20 de febrero de 2023

La brisa

Leía hoy mi diario y una frase ya resaltada en algún otro momento llamó mi atención. En ella hablaba de reconocer esa suave brisa, que suele erizarme los pelos de la nuca, antes de que se convierta en un huracán.
Y me puse a pensar en eso, en lo poco alerta que solemos estar a mil cosas que nos pasan y que también dejamos pasar.
Aclaro que no hablo desde la retórica teórica, sino desde mi experiencia y desde las marcas que llevo en mi propio cuero después de haber vivido una incontable cantidad de huracanes que empezaron con sutiles avisos a los que yo, claramente, desestimé y hasta justifiqué.
Y es que la vorágine de lo cotidiano nos “lobotomiza” y nos lleva primero a hacer oídos sordos a los ruidos de las tripas, después pasamos por alto como si no tuviera costo alguno los avisos del cuerpo y finalmente un latigazo atrás de las rodillas nos derriba sin delicadeza mientras nosotros con infantil inocencia nos preguntamos porqué.
El “porqué” tiene una sola explicación: no nos enseñaron a escucharnos, es más, detenerse, decir no, basta, hasta acá, esto no me gusta, esto no lo hago y esto no lo quiero parecen no existir como opciones.
En mi caso el secreto es detectar lo que estoy rumiando y no puedo tragar y hacer algo al respecto, porque todas las veces que no lo hice un huracán hambriento me arrancó sin mucho trámite todos los pelos del cuerpo.

Dar sin esperar recibir

Hace mucho que escucho esto y tengo que reconocer que es una frase que he dicho infinidad de veces y que también justifiqué en igual medida.
Ahora me pregunto ¿cuántos tomates me daría una planta que no riego? Ninguno. Es simple.
¿Qué es esto de dar así como así? ¿A quién se le ocurrió esta peregrina idea y la echó a rodar por el mundo como un santo axioma? Y lo que es peor ¿quién puede dar todo de sí sin nutrirse y no morir en el intento?
Es un suicidio lento entregar hasta quedar seco y ¿con qué objeto? Yo por lo menos no quiero ser un mártir y tampoco que me canonicen cuando me muera.
No dejo de aclarar que estas son cuestiones mías y que solo las hago extensivas por si a alguno le cabe el cuestionamiento y decide hacérselo.
Vuelvo al tema. Di mucho en mi vida y no me arrepiento, eso jamás, pero ahora ni siquiera espero sino que exijo reciprocidad, si no va y viene me retiro sin siquiera mirar para atrás.
Sé que puede sonar duro y hasta egoísta, pero díganme algo ¿qué podría perder yo, pensando de esta manera, que ya no haya perdido en la unilateralidad de tanta dádiva entregada a diestra y siniestra?

 

19 de febrero de 2023

Pasado

Hoy me preguntaba si podía escapar del pasado y después de darle vueltas al asunto llegué a la conclusión que no, porque tanto lo que vuelve como lo que permanece en el “olvido” forma parte de mí, a tal punto que ni siquiera aquellos que tienen enfermedades mentales progresivas pueden deshacerse totalmente de los recuerdos.
Ustedes habrán escuchado muchas cosas acerca del pasado: “que no hay que traerlo”, “que hay que ponerse a pensar en otra cosa”, “que hace mal”, “que no tiene sentido” o “que la vida es el presente”, ahora bien, no podemos negar bajo ningún punto de vista que hay lugares, olores, palabras, expresiones, gestos, eventos, cotidianeidades, ropa, comidas, costumbres, perfumes, objetos, fotos, animales, climas, paisajes y personas que ofician como la cerilla que enciende lo “olvidado”, y así, en una milésima de segundo somos transportados sin siquiera darnos cuenta al inmenso cementerio de la memoria.
Y acá me surge otra pregunta ¿es bueno o malo para mi vida “presente”? y la verdad es que si no puedo evitarlo, este cuestionamiento no es válido, sencillamente es algo que pasa y punto.
Sin embargo una cosa es pasearse por el cementerio de la memoria tanto cuando algo nos haya transportado hasta ahí como habiendo decidido hacer el viaje por alguna razón, y otra muy diferente es quedarse a vivir entre los muertos o lo que es peor sucumbir a la tentación de querer resucitarlos, ya que muchos de esos “olvidados”, y se los digo porque a mí me ha pasado, se “mal tiñen” de color rosa con el paso de los años.
Y para terminar les cuento que yo voy a mi pasado sí, y que también muchas veces algo me lleva, pero ya no me quedo, entendí que el presente es mi tierra.

30 de enero de 2023

Entre Ella y yo

Hace mucho que no merodeo las letras a esta hora, pero se me acercó sigilosa y risueña la impúdica y etérea Ella, pidiéndome sin palabras que la acompañara a su espacio de escalones gastados y arena.
Seguirla me desnuda de lo terrenal, cada paso que me acerca a su lugar me limpia el sabor del mundo de la piel y me viste de mí misma.
Pisar su arena dulce y tibia y sentarme en uno de sus cinco escalones me dinamiza, eternizándome en el infinito viaje al centro de mi esencia.
Ella mora en mí, es mi alma gemela, mi loba, mi guardiana, mi eterna.
Ella soy yo. Yo misma sin este traje y desnuda de caretas.
Y como Ella soy yo en mi más profunda esencia, decidí cortar las sogas del puente que me lleva a ese lugar mágico, y acercarme, sin ningún tipo de interferencia, a la mujer que soy, alejándome para siempre de la que dibujé sin darme cuenta.

25 de enero de 2023

No sé

Casi la una de la mañana y no estoy cansada ni tengo puesto el pijama. Hay un té en el escritorio y les cuento que uno de mis laderos estuvo hasta hace un rato paseándose entre mis labios.
No sé qué me trajo a estas letras, no sé qué va a pasar ni qué voy a hacer.
Hoy y a esta hora todo es un signo de interrogación que no tengo ganas de responder porque no quiero saber y porque aprendí que lo que pueda llegar a elucubrar tiene poca posibilidad de convertirse en realidad.
Puede que le haya encontrado la vuelta y ya no esté entrando en el bucle de los divagues mentales, pero es raro verme así, tan tranquila, con los pensamientos a velocidad crucero.
No sé, realmente hoy no sé y creo que mañana tampoco voy a saber porque ¿quién sabe? La vida es impredecible, mi vida por lo menos, no sé la de ustedes, pero la mía no sé de qué va. 
Nunca sé, y aunque un millón de veces haya pensado que sí poniendo las cosas en la línea de largada y diciéndoles que salgan, todas hicieron siempre lo que se les dio la gana.

19 de enero de 2023

Entrecortada

No encuentro el lugar, no me encuentro, me obligo. Paso de una letra a otra y ninguna tiene sentido. Me quiero eyectar de los imposibles, de las alucinaciones, de los divagues, de los sinsentidos y de esta resma de relatos que tengo ganas de incendiar.
Involuciono, desarmo, busco. Intitulo espacios. Me siento en otro lado. Cambio café por té. Prendo ruidos. Miro por la ventana. Espero.
¿Se tratará esto de una simple espera o tendré que dejar de tratar?
Se me hace lejos el lugar al que voy y me desesperan canas y ya medio siglo, por eso me detengo en cada paso y miro, pero nada, no hay nada más que nada, es como que no existo.
Le cedo el lugar a la hoja en blanco y a este conocido pánico y me aparto del teclado.
Hoy me encuentro impaciente, imposible, enojada con la pantalla y también conmigo.

Espejos

Cuando leí que lo único que hay al final del camino es un espejo, decidí hacer el ejercicio y, como si fuera mi último momento, miré mi reflejo.
Si hoy me fuera recordaría mi historia con una sonrisa y me diría que hice todo lo que quise, que no me arrepiento ni me avergüenzo de nada, que siempre fui la oveja negra de la familia, que no tengo a ese dios del que todos hablan porque entiendo a dios de otra manera, ni patria porque en la tierra real no existen los límites ni las fronteras.
La verdad es que si en un rato yo me fuera empañaría con mi último aliento el espejo y me daría un beso.

 

16 de enero de 2023

La verdad

Duele decirse la verdad. Duele reconocerse desde el otro, desde lo otro, desde el reflejo.
No hay nada más doloroso ni más liberador que mirar para atrás y sentir que amé, que fallé, que hice mías sendas que no lo eran y que construí muy cerca de las olas grandes castillos de arena.
Hoy no soy la que fui e intuyo que tampoco la que voy a ser, lo cual no me deja tranquila pero sí me incentiva a seguir indagando y hurgando en los recovecos más remotos de mi historia, en cada caja de mi altillo, en cada foto grabada en mi mente y en cada aviso que hubo antes de cada tormenta.
Duele decirme la verdad y reconocer en estas letras que mucho me lo tengo que explicar de otra manera, así como sentada en el cordón más bajito de la vereda y quedando mal conmigo misma aunque todos me vean.
La verdad señores es que me he estado mintiendo y también que me estoy riendo.
Sepan que es una “bizarrada” que las cosas no tengan sentido y a la vez encajen perfecto.

10 de enero de 2023

Cuestión que

Son casi las dos de la mañana y estoy incómoda, fuera de eso huelga el contexto.
Me preguntaba hace un rato, después de una conversación mal barajada, si es la época, la educación o la falta de ella, la cultura, la cuna, las maneras, la crianza o la rapidez con que se mueve todo lo que hace que mucha gente actúe como si tuviera el permiso implícito del “vale todo porque se acaba el mundo”.
¿En serio hay que saltarse los modos?
¿Qué parte me perdí?
¿Esta gente viene así de fábrica o aprende mientras crece?
Y acá podría explayarme y filosofar hasta el hartazgo, pero igual que otras veces no quiero, no tengo ganas, ya bastante con que sean la chispa que enciende estas letras.
En fin, de todas formas y para no darle a esto más importancia de la que tiene y también para variar, solo me voy a hacer cargo de mi “quisquillocidad”.

9 de diciembre de 2022

Cincuenta y van

Un suspiro solitario inicia este relato de uñas blancas, pijamas negro, pantuflas peludas, incomodidad al palo y una sonrisa cómplice que nadie entendería en los labios.
Estoy entrando a los cincuenta y seis o saliendo de los cincuenta y cinco o lo que sea que ustedes quieran, la cuestión es que pintó balance.
La verdad es que este año fue más doloroso que complicado. Bucear la profundidad de mis abismos me dejó sin aliento y nadar hacia la superficie se llevó las pocas fuerzas y la cansada voluntad que me quedaba.
En el camino me vencieron, renuncié y conocí algunas polémicas versiones de mí, sin embargo el desafío fue desnudarme y escribir acerca de ello sin sentir vergüenza por lucir un cartel de “vendo mi ego” colgado en el cuello.
Y acá estoy, con más de media vida vivida y una historia que cuenta acerca de cinco hijos amados, tres ex maridos, dos hombres idealizados y secretamente acariciados, un puñado de un par de amigos, algo así como mil escritos, un dios sentado en el hombro izquierdo y un diablo en el derecho, una bruja en las tripas, una sabia en el entrecejo, un corazón de oro, mis laderos de siempre el café y el cigarro sentados a mi lado, mis negros haciendo guardia, la pared de mi casa pegada a la espalda, Ella de blanco mirándome desde uno de los cinco escalones gastados y las dos abrazadas con una carcajada eterna tatuada en el alma.

18 de noviembre de 2022

No es "otra vez"

Me instalo un rato acá, con mis amadas letras para contarles que toda la vida he sido invalidada, cuestionada y maltratada, tanto por personas de mi círculo como por otras que no conocía. Mi consciencia con respecto a las agresiones era casi inexistente y hubo solo contados momentos en donde sentí el dolor y dije ¡basta!
Estoy a días de cumplir mis cincuenta y seis años y recién ahora puedo decir que, aunque no con la rapidez con que me gustaría, empecé a poner distancia y le saqué el cuerpo a toda esa cantidad de gente mal barajada que hay por ahí.
Sé que no es mi karma ni ninguna de esas explicaciones floridas y zen que hay en la liturgia, son gente de mierda y punto y como yo trato a todo el mundo de la misma manera porque no concibo la maldad, mi reacción a todas las agresiones siempre fue nula o demasiado lenta y esto es señores de lo único que me voy a hacer cargo.
Que sepan que no les agradezco ni les deseo nada malo, ni ninguna de esas estupideces que se suelen decir, y también que no sé volver cuando ya me fui.

14 de noviembre de 2022

Resistencia

Pijama negro, un té, uñas blancas y una incomodidad algo indescifrable a la que ya estoy acostumbrada estaría siendo un pedazo del contexto, digamos que el real, porque en el imaginario mi amado y extrañado cigarro formaría sin dudarlo parte esencial del espectáculo.
La verdad es que no sé porqué mis manos están sobre el teclado, y es que en estas semanas las letras se mantuvieron alejadas de mi alma como si quisieran evitarme los ríos de agua salada de estar viviendo una realidad “insoñada” y a la vez tímidamente acariciada e incontrolablemente vasta cuyas infinitas posibilidades pintan de vértigo mis días cada vez que me asomo a considerarlas.
Estar sola, con todas las piezas de mi rompecabezas desparramadas en un minúsculo espacio y sin otro menester que mirarme-mirarlas-mirarnos, es algo que nunca estuvo en los planes que jamás hago.
Encontrarme con partes de mí que van desde lo aberrante hasta lo divino me pone en situación de fastidio, sobre todo porque a esta altura se trata de una forma de conocimiento, y también de una intuición intrínseca que grita y que no puedo evitar escuchar.
La resistencia del título del relato es una resistencia conferida por la inercia, por el mandato, por mi historia, por el molde. Hay momentos en donde es imposible no verme arrastrada por ella, sin embargo, darme cuenta de eso me permite la flexibilidad sin la cual intuyo se haría más doloroso mi andar.
Descubrí, entendí y estoy tratando de aceptar que voy a morir “buscando”, que siempre voy a estar sola y cada vez con menos cosas, que lo que guardo pesa más de lo que compensa y que “lo que espero” me tensiona y me provoca dolores de cabeza.
Admití que viven en mí, a veces en paz y a veces en guerra, la Amalia asesina y la amorosa, la honesta y la mentirosa, la maldita y por supuesto también la más dulce de todas.
Moran bajo mi piel y a partes iguales la mujer y el hombre, la niña y la anciana, el animal salvaje y el doméstico, la partícula y el cosmos inmenso, lo inmutable y lo cambiante, la gota y el océano.
Quiero decir que ésta es otra más de mis muchas noches oscuras del alma y que todas son diferentes y que no voy a cometer el error imperdonable de subestimarlas porque es gracias a la conciencia con la que he vivido cada una de ellas lo que ha determinado el grandísimo valor que le he asignado a la siguiente.
Y esto es lo que hay señores, en toda esta mezcla ando, surfeando una infinitud de luchas y treguas, y más tranquila, confieso, que en otras épocas pero solo porque en alguna parte de este trajín vi con cegadora claridad mi propia e inexorable impermanencia y casi como jugando la hice extensiva a mis decisiones y fue ahí que sucedió, en un parpadeo otra realidad apareció ante mis ojos marcando la diferencia entre el limitante “antes” y este inexplorado, ilimitado y siempre presente “ahora”.

7 de septiembre de 2022

Anatomía de una montaña rusa

Es tarde, tardísimamente tarde y hace muchos días, y sin que en verdad haya una razón que justifique tan descarada huida, las letras me están siendo, claramente, esquivas.
Entiendo que esto que me pasa es el más destilado y puro cansancio de mi luto amargo y mis uñas pálidas, de mi dios y de mi diablo, de mi ego, de mis sombras, de la bruja y de la sabia, de las palabras que me he tragado y de los mandatos que me siguen hasta el hartazgo, de las dudas y del miedo, del frío de los puños cerrados, de mis más de mil caretas y de la no reconocida, pero más presente que nunca, audaz ira que vive ardiendo escondida en todos los recovecos de mis tripas.
Sepan que me duele esta confesión y que también siento vergüenza, y es que la perfección y la exigencia, la envidia, el rencor y la ira no son precisamente los colores que me gustan para mis banderas, pero están ahí, definiéndome a estas altas horas de la madrugada, mientras estoy sentada en el sillón, tapada con la manta, sin sueño y con un billón de lágrimas saladas, ahogadas en la garganta.

16 de agosto de 2022

Así como

Hoy no encuentro el humor, digamos que tampoco voy a salir a buscarlo porque no sé ni en dónde lo perdí, y les advierto que tengo la mirada del mismo color del pijama, negra como mis uñas, negra como mis ganas.
Les cuento que estoy subida a un carrusel en el que me pasan cosas y a la vez no me pasan y que en ese vaivén arbitrario y escurridizo y sin saber muy bien qué hacer ando trepada desde hace más que ayer.
La verdad es que la emoción que me embarga es la sorpresa más escéptica, es como una desconfianza risueña, es la saturación misma de algo que termina y que solo más adelante voy a poder explicar.
Tengo más que claro que se viene un portazo y también que voy a la desnudez total, lo que sí me intriga como nunca antes jamás, es la Amalia que voy a encontrar cuando dé el salto al vacío que todavía no me animo a dar.

2 de agosto de 2022

Tardísimo

Son las dos de la mañana de un día que no termina y que me dejó inquieta, con ganas de fumar y pensativa.
Son tiempos muy dinámicos los que piso, de cambios en el pensamiento, de encontronazos dolorosos con lo que siento, con lo que me pasa, con lo que dejé pasar y también con lo que hago con todo eso.
Creo que ahora estoy en donde elijo estar, y que me hago cargo de eso, mientras tanto me tomo el trabajo de detectar todo lo que “suma para restar” y despejar el camino para seguir mi propio andar.
Vengo tan en otra cosa que me bajé de los tacos, me dejé de mirar y de pintar y hasta me saqué los anillos y el collar.
Es tan serio el viaje en el que me embarqué casi sin querer, que sobra todo y a la vez el vértigo del vacío me provoca en la boca del estómago una sensación de incógnita y susto que por momentos me paraliza y me tensiona hasta casi partirme a la mitad.
Siento que crucé el umbral de ese mundo en el que existe un otro a quien responsabilizar y culpar, pero todavía no cerré por completo esa puerta y hay días como el de hoy en donde, con una ceguera incontenible, vuelvo sobre mis pasos buscando “al culpable” y sin siquiera poderlo evitar.
Entiendo que no es suave ni lineal y que tiene altibajos ásperos, pero esta vez siento que mi dios y mi diablo, mis cinco maestros vestidos de color anaranjado, mi quijote y mi bruja, mi loba esteparia, mi madame Bovary, mi chica Almodóvar y mi amada Ella y sus cinco escalones gastados me llevan hace meses en andas y me sostienen, porque miren que pasé noches oscuras en mi vida, pero como ésta les juro que ninguna.

1 de agosto de 2022

Y van...

Volví a mi silencioso, amable y exquisito vicio de escribir en la madrugada, cuando el mundo duerme y la negrura me invita mansa al diálogo con mi alma.
Recién pensaba en esos ruidos de los que hablo hace tiempo y que son la voz más amorosa de mis tripas avisándome que frene el paso. A veces se me presentan como alarmas inaudibles y casi letárgicas, o se dibujan en milésimas de segundo como detalles difíciles de atisbar, o aparecen como palabras en el aire salidas de la nada, descolocando la conversación más versada y haciendo caer las letras sin ningún orden ni explicación sobre las tablas.
Hasta no hace mucho y casi como una costumbre, desdeñaba estos avisos y muy suelta de cuerpo les ponía toda clase de adornos para que no parecieran lo que eran, es más, a muchos ni siquiera los escuchaba, la verdad es que nunca me detuve a hacer la cuenta del costo de mi soberbia porque jamás se me ocurrió pensar que en la vida no hay gratuidad y que detrás de todo lo que dejaba pasar había, inexorablemente, un precio a pagar.
Hoy estoy todo lo alerta que puedo a cualquiera de estos ruidos, y no solo no los desestimo sino que tampoco confío cuando suena la melodía que me gustaría escuchar.
Tengo claro que aunque ya no se me caigan fácilmente las riendas de las manos, mis tacos no están del todo domados y se me pueden alborotar los pasos.

En definitiva

Son las dos de la tarde, estoy en casa, descalza, lejos de la ventana y deshilvanando entre los dedos la perplejidad misma y la risa que, a causa de ella, me regala mi alma.
Digamos que me topé con algo así como un señor, les juro que esta vez no me hice la sorda y escuché los ruidos de advertencia que hacían mis tripas, pero decidí seguir y, como para no variar y sintetizar, terminé acá, entre mis letras y reconociendo, claramente, la no-sorpresa.
Dicen que uno acierta en el último intento y es por eso que no me voy a rendir.
La verdad, señores, es que aun después de tres maridos e innumerables “intenticidios” no voy a retroceder ni para tomar envión, eso sí, al dramatismo, a las mariposas y a lo novelesco los ahogué en licor, no vaya a ser cosa que el “mientras tanto” no me lo pueda tomar con humor.

17 de julio de 2022

Se llaman (prioridades)

No es tarde ni temprano, no hay café ni cigarro hace rato, no hay tacos ni uñas negras y tampoco manera de remontar esta “despresencia”.
Reconozco que tardo cada vez menos en darme cuenta, así y todo estoy lejos de la sonrisa de complacencia, lejos de tan siquiera intentar entender y lejos de que valga ni un poquito la pena.
Lo que sí voy a hacerme cargo de lo que generé por pura osadía con ese ímpetu que me caracteriza y que no voy domar, porque ¿saben qué? no quiero ser tibia, ni pasar por estúpida, ni conformarme con migajas cuando yo le pongo el alma.
La vida señores no tiene un final agradable, nos espera la muerte y eso no es negociable. Por eso déjenme decirles algo: “quédense en donde sean prioridad, porque ser una opción es definitivamente morirse de amor propio.

7 de julio de 2022

Perspectiva

Voy a hacer de cuenta que a mi derecha está el cenicero con un cigarro pensando despacio, como no queriendo, como si fuera un ajeno a este sinsentido que se presenta como otro de mis muchos “sucediendos”.
No sé en dónde están los tacos, la verdad es que no sé en qué lugar están las cosas y hasta me atrevo a decirles que en algún momento perdí por completo la orientación y, aunque pude levantarme y sonreír, en mi cara no había lugar sino para una sola interpretación.
¡Díganme que la vida está loca! Díganme que la letanía infinita de semáforos en rojo es una alucinación, díganme que lo que me hace ruido es la corchea perdida de una canción ¡díganmelo! así me quedo tranquila, así no me voy, así no renuncio, así no pierdo el control, así confío en que todo en algún momento va a tener sentido y hasta una explicación.

5 de julio de 2022

Sana risa

Recién terminé de releer el relato “La máscara” y no puedo parar de reír. Y es que la sensación que me genera esta sonrisa es la de haber sanado y cerrado una historia y una dolorosa y profunda herida.
Busco hace tiempo este momento, y al igual que un minero que busca oro y lo encuentra, así tal cual es como me siento.
Dice por ahí la liturgia filosófica y también la retórica psicológica que cuando uno se ríe, la etapa está cerrada por eso huelga decirles que esta sensación de paz que me da la libertad de volver a ser yo misma, hasta hace poco ni siquiera era parte de mi imaginación. 
Me prendería un cigarro, miren lo que les digo, y me tomaría un café para festejar, pero vamos a darle tiempo a la vida, ya voy a encontrar quien me dé esa pitada mientras beso sin vergüenza el café de otra taza.



No creo que tenga que entender

El motivo de esta catarsis es una sensación que hace que mis dedos se deslicen suaves y sonrientes por el teclado mientras un té espera mi atención y el silencio se instala como mi único querido al lado mío, y por ahora también, como mi único lector.
Hoy quiero contarles que hace unos días recibí una de esas sorpresas que la vida me reserva, y fue tan rara que solo me quedó el perfume y en el aire un millón de palabras que no fueron dichas porque el tiempo apremiaba.
El respeto, eso sí, mantuvo la distancia, pero la intención contenida y lo que decían nuestros ojos pasaron durante cada segundo, todos los semáforos en rojo.
No tengo ni idea del porqué tan conveniente, ni tan ajustado al momento por el que estoy pasando, pero se me invitó con un acento encantador a no pensar y dócil, como jamás, decidí aceptar.

23 de junio de 2022

La máscara

Hoy hace frío, mucho frío y recién llego. La cartera está en el piso de la entrada, la campera tirada, las botas mal acomodadas, las uñas más que blancas y en las tripas una urgencia incontenible de exorcizar con las manos lo que siento que me pasa.
Les cuento que recién vi a un fantasma mientras venía de camino a casa. En un segundo levanté la vista del piso y ahí estaba, a un escaso metro de mi aura. Confieso que la mirada fue de menos de un instante, pero bastó para que me lo trajera en andas cuesta arriba cuatro cuadras pegado como una garrapata a la retina de mi alma.
Al llegar dejé todo y fui a mirarme la cara. Mis ojos me dieron la tranquilidad que esperaba.
Después me paré en el medio del living, mis libros y mis papeles yacían prolijamente desacomodados como yo los había dejado.
Entones me puse las pantuflas viejas y peludas que él tanto detestaba y envuelta en mi amada manta de silencio, miré las cuencas vacías de su máscara, despegué sus garras de mi alma y lo tiré por la ventana.

18 de junio de 2022

Demasiada nada

Hoy no quiero evitar el contexto, por eso les digo que tengo las uñas blancas, que ni bien termine de hacer catarsis me subo a los tacos y parto y que por supuesto visto por completo hasta los pies de negro.
El título tiene que ver con mi presente decidido y, también debo reconocer, algo obligado, sepan ustedes que las cosas están siendo intensas y muchas no solo no tienen sentido sino que yo de tanto revolverlas las mareo y creo que es por eso que en estos largos, larguísimos y enloquecedoramente meditativos días, he logrado chocar conmigo misma, tanto en el espacio infinitesimal en el que vivo como en el cuerpo que habito.
Quiero decirles que el golpe me tiene atontada, que me he tragado años de mis propias palabras, que escupí a mansalva “sonrisas de tolerancia”, que grité los silencios más prolijamente guardados, que me encontré llena de ira en los lugares menos pensados, que me bajé de trenes ajenos a los que me había subido sin boleto y también que tiré y sigo tirando basura solo dios sabe de cuántos y de cuándo.
Transito por este tiempo uno de los tantos senderos oscuros de mi alma, esta vez sin fuerza en los pies ni en las manos, más sola que nunca, más añosa, sin los apegos que me dieron cimiento, con la cabeza casi vacía de letras y con un cansancio extraño que me arrulla y me invita manso a acurrucarme en sus brazos.
Después de cumplir los cincuenta y cinco algo detuvo bruscamente mis pasos y me obligó a decir “basta” y, aunque un par de meses antes escribí en un relato que la inquietud se respiraba, me sorprendió la frenada.
Lo de “demasiada nada” es relativo, otro día se los explico, ahora me esperan los tacos y una realidad rara que me frunce la nariz y me tensa la espalda.

7 de abril de 2022

Tres palabras

En estos tiempos que corren hay palabras que se pusieron de moda y adquirieron a fuerza de repetición, una notoriedad que en realidad no tienen.
La verdad es que sin ningún tipo de criterio se están convirtiendo en verdaderos templos bajo los cuales cualquiera puede decir o hacer lo que se le ocurra, mientras el resto repite como un mantra las sagradas palabras y deja pasar como si fuera una brisa fresca de verano, la incontinencia verbal y el comportamiento nefasto de verdaderos discapacitados emocionales.
Tengo que reconocer que yo misma me subí a esa barcaza sin rumbo hace un tiempo, pero me bajé cuando vi que solo era el otro extremo y por supuesto más de lo mismo. 
Señores, “tolerar”, “fluir” y ser "empáticos" puede resultar una postura de evolución y superación personal, pero antes de que así sea tenemos que establecer criterios que entiendo que no estamos preparados para gestionar porque, si así fuera, no solo no las soltaríamos tan alegre y estúpidamente, sino que esto que estoy escribiendo no tendría lugar.

21 de marzo de 2022

El altillo

Les confieso que este relato lo empecé más de cinco veces, por eso ahora y sin ningún preámbulo, pero más que nada porque quiero hacer catarsis, les cuento que después de catorce largos meses logré entender, procesar y dar emocionalmente por terminado lo que me pasó en estos nueve años de matrimonio.
Reconozco sin ningún tipo de pudor, que en el “mientras tanto” lloré y odié como jamás en mi vida, que maldije lo indecible, que aticé el fuego de la venganza hasta casi costarme mis propias pestañas y que no hubo ni un solo día en el que no me levantara y me acostara sangrando por alguna herida o mascando pedazos de esta interminable pesadilla, pero llegó el momento y una foto que vi por ahí ofició la magia y pude cerrar la bendita caja.
Estoy lejos de agradecer ni un solo segundo tanto dolor, rumiar todo ese espanto fue duro hasta el asco, como ya les he contado, pero este es el final.
Yo, por mi parte, estoy volviendo a vivir mis sonrisas, mis amados silencios, mis pantuflas, mi bata, mi cara de “no me hablen” de las mañanas, el exquisito vicio de escribir tarde en la noche y sobre todo la claridad de mi indudable valía y la belleza de saberme yo misma.
Hoy mis tripas, después de tanto están tranquilas y la caja, llena de papeles y voces, pero vacía de toda emoción, descansa en el altillo de mi vida, del que a veces les hablo, para siempre y a buen recaudo.
Se termina en este mismo momento un tramo de mi historia, les agradezco la paciencia y sepan que después de estas palabras que me urgían para darle un cierre a este largo concierto, no habrá más letras al respecto.

26 de febrero de 2022

Relatos anacrónicos

Voy a hacer una sección de relatos anacrónicos y en los márgenes tal vez garabatee algunas aclaraciones, porque total ya no hay peligro, es más, hasta podría poner el motivo por el que pasaron al olvido.
Y es que no se imaginan la de infidencias que hay en esos párrafos que quedaron en la gatera, ni la cantidad de historia, ni las muchas sonrisas que se me dibujan en los labios cuando los releo y recuerdo el momento y mi estado cuando los estaba escribiendo.
Confieso que no sé bien qué hacer con ellos, es más, tienen su propio lugar, como lo tienen los caballos viejos que pastan rengos como alma en pena entre las letras que están creciendo.
La verdad es que no puedo borrarlos porque siento que los mato y aunque a veces de alguno de ellos hago un vástago, reconozco que al resto los conservo con infinito apego, sí apego, porque este último tiempo he dejado tanto, que lo único que me queda son las letras y los espacios que hay entre ellas, mis silencios amados, los brazos en los que me acurruco cuando el mundo se pone áspero y yo necesito un descanso.

9 de enero de 2022

La prueba

No voy a poner el relato en contexto, mi hija me dijo el otro día que era una estructura y hoy decidí romperla, así que voy a ir de lleno a los acontecimientos.
Hace poco más de seis meses apareció en mi vida, salida de la nada, una persona que, demás está decir, salió de ella hace tan solo unos días.
Lo que pasó ya es una anécdota, lo que me pasó fue algo así como “la prueba del algodón”, extendida en el tiempo.
Hacía ruido, desde el primer momento les juro que esta persona fue un sonajero en mis oídos, pero fiel a mi estilo, desestimé cada sonido.
Ahora sé que ante cualquier evento, situación, palabra o gesto que suene desafinado tengo que detenerme y revisar, por eso me voy a hacer cargo solo de ese mecanismo que hasta hoy me llevó, sin ningún tipo de condición, a dejarlas pasar a mi vida.
No voy a entrar en ese cliché de agradecer todo lo que me pasa nada más que porque viene para enseñarme algo, bajo ningún punto de vista convalido esa justificación. Solo voy a decir que espero que ésta haya sido mi prueba del algodón y, algún día tal vez, cuando no tenga ningún tema acerca del que escribir, me siente frente a la máquina y les cuente cómo es que el maravilloso y perfecto mundo Disney está a tan solo diez kilómetros de mi casa.

3 de enero de 2022

Cicatrices

Es tarde, muy tarde y la verdad es que hoy no iba a escribir.
Estoy en pijamas, pero no estoy sola, me acompaña la más justificada de las ganas de prender el único cigarrillo que todavía conservo vaya a saber alguien porqué.
La cuestión es que desde hace días siento en el aire el sabor de la incierta y tensa calma que precede a una tormenta. No puedo definir qué es lo que está pasando, solo que no me hallo, que estoy inquieta y descompaginada, como si un vendaval le hubiera borrado los números a las hojas del libro y yo no pudiera acomodarlas.
Me molesta todo y nada al mismo tiempo y es tal la locura que cuando los espacios del departamento se hacen infinitesimales, solo me subo al auto y manejo a ningún lado.
Así de “border” estoy.
Le eché la culpa a la navidad y al fin de año, fechas contra las que me peleé toda la vida, como si en realidad fueran algo más que una estupidez. También acusé a la luna llena y como no me alcanzó le puse una ficha a la situación escandalosa, y a esta altura risible, que viene atravesando el país desde que nací.
Es tal mi desajustado estado que llegaron mis cincuenta y cinco y ni siquiera les dediqué unas letras como suelo hacer todos los años, solo llegaron, me vieron así y en completo silencio se instalaron.
Al fin entiendo que hay emociones que siguen atravesándome y que ya no quiero sentir, y creo que es eso lo que me tiene a mal traer, la verdad es que todavía tengo pedazos de infierno pegados en la piel y me arden tanto que no sé qué hacer.

13 de diciembre de 2021

Furibunda

Son las cinco de la tarde y sé que es una hora rara para escribir, pero una catarata de “pensaciones” y un comentario que recibí son los responsables de que esté en zapatillas, sentada al lado de la ventana y con las uñas pintadas de blanco disimulando los puños apretados.
No puedo siquiera imaginar el criterio que usa una persona, allegada a mí por cierto, para hacer comentarios tan poco felices y tan fuera de contexto, la verdad es que a pesar de tener herramientas para tapar este tipo de agujeros, hoy no tengo ganas porque ya estoy cansada de toda esta porquería ajena vomitada sin ningún tipo de permiso ni disculpa sobre cualquiera ¡harta!
¿Puedo entender estos comentarios? Si, sin duda alguna puedo entenderlos, justificarlos y hasta ignorarlos, pero ¿saben qué? siguen doliendo, siguen estando en el aire y sobre todo siguen siendo una mierda con todas las letras.

26 de noviembre de 2021

Hablando sola

Les cuento que ni siquiera sé cómo empezar el relato, pero créanme que mientras sonrío y busco cómo poner esto en contexto, mis dedos se deslizan sobre el teclado, ajenos por completo a lo que “ni sé qué” siento.
La verdad es que esta noche me subí al auto y, gesticulándole al aire cada letra como si fuera una loca, volví a casa como nunca antes en toda mi historia, hablando sola.
Quiero decirles que señores raros en todos estos años no me han faltado y éste no podía ser la excepción teniendo en cuenta que estaba signado por la catástrofe desde que inició, pero así, así como lo extraño que pasó hoy, no me lo esperaba y no solo me cuesta contener la carcajada sino que repaso cada palabra y no gente, no le encuentro explicación.

19 de noviembre de 2021

Un cigarro

Hoy quiero fumarme un cigarrillo, uno solo, y perderme para siempre en el humo frente a mis ojos, porque ya no quiero ver ni verme porque me duele y estoy cansada, y porque quiero irme lejos adonde nadie sepa quién soy, adonde la excusa de la distancia le haga perder a lo sabido el rigor.
Estoy harta de la parte de mi que enarboló la bandera de la tolerancia, de la justificación, de la explicación y de la sumisión, harta de la envidia que se esconde detrás del juicio, harta de ese “siempre sos la contra” que escuché toda mi vida, harta de sentir que están esperando que falle para verme caída, harta de escuchar mentiras, harta hasta más no poder de la crítica.
Estoy tan harta y tan agotada que recién ni siquiera atiné a correr, solo me quedé mirando ese maldito garaje vacío y en un segundo se me llenó el alma de asco por haber permitido tanto.
Por eso hoy necesito ese cigarro entre los labios y a mis hijos y a mis negros cerca y el sol en la cara y las piernas cruzadas y la pared de la casa que tanto extraño pegada a mi espalda.

29 de septiembre de 2021

El día después

Es demasiado temprano, no existen a esta hora los tacos y hasta les diría que ni siquiera es mi espacio, aun así siento que es momento de evaluar los daños.
Hace unos días tuve la última conversación mortalmente condenada de hasta acá estos nueve años y déjenme decirles que a pesar de conocer el paño de estos diálogos fusilados, tardé en recuperar el garbo más de lo acostumbrado.
Hoy estoy sola, lejos de tanto asco y más tranquila, pero mascando lo que viví como si fueran hojas de tabaco y pensando que en la vorágine no solo fui insultada y descalificada como siempre hasta el hartazgo, sino también intimada a dejar de escribir estos relatos, cosa que no voy a hacer claro, y menos viniendo de la persona que me ha visto llorar tanto y jamás hizo nada para evitarlo.

14 de septiembre de 2021

Otra vez, esta vez

Otra vez son las cuatro de la tarde, otra vez tengo las uñas pintadas de luto riguroso y otra vez tengo hartos los ojos.
También otra vez acabo de decirle basta y ponerle punto final a la crónica de la muerte más largamente anunciada en toda la historia, porque ya no doy más y porque se me terminaron las buenas intenciones, la compasión y me queda muy poco para la estocada final que hasta acá me negué a dar.
En verdad me cansé, hace diez meses que estoy a los saltos y me duelen los pies y no me importa lo que pase de ahora más, mientras pueda olvidar cada cara, cada falta de respeto, cada palabra hiriente, cada reproche, cada señalamiento, cada juicio y cada intento de manipulación con el solo objeto de mantener alimentada una personalidad psicopática narcisista fruto de un sufrimiento y maltrato del que yo no tengo nada que ver.
Ya dije en el relato anterior que no tengo ganas de entender, pero tuve que estudiar todo esto para no ser arrastrada y mantenerme en pie y les aseguro que no me voy a caer.
No hay más tela que cortar, no existe en el mundo argumento que valide esta locura de la que accedí a ser parte y por eso asumo mi responsabilidad.
Me queda drenar lo que resta hasta el final y escribir hasta que no haya más.
Acabo de pegar un portazo a nueve años de mi vida, y estoy parada, con la espalda pegada a la puerta que se cerró, llorando y con el estómago apretado de dolor.
Esta vez se terminó.

13 de septiembre de 2021

Fechas (escrito el 12 de agosto de 2021)

Estoy sola y es tarde, sobre la mesa ratona hay un vaso con agua y debajo de ella los tacos, que volaron cuando entré y que quedaron olvidados porque todo pasó demasiado rápido desde alguna hora de ayer. 
En este momento siento que no hay palabras, que no necesito aire, que mis manos no son las que están sobre las teclas y que la realidad está fuera de este planeta.
Tengo claro que esta locura vil, perversa y ajena ya no la quiero entender, pero otra vez me rozó sin que me diera cuenta y revolucionó mi sonrisa y de pronto me vi en sueños navegando el rumbo que había abandonado y desperté ahogada y a los manotazos buscando en la oscuridad un paquete de cigarros imaginario y arrancándome del cuerpo todo un montón de asco.

Hoy hace un mes de esto, y quiero decir que cada vez que rememoro estos ocho años, solo pienso en que pude salir a tiempo, justo antes de que se borraran para siempre de mis labios las sonrisas que de a poco voy recuperando.

28 de agosto de 2021

Devaneos y locura

Son las cuatro de la tarde, no hay tacos ni uñas negras y sí la urgencia impostergable de catarsis.
Hace unos días, una cadena de eventos por demás innecesarios que terminaron con setenta y dos horas de desvaríos imprudentes que iban del devaneo amoroso al desprecio despiadado pasando por la mentira, la ofensa, la soberbia y el descaro, me dejaron parada y sin palabras en el medio de un océano de nada.
Tan descomunal fue la vorágine de cinismo y locura y tan grande mi sorpresa que todavía estoy tratando de entender el juego perverso, la trama macabra, la cara impostada y las palabras inventadas y sigo sintiéndome desorientada.
Quiero decir también que a pesar de mi desconcierto esta vez no fui arrastrada ni manipulada, no se me cayó una sola lágrima, no se me estrujó la boca del estómago ni se me hizo ningún nudo en la garganta y aunque hubo instantes en los que sentí sed de maldad y venganza, me bastó mirar cómo y en dónde estaba para que la sensación se evaporara.
Ya pasaron más de quince días de ese para siempre inolvidable 11 de agosto y la verdad es que cada vez que me acuerdo del nada necesario e infantil arrebato, me felicito por haber conservado el garbo y sobre todo por no haberle hecho caso a mi maléfico diablo.

6 de julio de 2021

La cuerda

Hoy huelga la introducción y la puesta en contexto del relato, solo basta con decirles que me fui a mi centro nada más que para observarme un rato.
Si tuviera que explicarles lo que vi, dibujaría una cuerda suspendida entre dos paredes abismales perdidas entre la niebla a metros de altura, en el medio y haciendo equilibrio y, sin más aliento que imperceptibles susurros, yo sola, como jamás he estado.
Ni antes ni ahora hubo un solo plan.
Fui movida nada más que porque sentía la urgencia de volver a encontrarme conmigo, con mi sonrisa, con mi alma y con Ella y sus cinco escalones gastados.
Esta vez todo es diferente, no hay una sola cosa que me sirva de parámetro, no existe cuestionamiento que no me haga ni puerta que no abra y los miedos, que en estos meses me di cuenta que tenía, la vida se está encargando de matarlos.

18 de junio de 2021

Difícil

Empiezo así de golpe, como con un portazo.
Señores, la teoría del maestro zen al que le pasan cosas y se queda mirando el vacío con sonrisa de Gioconda no me sale.
He leído, escrito, comulgado, predicado y aleccionado acerca de esta cuestión un tiempo largo, pero tengo que reconocer que en el momento de ponerlo en práctica se me escapa la tortuga más veces de las que quiero reconocer y hoy no fue la excepción y entré, cegada por la ira y llena de pánico a zona de guerra y mientras me lamentaba y maldecía oía cómo se iban cayendo una a una todas las cosas que en estos meses fui acomodando.
Sepan ustedes que aun sigo algo furibunda y también un poco chamuscada pero logré salir de la sensación mental de desastre con la tortuga bajo el brazo.
Sé que el precio que pago por irme al futuro es altísimo, casi tan alto como el que pago cuando me voy al pasado, pero es evidente que a veces no puedo evitarlo.
En fin, un día de extremos, de todo negro, de todo malo, de todo feo.

28 de marzo de 2021

Mi momento... tu momento


Son la 1.33 am., estoy vestida de negro hasta las uñas, no llevo puestos los tacos y no hay té sobre la mesa, lo que sí me prendería un cigarro pero más que nada porque las volutas de humo me llevarían con soltura a la cavilación profunda y me sacarían sin mucho trámite de esta duda.
Quiero decir que tendría que usar puntos suspensivos porque todo esto que está sucediendo vino con ellos, tanto como una costumbre como porque son sugestivos, pero me voy a reservar el derecho de usarlos para que no haya malos entendidos.
Vayamos a la cuestión. Sabrán ustedes que “pensar en voz alta” uno no piensa con cualquiera, y “pensar en voz alta” sin siquiera pensar lo que se dice, algo así como “sentir en voz alta” tampoco a uno le sale tan fácil, pero déjenme decirles que pasa y está pasando y ahí vamos deshilvanando momentos propios y ajenos, cuestionándonos rótulos, contándonos historias, riendo situaciones, frenando para no irnos al pasto y poniendo “desarrolle” como una invitación a bailar con lo sentido.
Entiendo que el gusto a susto ya está instalado pero también hay cosas claras que tranquilizan las aguas, aun así cerramos filas y levantamos puentes, sin duda acicateados por el miedo a sentir cómo de un segundo a otro la sangre que corre por nuestras venas puede convertirse en agujas de hielo para volver a destrozarnos por dentro.
Pero voy a ir cerrando, no quiero que se haga largo. Creo que lo que pasa no pasa por lo que sentimos sino por lo que pensamos y ahí es en donde la estantería que uno acomoda con tanto esfuerzo, tiembla. Y es que a veces no nos damos cuenta y elegimos estar lejos del corazón para evitar el dolor sin saber que es esa elección lo que duele. 
Pero la vida es sabia señores y se cansa de nuestras eternas cavilaciones y por eso cambia a cada “momento” y nos manda estos vientos que nos dejan parados en el medio de la nada, con el pelo revuelto y una sonrisa de intriga en la cara.

23 de marzo de 2021

Puro dolor (escrito el 10 de Diciembre de 2020)

Qué semana áspera, qué duro que se pone. Siento que es una cuesta y un abismo al mismo tiempo. Ya no sé si estoy cansada, harta, angustiada, asustada o solo triste y se me pone difícil observarme y quedarme ahí, en ese mirarme y verme sin pestañear siquiera, sin que se me caiga una queja, un soplido, un grito.
Tengo el alma en el peor estado que recuerdo. Estoy sola y estas no son mis paredes, ni mis muebles, ni toda mi vida.
Soy yo misma en el más mudo y agónico silencio, en el más vacío y frío de todos los infiernos y en un estado de dolor e incertidumbre desconocido y eterno y sin siquiera café y cigarrillo, mis laderos de siempre, ni ellos me soban la espalda para que lo que siento sea más llevadero.
No me queda nada de lo que tuve. A mi alrededor las cosas, desconocidas y desprovistas de afecto, son cosas sin peso que están sin que entre ellas y yo haya más que la mera necesidad y nada del amar tenerlas.
Tampoco están alrededor mis amados hijos, porque ya son grandes y no tengo que atenderlos, ellos se fueron hace tiempo y están recorriendo sus propios cielos y sus únicos infiernos.
Hay gente a la que quiero orbitando mi existencia sí, pero en este momento, justo ahora, cuando siento que estoy cayendo no hay nadie que me sostenga. No porque ellos no quieran sino porque no saben que lo que me pasa es denso, que lo que siento es un agujero justo en el centro de mi pecho, un agujero lleno de no saber qué hacer, lleno de un silencio de púas con gusto feo y olor a encierro.
Hace dos días que riego con lágrimas mi camino, dos días largos, eternos, duros. Dos días de interrogantes y certeras dudas. Dos días sin sol, sin ventanas y con un viento negro soplando las paredes de mi alma y de mi endeble cuerpo.

22 de marzo de 2021

Hoy me pasa

Hoy es un día raro, un día de ropa y uñas negras, de cansancio, de ardor de ojos y de pies sin tacos.
Hoy extraño el cigarro y extraño mi casa. Extraño el abrazo largo, la ausencia de historia, la ignorancia de mis jóvenes años.
Hoy bajaron del desván y sin permiso más recuerdos de los que caben en mis manos y cada canción que sonó en el auto llenó el espacio de cosas que ahora no sé bien en donde acomodar.
Hoy siento el peso innegable de la realidad, la fuerza inequívoca de la experiencia y el hipnótico canto de mis tripas cada vez que estoy por renunciar.
Pero igual voy a bajar los brazos un ratito y a soñar que prendo un cigarrillo y que me siento en el banco de plaza que había al lado de la puerta de mi casa con las piernas cruzadas y el sol de la mañana en la cara.
Hoy me voy a regalar un suspiro largo y una sonrisa sin motivo mientras agarro todo lo que me pasa y sin mucho trámite lo tiro por la ventana.

14 de febrero de 2021

Mezcla perversa

Son las dos de la tarde y acá estoy, vestida hasta el cuello de negro y extrañando como nunca a mis laderos.
Quiero decir que me duele escribir esto porque todavía no lo puedo creer y porque resuenan en mis oídos la “mezcla perversa” que origina este relato, de palabras bonitas y destrato.
He pasado estos últimos ocho años (y mis escritos no me dejan mentir) justificando cada palabra, cada decisión, cada opinión, cada comportamiento, cada gusto, cada kilómetro entrenado, cada dolor, cada kilo, cada calor menopáusico, cada cambio, cada lágrima y créanme que una vez tuve que justificar mis carcajadas.
Siempre sentí que era una mujer con todas las letras pero esto me movió el piso y me hizo dudar de mi valor, de mi amor propio, de mi dignidad, de mi fortaleza, de mi determinación, de mi inteligencia, de mis habilidades, de mis decisiones y de mis elecciones.
Creo que haber dudado de mí es lo que más lamento, de ahí la angustia, de ahí mi desconsuelo.

12 de febrero de 2021

Ésta soy hoy

Descalza, con la uñas pintadas de rojo, un café bajo mi nariz y el sol sobre mi cabeza reconozco que estoy pasando el momento más feo de mi divorcio.
Hoy siento que las descalificaciones constantes, la dureza en las palabras y en las miradas, los silencios pesados, los juicios y las faltas de respeto destruyeron mi vida.
Tanto fue y tan normal lo tomaba yo que hoy, a tres meses de haberme ido, siento que de la piel para adentro desaparecí.
Hace tres días que no paro de llorar, tres días del dolor más profundo que puede uno tener que es el dolor por uno mismo, por no haber hecho algo al respecto, por no haber puesto un límite a tanto avasallamiento.
Estoy triste, enojada e inestable. Me acuesto y me despierto cada día con recuerdos dolorosos que había guardado en ese desván del que hablo en otros relatos, recuerdos densos que van a terminar de derrumbarme si no los bajo.
Ando por la vida medio perdida, con los ojos llenos de lágrimas y el alma entre los dedos buscando un lugar en donde sentarme para poder abrazarme.
Estoy agobiada y cansada, por momentos saco la cabeza del agua pero después de ocho años parece que el olvido no es sencillo.

27 de enero de 2021

Ni título

Estoy sentada frente al teclado. No llevo puestos los tacos, no tengo las uñas pintadas y desde hace más de un año me falta y extraño, como jamás he extrañado, mi taza con el café vestido de riguroso luto amargo y el mudo y cómplice humo del cigarro.
Me cuesta escribir sin ellos, no sé cómo empezar sin nombrarlos, no sé qué hacer con los labios, ni cómo leer sin el cigarro entre los dedos y la sien apoyada en esa mano. 
Mil cosas me han pasado en todo este “mientras tanto”, cosas que sin duda hubieran sido tierra fértil para varios relatos, pero créanme que sin mis laderos sentía, cada vez que me sentaba, que me habían cortado las manos.
Quiero decirles que decidí que sigamos mezclados, ellos y yo y las letras, y mi alma, y mis manos, y mis labios y mis lágrimas, y mis sonrisas, porque después de todos estos años juntos no podemos despegarnos, porque nos pusimos viejos y demasiado nostálgicos.

18 de noviembre de 2020

18 meses de agua bajo el puente

Hace el tiempo del título del relato que no subo un escrito, y hace el mismo tiempo que no prendo un cigarrillo.
Ha pasado desde aquel mayo un enorme abanico de estados que huelga describir, pero gracias a los cuales me encuentro sin encontrarme justo aquí.
Hoy estoy sola por primera vez en mi vida, sola para dormir, sola para andar por ahí y sola para decidir solo por mí.
Desde el lunes 9 a las 16:16 horas, una casa diminuta que no es mía contiene en su interior mis pertenencias en el mismo orden caótico en el que se encuentra lo que hay y sucede de la piel cansada de mi cuerpo hacia adentro.
No sé si este es mi olor y si estos son mis ruidos pero desde hace unos días son ellos los que le ponen contexto a tanto incierto desconcierto dejando en evidencia lo que ha sido y significado este largo trayecto.

30 de mayo de 2019

Sencillo


Hoy hay té sobre mi escritorio y en el cenicero, el segundo cigarro del relato se está yendo despacio, vaya a saber dios a qué cielo trasnochado.
Suele sucederme esto de tener días malogrados, en los que no solo no me hallo sino que hasta me catapultaría lejos de mí misma para no hacer o decir lo impensado.
Sé que soy yo, a esta altura lo tengo más que claro.
Soy yo con los puños cerrados y los dientes apretados y con todo lo que todavía no me he cuestionado sumado a que ya no tengo cómo justificar mi estado mal barajado porque la “infantil excusa” de que afuera está la causa ha desaparecido en el justo momento en el que decidí ponerme los pantalones largos.
Hace un tiempo estos días no contaban, decía en mi ignorancia que eran días sin destino y sin chistar me los tragaba.
Pero estoy más sosegada y un poquito más despierta y la verdad es que no me trago nada que no quiera, pero solo porque me di cuenta de que esas horas distraídas y por demás lentas me llevan a todo lo que estuve guardando, a todo lo que “sin querer” puse a un costado y a todo lo que “olvidé” y sin embargo sigo mascando como si fueran hojas de tabaco.


24 de abril de 2019

No hay café


Ya es media tarde y no hay café sobre la mesa, pero el silencio se instala, como siempre, cuando poso las manos sobre el teclado y la inspiración se sienta a mi lado.
Hace tiempo que mis dedos no hacen el baile de la catarsis, pero sólo porque estuve lejos de las teorías y cerca como nunca de mí misma.
Este cerca de mí misma tiene que ver con haber dado vuelta por completo la forma en que estaba percibiendo e interpretando mi historia.
Nada de esto fue casual, sé que este camino lo hice con consciencia y paso a paso hasta que hace unos meses, de madrugada y sentada en la vereda de otra ciudad, escribí la última palabra del último renglón que me quedaba y di vuelta la página.
En esa vereda supe que estaba presa de arraigados juicios y que cada justificación que ponía mi mente intensificaba mi ceguera. Cansada ya de tanto juego inútil que nunca iba a ganar, dejé de darle identidad a toda elucubración mental y esperé que la vida, que se había mantenido aparte mientras yo peleaba porque mi verdad fuera la única, me mostrara.
Pasadas ya las tres de la mañana y cuando al fin, muerta de frío me paré, el panorama era hasta tal punto otro que la madrugada parecía soleada y yo otra mujer.


6 de noviembre de 2018

Desde mi alma


En estos últimos quince días todo lo que había se escurrió por entre mis dedos y mis manos, ajadas y cansadas, quedaron vacías.
En este corto trayecto viajaron conmigo mis libros, mis escritos, mi abedul, mi ropa, algunos pocos utensilios de cocina, dos banquetas y una mesa ratona.
Hoy estoy sentada frente a otro paisaje, envuelta en otro silencio, aceptando cada segundo y dejando pasar cada pensamiento sin resistencia, sin sufrimiento y sin tristeza.
Entiendo que pensar en el pasado deprime y que elucubrar el futuro sólo genera ansiedad, es por eso que elijo estar en este momento así como elijo vivirlo sin reserva alguna y de manera incondicional.
Quiero decir que en estos últimos años he tenido tiempo para verme y cuestionarme cada actitud, cada intención, cada emoción, cada percepción, cada justificación, cada interpretación y cada juicio. Y también quiero decir que nada de esto hubiera sido posible si la vida no me hubiera puesto frente al maravilloso espejo que sigue siendo mi marido y a quien infinitamente agradezco porque de no haber sido por él, mi ego seguiría siendo grande como el mismísimo sol y hoy estaría viviendo esto como una terrible frustración.


2 de noviembre de 2018

Hoy


Afuera llueve, yo sigo vestida hasta las uñas de negro y mientras mis manos descansan en el mismo teclado de siempre, las letras que siento están siendo paridas desde otro cielo.
En un rincón de este pequeño espacio mis amados libros respiran apilados y mezclados, y a través de la ventana mi abedul en maceta desde hacen veinte años, me mira desconcertado porque no entiende muy bien en qué momento vinimos a parar a este espacio.
Hacen catorce días exactos, en lo que siento ahora fue un segundo, un huracán me desvistió de todo lo que había y me dejó desnuda, abrazada a mi abedul y a mis libros, en otra vida.

19 de octubre de 2018

Soy yo


Siempre soy yo, nunca es el otro. El otro sólo está ahí parado, mostrándome de cuerpo entero, vestida hasta las uñas de negro.
“Siempre soy yo, nunca es el otro” no es una frase arbitraria ni egoísta, la elegí con un propósito claro para mí y que será claro sólo para aquel que esté dispuesto a oír.
No es común escuchar esto del espejo y menos común entenderlo, a mí  me ha llevado tiempo ver el reflejo y no sucumbir al instinto asesino de matar al cartero. Y es que muchas de las imágenes no resultaron para nada agradables y se repitieron a lo largo de los años dolorosamente insistentes e incansables hasta que, honestidad brutal mediante, logré entender el mensaje.
Y ahora heme aquí sentada contándoles cómo algo que me parecía complicado resultó simple en esencia cuando decidí hacerme cargo y directamente responsable de que “siempre soy yo” la que cada segundo de cada día elige qué hacer, entendiendo que de allí surja de forma innegable y con absoluta claridad el contundente “nunca es el otro” tan pero tan difícil de tragar.



18 de julio de 2018

Sujeto perdido


En realidad es “sujeta perdida”, objeto perdido, objetivo perdido y hasta perdida, pero como el título no puede ser tan largo me detengo este segundo nada más para aclararlo. Ahora al grano.
Me perdí a mi misma en cualquier lado. Me fui un momento, salí del frasco, mis pies me llevaron y desaparecí de mis botas de taco alto.
No estoy acá, no soy la que escribe, no soy la del café, ni la de las tazas, ni la de los anteojos negros, ni la del cenicero ni Ella. No soy yo, yo me salí y ahora no me hallo.
Juro, y no en vano, que hace rato que me estoy buscando, pero entre una cosa y la otra, entre el objeto y el sujeto, entre el observador y lo observado, entre el verbo y “lo predicado”, entre adjetivos y “adjetivandos”, entre juicios y condenados, entre la intriga y lo intrincado y entre lo que digo y lo interpretado se me fue el hilo y vaya a saber en qué cielo ando.
Creo que al bajarme de los tacos me deshice en pequeños pedazos y sólo quedaron mis manos quietas sobre este silencioso teclado.

16 de julio de 2018

Me equivoqué


Hoy voy a tirar por la ventana las analogías y las parábolas y voy a ser directa porque estoy cansada de las vueltas.
No cometí en mi vida estupidez más grande, improductiva, inconducente y desgastante que querer salvar de sí mismo a alguien.
Quiero decir que el peso que me eché en la espalda fue imposible y doloroso de cargar y si a eso le sumo que justificaba mi acción alegando “la mejor intención”, la receta perfecta para el desastre resultó.
Tuve que hacer acopio de mi mejor voluntad y con toda honestidad mirarme a los ojos en el espejo, escuchar mis palabras desde la vereda de enfrente y preguntarme “para qué” estoy haciendo esto para darme cuenta del error garrafal que estaba cometiendo y de lo violento y nefasto que resulta meterse en terreno ajeno.
Fui egoísta, irresponsable y hasta inocente, pero reconocerlo no atenúa el dolor y la vergüenza que siento y tampoco me absuelve.


10 de julio de 2018

18:23


No queda casi nada de café en la taza, no hay tacos desde hace rato ni uñas pintadas y me saqué las pulseras y la cadena del cuello porque me sentía ahogada.
No me sorprendió para nada la desnudez de adornos ni la sensación de ahogo, pero el semáforo se puso en amarillo y si no miro qué pasa y reflexiono puede pasar a rojo.
Primero y por las dudas busco al señor miedo, mi otrora creación devenida en carcelero, pero no lo encuentro.
Entonces sigo indagando, esta vez más adentro, y descubro que una espeluznante infinitud de palabras, por mí articuladas y que jamás significaron nada, hacen ruido en el fondo de mi alma.
Me levanto como para espantarlas y apuro el último sorbo de café que queda en la taza.
Si me hubiera hecho caso y cerrado la boca cuando mis tripas me lo indicaron, hoy no me sentiría algo tonta ni tan atribulada frente a esta enorme e inútil colección de letras gastadas.


28 de junio de 2018

Silenciosa


Me siento silenciosa y ajena a palabras que definen sin definir nada y que necesitan de más porque con una sola no basta.
Hoy estoy lejos del altar en el que las había puesto y ya no me fío de ellas pues entiendo que son una opción empobrecida, una pomposa asociación ilícita, las migas con las que se intenta explicar aquello que jamás podría caber en un cuaderno.
Las letras fueron creadas para ser “un medio” y no “el destino” de todo mortal alfabeto, por eso los significados han perdido mi respeto, así como los constructos que pretenden alinear al vasto universo.
Hay que quitarle a la palabra el peso y la responsabilidad que se le ha puesto en la espalda, porque a la realidad señores, no la define un concepto, de la misma manera que no podemos tapar el sol con un dedo.



11 de junio de 2018

Real


Se hace fácil hablar del otro, tan fácil es que nos brota como un yuyo y lo vemos como si fuera parte del paisaje de la vida. Hasta parece barato hacerlo, como si no costara nada. Ni siquiera el precio nos cuestionamos cuando en realidad de todo lo que hacemos a diario es el precio más caro. Caro porque literalmente nos suicidamos con cada juicio y con cada comentario y no sólo eso sino que lo hacemos sin siquiera ponernos colorados, como si tuviéramos la vida resuelta o lo que es peor, como si estuviéramos libre de “pecado”.
Ignoramos el hecho de que somos unos egoístas y vamos por la vida dando lecciones o desparramando porquería cuando la triste verdad es que no nos atrevemos a mirar para adentro porque ni siquiera tenemos la valentía.

5 de junio de 2018

A veces


A veces el camino se estrecha y se hace escarpada abrupta y de los abismos negros que me abrazan, un aliento gélido tensiona mi nuca al tiempo que el sol liba negrura y cualquier posibilidad de articular palabra se esfuma.  
Observo estos instantes con infinita paciencia porque sé que mi péndulo, que otrora oscilaba peligrosamente y golpeaba los extremos con una rudeza insoportable, hoy dibuja en el aire un ir y venir tranquilo,  equilibrado y constante.
Entiendo que fue descubrir, muchas veces doblada de dolor, que todo lo que con “vehemencia demente afirmaba y defendía” era sólo el pequeño mundo en el que ciega me movía, el único que yo “creía” que existía lo que me hizo sentir tanto abrumada como maravillada. Abrumada porque mi vida dio un giro de ciento ochenta grados y maravillada porque se dibujó un universo de infinitas posibilidades justo en donde el giro me dejó parada.
Hoy sigue “no siendo fácil”, la inercia de cincuenta años hace que muchas veces la tortuga se me escape y sin darme cuenta vuelva a meter los pies en ese pequeño terreno que yo “creía” era el mundo entero.
Y aunque recorrer este camino, vestida sólo con esa sonrisa que no hace mucho me hice a mí misma tiene sus bemoles, encuentro que el tesoro está al final del día cuando me acuesto y escucho que la orquesta suena afinadísima.

17 de mayo de 2018

Responsables


Rodeada del más amoroso de mis silencios y con la taza de café bajo mi nariz se me ocurrió deshilvanar la responsabilidad.
Levanto la vista buscando inspiración y no tardan en materializarse una infinidad de situaciones e igual cantidad de “dedos acusadores”.
Hace un tiempo ya que observo, no sólo mis pensamientos, actitudes e intenciones sino las del resto, y no deja de sorprenderme la facilidad que tenemos para encontrar afuera al enemigo o amigo del momento.
Es tan vasto el universo que fabricamos que pasaría días escribiendo, pero hoy no es la idea, hoy la idea es caminar silbando bajito, con las manos bien adentro de los bolsillos mientras con cada paso ejercitamos esto de hacernos cargo de nosotros mismos.
Quiero decir que afuera no vamos a encontrar al culpable de nuestras desdichas, miserias y preocupaciones, así como tampoco al artífice de nuestras sonrisas, porque lo único que hay afuera señores es el más fiel reflejo de lo que tenemos dentro.
Ser consciente del espejo es entender que el otro no nos hace nada sino que nos muestra, y que todas las consecuencias son por obra de causales nuestras, así como todas las ganancias y pérdidas.
Y al fin cuando llega ese día en el que dejamos de lado al niño malcriado que corre a los brazos de “mamá justificaciones y argumentos varios” para calzarnos los pantalones largos, es que tomamos real dimensión de lo hipócritas, egoístas y agresivos que hemos sido con “todas” las personas que por nuestra vida han pasado.

8 de abril de 2018

Preguntas para mí


Estoy vestida de negro, no llevo los tacos puestos y mis uñas, pintadas de un blanco pálido, se igualan al color que hoy tiene mi cielo.
Hace unos meses me retiré del mundo y detuve la marcha. Mi cuerpo me estaba avisando, con todos los dolores de la carne, que algo no estaba viendo y que era por eso que mi alma no hallaba sosiego.
Sentada a la vera del camino me llamé a silencio y con una conciencia de la que recién ahora sé que soy capaz, observé hasta el mínimo detalle cada intrincado constructo mental.
Me llevó tiempo e infinita paciencia percibir y descorrer cada velo y, cuando al fin cayó al suelo el último de ellos, frente a mí pude ver a dos hombres, iguales en apariencia, pero completamente opuestos.
Uno de ellos era “el hombre que es”, el otro era “mi” dibujo, “mi” deseo, “mi” imaginación, “mi” sueño.
Hoy, lejos de aquella ceguera, lejos de estar dormida, lejos de la utopía, lejos de la expectativa que genera el estar afuera y más cerca de mí y de la empatía para con el otro, estoy en condiciones de decir que no se me había ocurrido pensar que la persona con la que dormía podía no ser como yo la veía.
Es tan sutil la trampa en la que caemos al no cuestionarnos lo que vemos que si la aplicáramos a todo afirmaríamos sin dudarlo que el sol no existe cuando está lloviendo.

19 de marzo de 2018

Minutos


Hoy tengo para decir que sigo con las botas puestas, que ya terminé el café y que entre los dedos tengo el segundo cigarrillo que acabo de prender.
Había empezado este relato diciendo que tenía poco tiempo, pero cuando lo releí mis dedos se paralizaron sobre el teclado como avisándome que había que revisarlo.
Convengamos que por una cuestión de orden el mundo se rige por horarios, pero el punto no es ese, el punto que hoy quiero señalar es que cuanto más cuenten los minutos, más les van a faltar y si a eso le suman para restar (nunca tan bien dicho) que cada segundo que pasa no vuelve y que cada tic tac los acerca irreversible e inexorable, al final, entonces y sólo entonces van a entender lo perversas que pueden resultar dos agujas, mirándolos divertidas e imparables, detrás de un cristal.


6 de marzo de 2018

Palabras


Languidece el último café del día y los tacos descansan después del corto caminar de la mañana.
Hay ruido en el mundo en el que estoy, pero adentro mío habita un hermoso y amable silencio que hoy me invita a la reflexión.
Siento que el medio siglo me paró frente a mí misma y me dio a entender que para no morir sin haber vivido tenía que deshilvanar con coherencia mi historia cambiando el eterno “porqué” por el “para qué” pasan las cosas.
Así fue como abrí una enorme caja de Pandora de la que no paran de salir a diario una variedad increíble de dioses y diablos que, a decir verdad, no tenía ni peregrina idea de haber coleccionado.
De ahí a hoy me cuestiono cada situación, cada palabra, cada lucha, cada lágrima, cada silencio y cada decisión.
El camino no es fácil, pero cuando veo que a cada paso que doy hay alguien cavando un abismo a mis pies me digo: “Por acá es”.

10 de febrero de 2018

Treinta y un años después


En el rincón de la mesa en donde armé mi refugio destaca una pluma que encontré en la puerta de casa el día que volví de despedir al último pichón que quedaba en el nido.
Me embarqué hace treinta y un años en esta maravillosa travesía, en la que como madre tuve que cuidar que no se cayeran por la borda mis tres tesoros mientras navegaba contracorriente más veces de las que recuerdo, y más tal vez de las que hubiera querido.
Infinidad de situaciones marcaron a fuego nuestro barco pero como capitán de la nave jamás dejé el timón ni permití que otro pusiera un dedo en él.
Hoy, a varios días de ver cómo desplegaba el último de mis hijos sus alas al sol y con lágrimas corriendo por mis mejillas puedo escribir que el ciclo se cerró.
Hoy nuestro barco vacío descansa tranquilo en la arena mientras yo, tranquila también, entiendo que nunca más volveremos a navegar en él.

29 de enero de 2018

Viento

Al mirar por ventana se me ocurrió una analogía rara, algo así como una especie de señalamiento amoroso en forma de parábola.
Hoy mi mirada y mi alerta no son las mismas, a diferencia de otros tiempos ambas reposan tranquilas en este vacío inalterable que me hace permeable a todo cuanto sucede, incluido este viento que hace meses que no ceja en su esfuerzo de pelearse con todo lo que acontece.
Sobre mis pasos silenciosos y pausados mi presencia se hace imperceptible y mis manos se vuelven tan ligeras que puedo sentir con ellas lo incoherentes, confusas y alteradas que están las ráfagas.
Retiro mis dedos.
Yo alguna vez también fui viento pero entendí con el paso del tiempo que soplar, gritar, luchar o especular porque “yo creo que así no debe ser” no cambia lo que “es”. Lo que “es” cambia sólo si yo me corro.


24 de enero de 2018

No supongo

El café está frío, el cenicero vacío y recién he escrito, en la hoja de papel que tengo al lado del teclado, que lo que hay afuera no es lo que me afecta, que lo que me afecta es cómo lo interpreto.
Hoy estoy en mi centro y como consecuencia me hallo lejos de cualquier interpretación por eso me puedo permitir una descripción “casi” objetiva de la situación.
Levanto la vista y veo que el ambiente es denso. No es malo, no es bueno, es denso.
No me aparto ni me escapo, sólo miro.
Siento que al estar libre de juicio no hay reacción porque no hay manera de que sea personal y al no darle identidad aparece ante mí “lo que es y lo que hay” en su exacto lugar.
Entonces reflexiono.
“Lo importante” de la vida es simple y sutil y no hay que ir a buscarlo porque pasa a cada instante. El error consiste en creer que debe ser algo grande.

12 de enero de 2018

Desandariego

Mis manos frías necesitan el calor de las letras para así definir lo que las inquieta.
Hoy una lejanía solitaria alborota mi alma y el agobio confundido me confirma que existen esos dichosos hilos de plata.
Los cuestionamientos quedaron en algún lado del pasado porque la calesita que otrora se había convertido en recta, hoy volvió a ser lo que era.
Siempre digo que no hay palabras para un montón de cosas y ésta es una de ellas.
La vida es un sutil contraste de eternos y contradictorios blancos y negros, feos y bellos, tristes y contentos, es por eso que no hay cuestionamientos y ahí me quedo. En este balance perfecto de complementarios opuestos.
Si hoy se me presenta un tiempo de tristezas lo acepto sin cuestionarlo, nunca se me ocurriría estrellarlo en el suelo porque sé que si lo hago estaría rompiendo la alegría que está exactamente del otro lado.


7 de enero de 2018

Querida culpa

Tan de cerca me ha tocado esta bizantina cuestión de la culpa que llegué a sentirla en mi cuerpo como miles de piquetes de un enfurecido enjambre de abejas.
Tuvo que pasar tiempo hasta que pude identificar a cada una por su nombre para proceder luego a acomodarlas en su sitio, reconociendo que durante este largo proceso cada acción, cada gesto y cada palabra lanzados sin conciencia alguna y sin tan siquiera la más mínima reflexión me permitieron recorrer mis abismos y atisbar los ajenos, algunos tan oscuros y densos que se me antojaron pozos hechos del más duro cemento.
Por eso hoy mi querida, con otra de esas sonrisas que me encantan dibujada en la cara y después de redescubrir la invulnerabilidad que surge de no sentir miedo, puedo decirte que estuviste así de cerca de arrastrarme con tus perversos métodos con el sólo objeto de doblegar mi espíritu guerrero, pero no pudiste, al final la realidad me mostró que no eras más que otro triste, absurdo e inútil concepto.


28 de diciembre de 2017

Ya entendí

Hoy es un día de esos en los que al llegar a casa siento que entre las mil espontaneidades que hubieron algo importante quedó por ahí traspapelado y me llama a encontrarlo.
Cuando me pasa esto mi historia indica que los tacos, igual que la ropa, tienen que volar y que yo tengo que enfrentarme, desnuda, al reflejo que me devuelve el espejo.
Y esto fue lo que literalmente hice. Dejé los tacos en el cajón y una a una me fui sacando de encima las horas del día.
Grande fue mi sorpresa cuando al mirarme desvestida nacieron de mi alma dos palabras, como si no fuera yo la que me hablaba, y que obraron la magia de mostrarme eso que me llamaba.
Jamás voy a olvidar aquella “mi cara”, ni ese par de “mis ojos”, ni esas dos “mis palabras” que sonaron tan pero tan categóricas que detuvieron para siempre cualquier impulso de volver a abrir la boca.
Me llevó muchos años entender que no sólo no hay manera de explicar lo inexplicable, sino que no estoy loca.
Hoy, después de este maravilloso día de puras espontaneidades lo único que puedo decir con convencimiento inexpugnable es que “ya entendí” era todo lo que mis oídos necesitaban escucharme decir.


14 de diciembre de 2017

Me confieso

Antes que nada aconsejo a todo aquel que se pasea por mis letras que no se tome literalmente todo lo que escribo porque estoy lejos de las palabras, lejos de la moralina absurda de los conceptos y cerca de los silencios.
Aclarado esto “confieso que he pecado” pero no se hagan ilusiones, no voy a contar nada escabroso, sólo que estuve ladrándole al árbol equivocado o tirándole piedras a un árbol sin frutos, como ustedes prefieran.
La cosa es que quise ayudar pero hete aquí que tras varios intentos fallidos se me dio por abrir los ojos y grande fue mi sorpresa cuando me vi a mí misma con el “tántrico quise” deslizándose cansado de entre mis dedos y encima parada sobre terreno ajeno.
Hoy confieso que mi pecado fue la incoherencia y que los “si hubiera” no cuentan.
Hoy la realidad me mostró el precio dolorosamente alto que cobra la incoherencia.

27 de octubre de 2017

Partida en dos

Hace como un mes que venía rondando mi cintura un suave pero persistente dolor que recién ayer me mostró su furia y me obligó a detener la marcha para estudiar qué pasó.
Demás está decir que los tacos están arrumbados en un cajón, el café corre a raudales y por mi cara cruza una mueca con cada movimiento de mi pierna que evidencia la falta de tino al haber ignorado el dolor cuando todavía era una pequeña advertencia.
Por eso decidí quedarme quieta. Sé que todo sigue funcionando, sé que no hay nada más importante para mí que yo misma.
Hoy siento que el dolor en mi cadera no es más que la consecuencia de haberme puesto, sin darme cuenta, en posición de defensa cuando sé que sin dos no hay pelea.
Hoy, como nunca, el dolor me hizo entender que uno de los  inconvenientes del orgullo es que nos vuelve vulnerables al ataque. Por eso entiendo que ceder no es perder, ceder es dejar de lado el orgullo y retirarse para no tener que juntar los pedazos después.

18 de octubre de 2017

Una mala pasada

El día se pinta gris, yo como siempre visto de negro, los tacos volaron cuando llegué y hace un rato me bañé, con la esperanza de calentar mi alma y apagar el infierno que escoce mi piel.
Hubieron cosas difíciles en mi vida, pero hay una en particular que no logro todavía acomodar.
Es una negrura insondable que me abraza y me ahoga negándome el aire, impidiéndome abrir los ojos y filtrándose en todo lo que logro.
Es mi talón de Aquiles, mi parte débil, el lugar en donde mi sendero se estrecha, se oscurece y se llena de espinas haciéndome imposible la subida.
Cuando llega y se muestra pierdo el centro, y en la caída siento cómo me devora hambrienta la tierra.
Hoy, acurrucada en un rincón de mi casa, hay una niña asustada que esconde entre sus rodillas mi cara.

13 de octubre de 2017

Resuena aquel eco (para mis padres)

El 13 de Julio de 2013 escribí Eco, relato que me permito volver a citar.

Entro. La casa está vacía. Paseo los espacios y no hay ladridos ni risas, sólo escucho el eco de mis pasos que confirman que los recuerdos no están escritos en un ladrillo, sino adentro de mis bolsillos.
La verdad es que no siento el dolor la partida, pero debe ser porque raramente me fui yendo sin irme con el cansancio de los días.
Hoy estoy sentada en “otra mi casa”, sola pero acompañada, tengo las piernas cruzadas y descansan sobre la mesa la taza de café vacía y el cenicero lleno de colillas. La luz que entra por los ventanales ilumina mis manos y la lluvia bendita toca monótona una melodía que hace que de a poco mi alma tullida vaya despertando de nuevo a la vida.

Se fueron hace unos días más de veinticinco años de historia
  y algo así como mil vueltas alrededor de la tierra
de pasos en la cocina.
Me llevo entre la ropa
las lágrimas de escuchar aletear fuera del nido a mis crías
las de ver partir para siempre a mis negros
y las de haber echado al río dos sortijas.
Se quedan en los rincones
los susurros de conversaciones dolorosas
la toma de duras decisiones estando sola
y las risas más hermosas de hasta acá esta historia.

Hoy la casa es la cáscara de la jugada más larga,
es la mitad de mi vida cerrada
y el jaque a la reina que tanto esperaba.

Pasó mucho tiempo desde aquel día, pero se me sigue cerrando la garganta cuando lo leo y sigo escuchando mis tacos en el piso de la cocina.
Hoy la historia es parecida, pero son mis padres los protagonistas.
La sensación es rara. Lágrimas, cansancio, sonrisas, un “al fin” esperado y un “ya está” asustado.
Tengo que pensar mucho las palabras, pero porque las sensaciones que tengo en el alma se mezclan igual que en el mar se mezclan la sal y el agua.
Quiero decirles a ellos que los entiendo y que hace mucho que los observo y otro tanto que los desmenuzo entre mis dedos.
Es por eso que hoy me tomo el atrevimiento de decirles que nada se ha perdido y, si me permiten, también quisiera contarles que la mente es una muchacha perversa que les va a mostrar sólo los recuerdos más lindos y va pintar de rosa los no tanto y, que si no tienen cuidado, este juego macabro va a matar sin compasión a este presente que tanto soñaron.

10 de octubre de 2017

Cambio

Cambiar es correrse de lugar y volver a enfocar sin interpretar.
Cambiar es de adentro y hacia adentro.
Cambiar es dejar de luchar. Es entender.
Cambiar es ser honesto con uno. Es no hacer juicio. Es no poner adjetivos.
Cambiar es darse cuenta de que el enemigo no está afuera.
Cambiar es despertar y darle lugar a la magia amorosa de la vida.
Cambiar es entender que la oportunidad de elegir es continua.
Cambiar es no confiar en la iglesia de la suerte ni el monasterio de la desgracia.
Cambiar no es decir “te entiendo pero no comparto” mientras en mi cabeza te sigo juzgando.
Cambiar no es cuestión de tiempos o “destiempos”.
Cambiar se instala en el presente siempre. No existe el “cambié” ni el “ya voy a cambiar.
Cambiar es perpetuo movimiento.
Cambiar vive en la libertad de los “quiero” y muere en la cárcel de los “debo”.
Cambiar es ir por el mundo desnudo de caretas.
Cambiar no es negociable.
Cambiar es coherencia.
Cambiar es un estallido, un disparo.
Cambiar no es un hecho en sí mismo, es una consecuencia.
Cambiar es elegir abrir las manos y soltar, porque si las cierro para que nada me lastime también las cierro a lo que me cura.
Cambiar no se explica, sucede. No se justifica, es.
Cambiar es saber que el dolor está pero que yo soy la que elige cómo lo vivo. Si con sufrimiento, rencor, ira, resentimiento, frustración, reproche y culpa o con sabiduría.
Cambiar es encender la luz en la habitación oscura del alma y tirar por la ventana todas las porquerías que estábamos guardando para resolver cuando llegara el cambio, o lo que es peor, para cuando los demás cambiaran.


25 de septiembre de 2017

Sueño

Anoche no pude conciliar el sueño y como si eso no fuera ya bastante perturbador, me visitaron unos amigos de terror.
Hace unos años escribía en la noche y entre las letras y el silencio de las estrellas, exorcizaba a los fantasmas que merodeaban mi aura.
Hoy mi vida cambió. No duermo cuando hay que dormir y escribo cuando el cielo recién parió al sol.
A veces logro la paz que lograba y a veces no. Hoy es un a veces no.
Los fantasmas que me visitaron tiñeron la noche oscura de infierno y no la pasé bien, tampoco me levanté y es que pensé que había más en el living esperándome y no quise arriesgar la poca presencia de ánimo que aún conservaban mis pies.
La mente es perversa, siempre lo he dicho y obstinada también. Sigue mostrándome cosas, a horas trasnochadas, que yo no quiero ver.
Aún así me pregunto, como lo hice alguna vez: ¿No será que en la noche oscura del alma es en donde se ven las cosas más claras?

22 de septiembre de 2017

Yo interpreto, tú interpretas

Este título surge a raíz de una conversación, por demás breve, con mi madre.
Para poner la cuestión en contexto les cuento que cuando oí su interpretación acerca de un relato que escribí hace poco no pude sino sonreír. Acto seguido quise explicarle, pero ella me dijo que no le dijera nada.
Pasaron ya un par de días de esta breve conversación y tal parece que las letras se quedaron enganchadas en mi ropa hasta que hace un rato, este hermoso silencio me puso frente al cuadro pero sólo para que lo viera, no para que lo interpretara.
Sigo sonriendo, como estos últimos días. La verdad es que afuera no está el enemigo. Afuera lo que hay es la oportunidad ilimitada de no quedarse detenido.

Dicen por ahí que existe un principio que resiste cualquier discusión y que mantiene inevitablemente al hombre dentro de una “sempiterna” ignorancia. Es el principio de despreciar, en lugar de intentar entender.


18 de septiembre de 2017

Identificación

Siempre pongo en palabras lo que siento, y esta vez no es la excepción, pero esta vez lo que siento es diferente y lo que me pasa frente a lo que siento me sorprende.
Mis manos están frías igual que el café, no llevo puestos los tacos y en el cenicero descansa el segundo cigarrillo que recién acabo de prender.
Afuera hay quietud, paz, sol y silencio. Adentro, y para mi asombro, igual.
Lo que estoy sintiendo en estos últimos tiempos pasa por mis tripas y se dibujó en un instante y como una intriga, en una sonrisa tranquila que nunca había visto en mí misma.
 Algo sacudió mi alma, algún viento trasnochado hizo que se me volaran anquilosados sustratos que estaban amarrados en los más recónditos rincones de mi carne y el golpe, lejos de descolocarme, no hizo más que despertarme.
La atención, antes puesta afuera, giró para enfrentarme y su mirada tranquila barrió todos los lastres que dormida yo no veía.
Partieron en estas horas tantas condenas como estrellas y se fueron también la incomodidad de la expectativa ajena, el temor que los cambios generan y el adoctrinamiento que yo creía que era correcto darle al resto.
En el camino recorrido quedan tendidos los cuerpos de mis miedos, de mis juicios, de mis largas justificaciones, de mis eternas explicaciones, de mis inamovibles razones.
También quedó por ahí esa caja de Pandora llena de nombres y caras, los fantasmas, los silencios, la bronca acumulada y ese aguantar con los dientes apretados porque ya va a pasar.
Sé que acá no termina y que faltará más, pero tengo espalda para capear el temporal y sé que la vida no me va a dar bocado que no pueda tragar.
Hoy estoy mirándome embelesada. Tuve que pasar por un millón de situaciones para al fin encontrarme y la mujer que ahora veo no es la misma de antes.
Y si tengo que poner en perspectiva lo que me pasó hace unas horas diría que esa sonrisa me la regaló la vida para que me despertara y me riera de mí misma.

4 de septiembre de 2017

Clavijas

Hoy me siento como una guitarra, de ahí el título de este relato. Y también porque no encontré otra cosa con qué asociar esta sensación constante de estar ajustando, si es que cabe la palabra, cosas que suenan desafinadas o que no suenan o que hacen ese, como le llamo yo, “ruido sordo” de algo que no está funcionando”.
Pero de todos esos acordes mal barajados el que más me escose es el ruido sordo. Ese que sé que está haciendo alboroto y levantando barro en el fondo de mi río pero que en la superficie no se nota. Ese mismo es el que hace que suene desafinada la orquesta y, si tengo que ser honesta, quisiera decir que me molesta.
Hoy particularmente siento que si ajusto las clavijas se rompen las cuerdas, razón por la cual he detenido mi paso para reflexionar y hacer esta catarsis con la hoja y no pecar con la boca.
La verdad es que estoy lejos de ser objetiva, tan lejos como ayer y me atrevo a decir que también como mañana. Tan lejos estoy que cometería la estupidez de detener toda la música y sólo porque una nota suena desafinada.
Pero lo poco de cordura que me queda, sumado al grito urgente, casi lacerante de mis tripas lograron enmudecer mis labios antes de que dijera una sarta de “insustancias” de las que sé que no tendría retorno, insisto, y sólo por esta nota que hace rato que suena desafinada.
Casi que hoy me desconozco, porque no es normal que me quede tranquila, no es normal que no me hierva la sangre, no es normal que no me quede mascando. Lo normal hubiera sido una calesita de explicaciones inconducentes que hoy logré detener justo al tiempo que me daba cuenta de que si estoy tan lejos de ser objetiva como para decidir con coherencia, lo mejor que podía hacer era no hacer nada.
Así como reconozco que soy una mujer que le da vueltas a las cosas hasta que las entiende, reconozco también que algunas llegan a un punto en donde me exceden, algo así como de “no retorno” y acepto que mi única alternativa es abrir las manos y dejar de luchar.
Hoy escuché otra vez el melodioso sonido que hace una cortina al cerrarse después de chirriar un tiempo que me pareció interminable.  


29 de agosto de 2017

Ahora

Subida a mis amados tacos, vestida de negro y envuelta en el silencio más amoroso decidí fumarme las últimas horas del último agosto de mis queridos cincuenta años.
Cada pitada que le doy a esta parte de mi vida convierte en humo lo que creí que sólo se me había escapado y que podía volver a tener.
Cada pitada se lleva un pedazo de la mujer que fui hasta hoy y me deja frente a una mujer distinta, desconocida e infinitamente más sensible a la que recién tengo el gusto de conocer.
Hoy me estoy fumando los molinos de viento contra los estuve luchando como un quijote histérico y hasta bizarro.
Hoy, literalmente, me estoy fumando, parada sobre mis tacos y con uñas pintadas de blanco, la resistencia a envejecer con garbo.


16 de agosto de 2017

5 para el peso

Hoy me sobra impotencia, eso por un lado, pero si me paro en el lugar del observador, entiendo.
Ahora convengamos en que hay momentos, más de los que quisiera, en los que estoy a años luz del observador y levanto el tono y me quedo sin aire y desaparece el mundo y la tortuga se me escapa como si de un veloz conejo se tratara.
Pero voy a ponerle humor, más que nada porque es lo mejor.
La cuestión acá es que la ausencia literal de conocimiento anticipado de la totalidad de consecuencias que son pasibles de acontecer ante la elección de una opción hace que cualquiera de las opciones y sus consecuentes elucubraciones sean los ingredientes de la receta perfecta para el caos.
Voy a pasarlo en limpio.
Cualquier camino que elijas lleva a “ninguna parte”.
Una vez que elijas el camino y mientras desandas la huella vas a entender esa frase que dice: “la realidad supera a la ficción”.
No importan todas las precauciones que tomaste “por si las dudas”. Al final te vas a dar cuenta que sólo ocupaste un tiempo precioso que ahora no sabes en donde está. (igual que mi tortuga)
Y para terminar:
El día que tengas en la mano los 5 que te faltaban para el peso la vida se habrá llevado los 95 que tenías en la otra.

20 de julio de 2017

Divagaciones (más de mil)

Hace años que camino esta locura tan mía, acuñando formas, derribando muros, cambiando de rumbo y torciendo la historia, cosa que me ha valido el mote de oveja negra de la familia, el cual ha sido a veces una carga y otras la excusa perfecta para hacerle al mundo un hermoso corte de manga.
Fui a contramano porque mis tripas así me lo indicaron y desde muy joven hice lo que quise tanto amablemente como a los codazos.
En todo este andar y con la intuición como motor fui y vine, subí y bajé, coleccioné y regalé, compré y vendí, construí y destruí, cavé y tapé, sembré y corté, planté y arranqué, gesté y enterré a dos hijos varones y le entregué a la vida y al mundo a dos varones y a una mujer.
Evité todos los debo que pude y le puse el pecho a todos los quiero sabiendo que de ambos había de pagar un precio.
Quiero decir que me cansé, que tiré la toalla, que renuncié y que me harté. También que me sentí lastimada, herida, ninguneada, humillada, acusada, excluida y enjuiciada, a la vez de también haber sentido en igual parte todo lo contrario a lo antes mencionado.
Hoy sé que todo eso fue lo que YO sentí, como sé que todo fue lo que me puso hoy acá y así.
Es por eso que, a sólo pocos meses de haber entrado al medio siglo, me encontré parada en el andén de mi vida mirando que, detenidos sin tiempo, se dibujaban cincuenta vagones mientras asomaban por las ventanillas más de mil caras que me susurraban los recuerdos de todas esas historias que jamás se llevaría el olvido.
Hoy vi cómo las piezas iban encajando y sentí que desde el fondo de mi alma me urgía perdonarme a mí misma al tiempo que en muda reverencia le agradecía a esos más de mil seres que compartieron sus historias conmigo por haber oficiado de espejos devolviéndome mi propio reflejo.

Sin todos ellos yo no sabría quien soy.


26 de junio de 2017

Tiempo atrás

Allá por marzo de 2015 escribí lo siguiente:
En el altillo de mi vida una caja llena de caras y nombres pero vacía de letras vive guardada a la sombra sobre un puñado de mi yesca esperando que una chispa la prenda y la haga desaparecer para siempre de mi senda.
Esa caja maldita, que al verla nada dice, ronda sin pudores mi espacio y se regodea entorpeciendo mi paso mientras su perfume lascivo me sigue a todos lados.
No es ni cerca una caja de Pandora, porque a medida que enlentezco mis pasos se suman diablos que se ríen de mis náuseas y que me son imposibles de ignorar porque sé que están aunque no los pueda precisar.
Esas sanguijuelas sin tino, que ni por asomo desestimo, han pisoteado mi tierra y jugado tanto conmigo que lograron enardecer hasta lo indecible mi espíritu al punto del desafío.
Hoy, con brazos abiertos y las manos llenas de lo cierto, espero el encuentro para encender la yesca y convertir en cenizas a todo aquel que con su solo pensamiento osó entrar en mi huerto con la intención de llevarse mi pienso y cosechar los frutos de mi esfuerzo.

Y hoy, a más de dos años:
A mi pesar la caja sigue ahí, pero en este tiempo de silencio forzado y retiro a solitario decidí no esperar el encuentro y sí salir a buscarlo, así es que puse manos a la obra y desmenucé esta parte de mi historia.
La verdad es que siempre es brutal ser honesta conmigo misma y esta vez tuve que reconocer que equivoqué el camino al ocurrírseme la peregrina idea de aplicar la lógica para cerrar una herida cuando ésta nunca tuvo que ver con una fórmula.
Yo, que siempre he dicho que no hay manera de que la vida entre en un espacio tan pequeño como una cuenta, hice algo que jamás debí haber hecho, justifiqué un dolor profundo como si sumara dos más dos, lo minimicé con una simple frase y lo di por evaporado.
Hoy sé que fue un error que me costó un sinnúmero de dolores de cabeza y, gracias a que escucho a mis tripas, no estoy lamentando también haber cometido algunas estúpidas imprudencias dignas de una película.
La verdad es que sigo cerrando la herida, aun por estos días. No me resulta fácil y tampoco es algo agradable y si tengo que ser sincera les diría que me gustaría que no estuviera.