raro verme así, tan tranquila, con los pensamientos a velocidad crucero.
No sé, realmente hoy no sé y creo que mañana tampoco voy a saber porque ¿quién sabe? La vida es impredecible, mi vida por lo menos, no sé la de ustedes, pero la mía no sé de qué va.
No sé qué me trajo a estas letras, no sé qué va a pasar ni qué voy a hacer.
Hoy y a esta hora todo es un signo de interrogación que no tengo ganas de responder porque no quiero saber y porque aprendí que lo que pueda llegar a elucubrar tiene poca posibilidad de convertirse en realidad.
Puede que le haya encontrado la vuelta y ya no esté entrando en el bucle de los divagues mentales, pero es raro verme así, tan tranquila, con los pensamientos a velocidad crucero.
No sé, realmente hoy no sé y creo que mañana tampoco voy a saber porque ¿quién sabe? La vida es impredecible, mi vida por lo menos, no sé la de ustedes, pero la mía no sé de qué va.
Nunca sé, y aunque un millón de veces haya pensado que sí poniendo las cosas en la línea de largada y diciéndoles que salgan, todas hicieron siempre lo que se les dio la gana.
Etiquetas:
Desatando la locura
19 de enero de 2023
Entrecortada
No encuentro el lugar, no me encuentro, me obligo. Paso de una letra a otra y ninguna tiene sentido. Me quiero eyectar de los imposibles, de las alucinaciones, de los divagues, de los sinsentidos y de esta resma de relatos que tengo ganas de incendiar.
Involuciono, desarmo, busco. Intitulo espacios. Me siento en otro lado. Cambio café por té. Prendo ruidos. Miro por la ventana. Espero.
¿Se tratará esto de una simple espera o tendré que dejar de tratar?
Se me hace lejos el lugar al que voy y me desesperan canas y ya medio siglo, por eso me detengo en cada paso y miro, pero nada, no hay nada más que nada, es como que no existo.
Le cedo el lugar a la hoja en blanco y a este conocido pánico y me aparto del teclado.
Hoy me encuentro impaciente, imposible, enojada con la pantalla y también conmigo.
Involuciono, desarmo, busco. Intitulo espacios. Me siento en otro lado. Cambio café por té. Prendo ruidos. Miro por la ventana. Espero.
¿Se tratará esto de una simple espera o tendré que dejar de tratar?
Se me hace lejos el lugar al que voy y me desesperan canas y ya medio siglo, por eso me detengo en cada paso y miro, pero nada, no hay nada más que nada, es como que no existo.
Le cedo el lugar a la hoja en blanco y a este conocido pánico y me aparto del teclado.
Hoy me encuentro impaciente, imposible, enojada con la pantalla y también conmigo.
Etiquetas:
Desatando la locura
Espejos
Cuando leí que lo único que hay al final del camino es un espejo, decidí hacer el ejercicio y, como si fuera mi último momento, miré mi reflejo.
Si hoy me fuera recordaría mi historia con una sonrisa y me diría que hice todo lo que quise, que no me arrepiento ni me avergüenzo de nada, que siempre fui la oveja negra de la familia, que no tengo a ese dios del que todos hablan porque entiendo a dios de otra manera, ni patria porque en la tierra real no existen los límites ni las fronteras.
La verdad es que si en un rato yo me fuera empañaría con mi último aliento el espejo y me daría un beso.
Si hoy me fuera recordaría mi historia con una sonrisa y me diría que hice todo lo que quise, que no me arrepiento ni me avergüenzo de nada, que siempre fui la oveja negra de la familia, que no tengo a ese dios del que todos hablan porque entiendo a dios de otra manera, ni patria porque en la tierra real no existen los límites ni las fronteras.
La verdad es que si en un rato yo me fuera empañaría con mi último aliento el espejo y me daría un beso.
Etiquetas:
Desatando la locura
16 de enero de 2023
La verdad
Duele decirse la verdad. Duele reconocerse desde el otro, desde lo otro, desde el reflejo.
No hay nada más doloroso ni más liberador que mirar para atrás y sentir que amé, que fallé, que hice mías sendas que no lo eran y que construí muy cerca de las olas grandes castillos de arena.
Hoy no soy la que fui e intuyo que tampoco la que voy a ser, lo cual no me deja tranquila pero sí me incentiva a seguir indagando y hurgando en los recovecos más remotos de mi historia, en cada caja de mi altillo, en cada foto grabada en mi mente y en cada aviso que hubo antes de cada tormenta.
Duele decirme la verdad y reconocer en estas letras que mucho me lo tengo que explicar de otra manera, así como sentada en el cordón más bajito de la vereda y quedando mal conmigo misma aunque todos me vean.
La verdad señores es que me he estado mintiendo y también que me estoy riendo.
Sepan que es una “bizarrada” que las cosas no tengan sentido y a la vez encajen perfecto.
No hay nada más doloroso ni más liberador que mirar para atrás y sentir que amé, que fallé, que hice mías sendas que no lo eran y que construí muy cerca de las olas grandes castillos de arena.
Hoy no soy la que fui e intuyo que tampoco la que voy a ser, lo cual no me deja tranquila pero sí me incentiva a seguir indagando y hurgando en los recovecos más remotos de mi historia, en cada caja de mi altillo, en cada foto grabada en mi mente y en cada aviso que hubo antes de cada tormenta.
Duele decirme la verdad y reconocer en estas letras que mucho me lo tengo que explicar de otra manera, así como sentada en el cordón más bajito de la vereda y quedando mal conmigo misma aunque todos me vean.
La verdad señores es que me he estado mintiendo y también que me estoy riendo.
Sepan que es una “bizarrada” que las cosas no tengan sentido y a la vez encajen perfecto.
Etiquetas:
Desatando la locura
10 de enero de 2023
Cuestión que
Son casi las dos de la mañana y estoy incómoda, fuera de eso huelga el contexto.
Me preguntaba hace un rato, después de una conversación mal barajada, si es la época, la educación o la falta de ella, la cultura, la cuna, las maneras, la crianza o la rapidez con que se mueve todo lo que hace que mucha gente actúe como si tuviera el permiso implícito del “vale todo porque se acaba el mundo”.
¿En serio hay que saltarse los modos?
¿Qué parte me perdí?
¿Esta gente viene así de fábrica o aprende mientras crece?
Y acá podría explayarme y filosofar hasta el hartazgo, pero igual que otras veces no quiero, no tengo ganas, ya bastante con que sean la chispa que enciende estas letras.
En fin, de todas formas y para no darle a esto más importancia de la que tiene y también para variar, solo me voy a hacer cargo de mi “quisquillocidad”.
Me preguntaba hace un rato, después de una conversación mal barajada, si es la época, la educación o la falta de ella, la cultura, la cuna, las maneras, la crianza o la rapidez con que se mueve todo lo que hace que mucha gente actúe como si tuviera el permiso implícito del “vale todo porque se acaba el mundo”.
¿En serio hay que saltarse los modos?
¿Qué parte me perdí?
¿Esta gente viene así de fábrica o aprende mientras crece?
Y acá podría explayarme y filosofar hasta el hartazgo, pero igual que otras veces no quiero, no tengo ganas, ya bastante con que sean la chispa que enciende estas letras.
En fin, de todas formas y para no darle a esto más importancia de la que tiene y también para variar, solo me voy a hacer cargo de mi “quisquillocidad”.
Etiquetas:
Desatando la locura
9 de diciembre de 2022
Cincuenta y van
Un suspiro solitario inicia este relato de uñas blancas, pijamas negro, pantuflas peludas, incomodidad al palo y una sonrisa cómplice que nadie entendería en los labios.
Estoy entrando a los cincuenta y seis o saliendo de los cincuenta y cinco o lo que sea que ustedes quieran, la cuestión es que pintó balance.
La verdad es que este año fue más doloroso que complicado. Bucear la profundidad de mis abismos me dejó sin aliento y nadar hacia la superficie se llevó las pocas fuerzas y la cansada voluntad que me quedaba.
En el camino me vencieron, renuncié y conocí algunas polémicas versiones de mí, sin embargo el desafío fue desnudarme y escribir acerca de ello sin sentir vergüenza por lucir un cartel de “vendo mi ego” colgado en el cuello.
Y acá estoy, con más de media vida vivida y una historia que cuenta acerca de cinco hijos amados, tres ex maridos, dos hombres idealizados y secretamente acariciados, un puñado de un par de amigos, algo así como mil escritos, un dios sentado en el hombro izquierdo y un diablo en el derecho, una bruja en las tripas, una sabia en el entrecejo, un corazón de oro, mis laderos de siempre el café y el cigarro sentados a mi lado, mis negros haciendo guardia, la pared de mi casa pegada a la espalda, Ella de blanco mirándome desde uno de los cinco escalones gastados y las dos abrazadas con una carcajada eterna tatuada en el alma.
La verdad es que este año fue más doloroso que complicado. Bucear la profundidad de mis abismos me dejó sin aliento y nadar hacia la superficie se llevó las pocas fuerzas y la cansada voluntad que me quedaba.
En el camino me vencieron, renuncié y conocí algunas polémicas versiones de mí, sin embargo el desafío fue desnudarme y escribir acerca de ello sin sentir vergüenza por lucir un cartel de “vendo mi ego” colgado en el cuello.
Y acá estoy, con más de media vida vivida y una historia que cuenta acerca de cinco hijos amados, tres ex maridos, dos hombres idealizados y secretamente acariciados, un puñado de un par de amigos, algo así como mil escritos, un dios sentado en el hombro izquierdo y un diablo en el derecho, una bruja en las tripas, una sabia en el entrecejo, un corazón de oro, mis laderos de siempre el café y el cigarro sentados a mi lado, mis negros haciendo guardia, la pared de mi casa pegada a la espalda, Ella de blanco mirándome desde uno de los cinco escalones gastados y las dos abrazadas con una carcajada eterna tatuada en el alma.
Etiquetas:
Desatando la locura
18 de noviembre de 2022
No es "otra vez"
Me instalo un rato acá, con mis amadas letras para contarles que toda la vida he sido invalidada, cuestionada y maltratada, tanto por personas de mi círculo como por otras que no conocía. Mi consciencia con respecto a las agresiones era casi inexistente y hubo solo contados momentos en donde sentí el dolor y dije ¡basta!
Estoy a días de cumplir mis cincuenta y seis años y recién ahora puedo decir que, aunque no con la rapidez con que me gustaría, empecé a poner distancia y le saqué el cuerpo a toda esa cantidad de gente mal barajada que hay por ahí.
Sé que no es mi karma ni ninguna de esas explicaciones floridas y zen que hay en la liturgia, son gente de mierda y punto y como yo trato a todo el mundo de la misma manera porque no concibo la maldad, mi reacción a todas las agresiones siempre fue nula o demasiado lenta y esto es señores de lo único que me voy a hacer cargo.
Que sepan que no les agradezco ni les deseo nada malo, ni ninguna de esas estupideces que se suelen decir, y también que no sé volver cuando ya me fui.
Estoy a días de cumplir mis cincuenta y seis años y recién ahora puedo decir que, aunque no con la rapidez con que me gustaría, empecé a poner distancia y le saqué el cuerpo a toda esa cantidad de gente mal barajada que hay por ahí.
Sé que no es mi karma ni ninguna de esas explicaciones floridas y zen que hay en la liturgia, son gente de mierda y punto y como yo trato a todo el mundo de la misma manera porque no concibo la maldad, mi reacción a todas las agresiones siempre fue nula o demasiado lenta y esto es señores de lo único que me voy a hacer cargo.
Que sepan que no les agradezco ni les deseo nada malo, ni ninguna de esas estupideces que se suelen decir, y también que no sé volver cuando ya me fui.
Etiquetas:
Desatando la locura
14 de noviembre de 2022
Resistencia
Pijama negro, un té, uñas blancas y una incomodidad algo indescifrable a la que ya estoy acostumbrada estaría siendo un pedazo del contexto, digamos que el real, porque en el imaginario mi amado y extrañado cigarro formaría sin dudarlo parte esencial del espectáculo.
La verdad es que no sé porqué mis manos están sobre el teclado, y es que en estas semanas las letras se mantuvieron alejadas de mi alma como si quisieran evitarme los ríos de agua salada de estar viviendo una realidad “insoñada” y a la vez tímidamente acariciada e incontrolablemente vasta cuyas infinitas posibilidades pintan de vértigo mis días cada vez que me asomo a considerarlas.
Estar sola, con todas las piezas de mi rompecabezas desparramadas en un minúsculo espacio y sin otro menester que mirarme-mirarlas-mirarnos, es algo que nunca estuvo en los planes que jamás hago.
Encontrarme con partes de mí que van desde lo aberrante hasta lo divino me pone en situación de fastidio, sobre todo porque a esta altura se trata de una forma de conocimiento, y también de una intuición intrínseca que grita y que no puedo evitar escuchar.
La resistencia del título del relato es una resistencia conferida por la inercia, por el mandato, por mi historia, por el molde. Hay momentos en donde es imposible no verme arrastrada por ella, sin embargo, darme cuenta de eso me permite la flexibilidad sin la cual intuyo se haría más doloroso mi andar.
Descubrí, entendí y estoy tratando de aceptar que voy a morir “buscando”, que siempre voy a estar sola y cada vez con menos cosas, que lo que guardo pesa más de lo que compensa y que “lo que espero” me tensiona y me provoca dolores de cabeza.
Admití que viven en mí, a veces en paz y a veces en guerra, la Amalia asesina y la amorosa, la honesta y la mentirosa, la maldita y por supuesto también la más dulce de todas.
Moran bajo mi piel y a partes iguales la mujer y el hombre, la niña y la anciana, el animal salvaje y el doméstico, la partícula y el cosmos inmenso, lo inmutable y lo cambiante, la gota y el océano.
Quiero decir que ésta es otra más de mis muchas noches oscuras del alma y que todas son diferentes y que no voy a cometer el error imperdonable de subestimarlas porque es gracias a la conciencia con la que he vivido cada una de ellas lo que ha determinado el grandísimo valor que le he asignado a la siguiente.
Y esto es lo que hay señores, en toda esta mezcla ando, surfeando una infinitud de luchas y treguas, y más tranquila, confieso, que en otras épocas pero solo porque en alguna parte de este trajín vi con cegadora claridad mi propia e inexorable impermanencia y casi como jugando la hice extensiva a mis decisiones y fue ahí que sucedió, en un parpadeo otra realidad apareció ante mis ojos marcando la diferencia entre el limitante “antes” y este inexplorado, ilimitado y siempre presente “ahora”.
La verdad es que no sé porqué mis manos están sobre el teclado, y es que en estas semanas las letras se mantuvieron alejadas de mi alma como si quisieran evitarme los ríos de agua salada de estar viviendo una realidad “insoñada” y a la vez tímidamente acariciada e incontrolablemente vasta cuyas infinitas posibilidades pintan de vértigo mis días cada vez que me asomo a considerarlas.
Estar sola, con todas las piezas de mi rompecabezas desparramadas en un minúsculo espacio y sin otro menester que mirarme-mirarlas-mirarnos, es algo que nunca estuvo en los planes que jamás hago.
Encontrarme con partes de mí que van desde lo aberrante hasta lo divino me pone en situación de fastidio, sobre todo porque a esta altura se trata de una forma de conocimiento, y también de una intuición intrínseca que grita y que no puedo evitar escuchar.
La resistencia del título del relato es una resistencia conferida por la inercia, por el mandato, por mi historia, por el molde. Hay momentos en donde es imposible no verme arrastrada por ella, sin embargo, darme cuenta de eso me permite la flexibilidad sin la cual intuyo se haría más doloroso mi andar.
Descubrí, entendí y estoy tratando de aceptar que voy a morir “buscando”, que siempre voy a estar sola y cada vez con menos cosas, que lo que guardo pesa más de lo que compensa y que “lo que espero” me tensiona y me provoca dolores de cabeza.
Admití que viven en mí, a veces en paz y a veces en guerra, la Amalia asesina y la amorosa, la honesta y la mentirosa, la maldita y por supuesto también la más dulce de todas.
Moran bajo mi piel y a partes iguales la mujer y el hombre, la niña y la anciana, el animal salvaje y el doméstico, la partícula y el cosmos inmenso, lo inmutable y lo cambiante, la gota y el océano.
Quiero decir que ésta es otra más de mis muchas noches oscuras del alma y que todas son diferentes y que no voy a cometer el error imperdonable de subestimarlas porque es gracias a la conciencia con la que he vivido cada una de ellas lo que ha determinado el grandísimo valor que le he asignado a la siguiente.
Y esto es lo que hay señores, en toda esta mezcla ando, surfeando una infinitud de luchas y treguas, y más tranquila, confieso, que en otras épocas pero solo porque en alguna parte de este trajín vi con cegadora claridad mi propia e inexorable impermanencia y casi como jugando la hice extensiva a mis decisiones y fue ahí que sucedió, en un parpadeo otra realidad apareció ante mis ojos marcando la diferencia entre el limitante “antes” y este inexplorado, ilimitado y siempre presente “ahora”.
Etiquetas:
Desatando la locura
7 de septiembre de 2022
Anatomía de una montaña rusa
Es tarde, tardísimamente tarde y hace muchos días, y sin que en verdad haya una razón que justifique tan descarada huida, las letras me están siendo, claramente, esquivas.
Entiendo que esto que me pasa es el más destilado y puro cansancio de mi luto amargo y mis uñas pálidas, de mi dios y de mi diablo, de mi ego, de mis sombras, de la bruja y de la sabia, de las palabras que me he tragado y de los mandatos que me siguen hasta el hartazgo, de las dudas y del miedo, del frío de los puños cerrados, de mis más de mil caretas y de la no reconocida, pero más presente que nunca, audaz ira que vive ardiendo escondida en todos los recovecos de mis tripas.
Sepan que me duele esta confesión y que también siento vergüenza, y es que la perfección y la exigencia, la envidia, el rencor y la ira no son precisamente los colores que me gustan para mis banderas, pero están ahí, definiéndome a estas altas horas de la madrugada, mientras estoy sentada en el sillón, tapada con la manta, sin sueño y con un billón de lágrimas saladas, ahogadas en la garganta.
Sepan que me duele esta confesión y que también siento vergüenza, y es que la perfección y la exigencia, la envidia, el rencor y la ira no son precisamente los colores que me gustan para mis banderas, pero están ahí, definiéndome a estas altas horas de la madrugada, mientras estoy sentada en el sillón, tapada con la manta, sin sueño y con un billón de lágrimas saladas, ahogadas en la garganta.
Etiquetas:
Desatando la locura
16 de agosto de 2022
Así como
Hoy no encuentro el humor, digamos que tampoco voy a salir a buscarlo porque no sé ni en dónde lo perdí, y les advierto que tengo la mirada del mismo color del pijama, negra como mis uñas, negra como mis ganas.
Les cuento que estoy subida a un carrusel en el que me pasan cosas y a la vez no me pasan y que en ese vaivén arbitrario y escurridizo y sin saber muy bien qué hacer ando trepada desde hace más que ayer.
La verdad es que la emoción que me embarga es la sorpresa más escéptica, es como una desconfianza risueña, es la saturación misma de algo que termina y que solo más adelante voy a poder explicar.
Tengo más que claro que se viene un portazo y también que voy a la desnudez total, lo que sí me intriga como nunca antes jamás, es la Amalia que voy a encontrar cuando dé el salto al vacío que todavía no me animo a dar.
Les cuento que estoy subida a un carrusel en el que me pasan cosas y a la vez no me pasan y que en ese vaivén arbitrario y escurridizo y sin saber muy bien qué hacer ando trepada desde hace más que ayer.
La verdad es que la emoción que me embarga es la sorpresa más escéptica, es como una desconfianza risueña, es la saturación misma de algo que termina y que solo más adelante voy a poder explicar.
Tengo más que claro que se viene un portazo y también que voy a la desnudez total, lo que sí me intriga como nunca antes jamás, es la Amalia que voy a encontrar cuando dé el salto al vacío que todavía no me animo a dar.
Etiquetas:
Desatando la locura
2 de agosto de 2022
Tardísimo
Son las dos de la mañana de un día que no termina y que me dejó inquieta, con ganas de fumar y pensativa.
Son tiempos muy dinámicos los que piso, de cambios en el pensamiento, de encontronazos dolorosos con lo que siento, con lo que me pasa, con lo que dejé pasar y también con lo que hago con todo eso.
Creo que ahora estoy en donde elijo estar, y que me hago cargo de eso, mientras tanto me tomo el trabajo de detectar todo lo que “suma para restar” y despejar el camino para seguir mi propio andar.
Vengo tan en otra cosa que me bajé de los tacos, me dejé de mirar y de pintar y hasta me saqué los anillos y el collar.
Es tan serio el viaje en el que me embarqué casi sin querer, que sobra todo y a la vez el vértigo del vacío me provoca en la boca del estómago una sensación de incógnita y susto que por momentos me paraliza y me tensiona hasta casi partirme a la mitad.
Siento que crucé el umbral de ese mundo en el que existe un otro a quien responsabilizar y culpar, pero todavía no cerré por completo esa puerta y hay días como el de hoy en donde, con una ceguera incontenible, vuelvo sobre mis pasos buscando “al culpable” y sin siquiera poderlo evitar.
Entiendo que no es suave ni lineal y que tiene altibajos ásperos, pero esta vez siento que mi dios y mi diablo, mis cinco maestros vestidos de color anaranjado, mi quijote y mi bruja, mi loba esteparia, mi madame Bovary, mi chica Almodóvar y mi amada Ella y sus cinco escalones gastados me llevan hace meses en andas y me sostienen, porque miren que pasé noches oscuras en mi vida, pero como ésta les juro que ninguna.
Son tiempos muy dinámicos los que piso, de cambios en el pensamiento, de encontronazos dolorosos con lo que siento, con lo que me pasa, con lo que dejé pasar y también con lo que hago con todo eso.
Creo que ahora estoy en donde elijo estar, y que me hago cargo de eso, mientras tanto me tomo el trabajo de detectar todo lo que “suma para restar” y despejar el camino para seguir mi propio andar.
Vengo tan en otra cosa que me bajé de los tacos, me dejé de mirar y de pintar y hasta me saqué los anillos y el collar.
Es tan serio el viaje en el que me embarqué casi sin querer, que sobra todo y a la vez el vértigo del vacío me provoca en la boca del estómago una sensación de incógnita y susto que por momentos me paraliza y me tensiona hasta casi partirme a la mitad.
Siento que crucé el umbral de ese mundo en el que existe un otro a quien responsabilizar y culpar, pero todavía no cerré por completo esa puerta y hay días como el de hoy en donde, con una ceguera incontenible, vuelvo sobre mis pasos buscando “al culpable” y sin siquiera poderlo evitar.
Entiendo que no es suave ni lineal y que tiene altibajos ásperos, pero esta vez siento que mi dios y mi diablo, mis cinco maestros vestidos de color anaranjado, mi quijote y mi bruja, mi loba esteparia, mi madame Bovary, mi chica Almodóvar y mi amada Ella y sus cinco escalones gastados me llevan hace meses en andas y me sostienen, porque miren que pasé noches oscuras en mi vida, pero como ésta les juro que ninguna.
Etiquetas:
Desatando la locura
1 de agosto de 2022
Y van...
Volví a mi silencioso, amable y exquisito vicio de escribir en la madrugada, cuando el mundo duerme y la negrura me invita mansa al diálogo con mi alma.
Recién pensaba en esos ruidos de los que hablo hace tiempo y que son la voz más amorosa de mis tripas avisándome que frene el paso. A veces se me presentan como alarmas inaudibles y casi letárgicas, o se dibujan en milésimas de segundo como detalles difíciles de atisbar, o aparecen como palabras en el aire salidas de la nada, descolocando la conversación más versada y haciendo caer las letras sin ningún orden ni explicación sobre las tablas.
Hasta no hace mucho y casi como una costumbre, desdeñaba estos avisos y muy suelta de cuerpo les ponía toda clase de adornos para que no parecieran lo que eran, es más, a muchos ni siquiera los escuchaba, la verdad es que nunca me detuve a hacer la cuenta del costo de mi soberbia porque jamás se me ocurrió pensar que en la vida no hay gratuidad y que detrás de todo lo que dejaba pasar había, inexorablemente, un precio a pagar.
Hoy estoy todo lo alerta que puedo a cualquiera de estos ruidos, y no solo no los desestimo sino que tampoco confío cuando suena la melodía que me gustaría escuchar.
Tengo claro que aunque ya no se me caigan fácilmente las riendas de las manos, mis tacos no están del todo domados y se me pueden alborotar los pasos.
Recién pensaba en esos ruidos de los que hablo hace tiempo y que son la voz más amorosa de mis tripas avisándome que frene el paso. A veces se me presentan como alarmas inaudibles y casi letárgicas, o se dibujan en milésimas de segundo como detalles difíciles de atisbar, o aparecen como palabras en el aire salidas de la nada, descolocando la conversación más versada y haciendo caer las letras sin ningún orden ni explicación sobre las tablas.
Hasta no hace mucho y casi como una costumbre, desdeñaba estos avisos y muy suelta de cuerpo les ponía toda clase de adornos para que no parecieran lo que eran, es más, a muchos ni siquiera los escuchaba, la verdad es que nunca me detuve a hacer la cuenta del costo de mi soberbia porque jamás se me ocurrió pensar que en la vida no hay gratuidad y que detrás de todo lo que dejaba pasar había, inexorablemente, un precio a pagar.
Hoy estoy todo lo alerta que puedo a cualquiera de estos ruidos, y no solo no los desestimo sino que tampoco confío cuando suena la melodía que me gustaría escuchar.
Tengo claro que aunque ya no se me caigan fácilmente las riendas de las manos, mis tacos no están del todo domados y se me pueden alborotar los pasos.
Etiquetas:
Desatando la locura
En definitiva
Son las dos de la tarde, estoy en casa, descalza, lejos de la ventana y deshilvanando entre los dedos la perplejidad misma y la risa que, a causa de ella, me regala mi alma.
Digamos que me topé con algo así como un señor, les juro que esta vez no me hice la sorda y escuché los ruidos de advertencia que hacían mis tripas, pero decidí seguir y, como para no variar y sintetizar, terminé acá, entre mis letras y reconociendo, claramente, la no-sorpresa.
Dicen que uno acierta en el último intento y es por eso que no me voy a rendir.
La verdad, señores, es que aun después de tres maridos e innumerables “intenticidios” no voy a retroceder ni para tomar envión, eso sí, al dramatismo, a las mariposas y a lo novelesco los ahogué en licor, no vaya a ser cosa que el “mientras tanto” no me lo pueda tomar con humor.
Digamos que me topé con algo así como un señor, les juro que esta vez no me hice la sorda y escuché los ruidos de advertencia que hacían mis tripas, pero decidí seguir y, como para no variar y sintetizar, terminé acá, entre mis letras y reconociendo, claramente, la no-sorpresa.
Dicen que uno acierta en el último intento y es por eso que no me voy a rendir.
La verdad, señores, es que aun después de tres maridos e innumerables “intenticidios” no voy a retroceder ni para tomar envión, eso sí, al dramatismo, a las mariposas y a lo novelesco los ahogué en licor, no vaya a ser cosa que el “mientras tanto” no me lo pueda tomar con humor.
Etiquetas:
Desatando la locura
17 de julio de 2022
Se llaman (prioridades)
No es tarde ni temprano, no hay café ni cigarro hace rato, no hay tacos ni uñas negras y tampoco manera de remontar esta “despresencia”.
Reconozco que tardo cada vez menos en darme cuenta, así y todo estoy lejos de la sonrisa de complacencia, lejos de tan siquiera intentar entender y lejos de que valga ni un poquito la pena.
Lo que sí voy a hacerme cargo de lo que generé por pura osadía con ese ímpetu que me caracteriza y que no voy domar, porque ¿saben qué? no quiero ser tibia, ni pasar por estúpida, ni conformarme con migajas cuando yo le pongo el alma.
La vida señores no tiene un final agradable, nos espera la muerte y eso no es negociable. Por eso déjenme decirles algo: “quédense en donde sean prioridad, porque ser una opción es definitivamente morirse de amor propio.
Reconozco que tardo cada vez menos en darme cuenta, así y todo estoy lejos de la sonrisa de complacencia, lejos de tan siquiera intentar entender y lejos de que valga ni un poquito la pena.
Lo que sí voy a hacerme cargo de lo que generé por pura osadía con ese ímpetu que me caracteriza y que no voy domar, porque ¿saben qué? no quiero ser tibia, ni pasar por estúpida, ni conformarme con migajas cuando yo le pongo el alma.
La vida señores no tiene un final agradable, nos espera la muerte y eso no es negociable. Por eso déjenme decirles algo: “quédense en donde sean prioridad, porque ser una opción es definitivamente morirse de amor propio.
Etiquetas:
Desatando la locura
7 de julio de 2022
Perspectiva
Voy a hacer de cuenta que a mi derecha está el cenicero con un cigarro pensando despacio, como no queriendo, como si fuera un ajeno a este sinsentido que se presenta como otro de mis muchos “sucediendos”.
No sé en dónde están los tacos, la verdad es que no sé en qué lugar están las cosas y hasta me atrevo a decirles que en algún momento perdí por completo la orientación y, aunque pude levantarme y sonreír, en mi cara no había lugar sino para una sola interpretación.
¡Díganme que la vida está loca! Díganme que la letanía infinita de semáforos en rojo es una alucinación, díganme que lo que me hace ruido es la corchea perdida de una canción ¡díganmelo! así me quedo tranquila, así no me voy, así no renuncio, así no pierdo el control, así confío en que todo en algún momento va a tener sentido y hasta una explicación.
No sé en dónde están los tacos, la verdad es que no sé en qué lugar están las cosas y hasta me atrevo a decirles que en algún momento perdí por completo la orientación y, aunque pude levantarme y sonreír, en mi cara no había lugar sino para una sola interpretación.
¡Díganme que la vida está loca! Díganme que la letanía infinita de semáforos en rojo es una alucinación, díganme que lo que me hace ruido es la corchea perdida de una canción ¡díganmelo! así me quedo tranquila, así no me voy, así no renuncio, así no pierdo el control, así confío en que todo en algún momento va a tener sentido y hasta una explicación.
Etiquetas:
Desatando la locura
5 de julio de 2022
Sana risa
Recién terminé de releer el relato “La máscara” y no puedo parar de reír. Y es que la sensación que me genera esta sonrisa es la de haber sanado y cerrado una historia y una dolorosa y profunda herida.
Busco hace tiempo este momento, y al igual que un minero que busca oro y lo encuentra, así tal cual es como me siento.
Dice por ahí la liturgia filosófica y también la retórica psicológica que cuando uno se ríe, la etapa está cerrada por eso huelga decirles que esta sensación de paz que me da la libertad de volver a ser yo misma, hasta hace poco ni siquiera era parte de mi imaginación.
Busco hace tiempo este momento, y al igual que un minero que busca oro y lo encuentra, así tal cual es como me siento.
Dice por ahí la liturgia filosófica y también la retórica psicológica que cuando uno se ríe, la etapa está cerrada por eso huelga decirles que esta sensación de paz que me da la libertad de volver a ser yo misma, hasta hace poco ni siquiera era parte de mi imaginación.
Me prendería un cigarro, miren lo que les digo, y me tomaría un café para festejar, pero vamos a darle tiempo a la vida, ya voy a encontrar quien me dé esa pitada mientras beso sin vergüenza el café de otra taza.
Etiquetas:
Desatando la locura
Suscribirse a:
Entradas (Atom)